PIENSO, LUEGO EXISTO

Arlindo Luciano Guillermo

En una sociedad altamente pragmática, consumista y con fragilidad ética, la celebérrima frase de René Descartes acusa vigencia. En 1637 publicó el libro El Discurso del método para conducir bien la propia razón y buscar la verdad en las ciencias. Para Descartes, la verdad no debe tener duda ni imprecisión, sino certeza comprobada por la ciencia. La opinión debe trascender la versión personal hacia la validación científica y lógica. Nadie opina lo que no sabe ni lo que no le consta; el absurdo es antilógico. La indagación y la investigación son pilares de las verdades que se expresan en el pensamiento crítico. Hoy pensamos menos antes de actuar; se actúa con practicidad, buscando atajos y prontitud. ¿Cuántos filósofos hay en Huánuco? Hay más escritores que filósofos. Pensar es tan vital como hacer y actuar. Antes de tomar decisiones se piensa, se evalúa, se cotejan pros y contras. No compramos en el supermercado con los ojos vendados.      

El pensamiento crítico es el último peldaño de la comprensión lectora; es decir, supera la fase literal e inferencial. El ensayo, el editorial y el artículo periodístico constituyen evidencias del ejercicio del pensamiento crítico dentro de los límites del respeto, la tolerancia por la discrepancia y la disidencia, la libertad de expresión y el principio de legalidad. Ejercer legítimamente el pensamiento crítico no significa tener siempre la razón ni los argumentos adecuados. El pensamiento crítico es competencia lingüística, académica e intelectual; pensar y discrepar con la ciencia, las verdades establecidas (a veces como dogmas), con el profesor, con la sociedad, con los progenitores. El ciudadano argumental es democráticamente crítico, lector analítico, observador de la realidad donde vive, cuestiona con razones lo que le parece incorrecto, aporta con la solución de los problemas. Este perfil lo convierte en ciudadano que utiliza la información para opinar y resolver problemas. El reto de la escuela es educar al pensador crítico, al líder social con aptitudes y actitudes idóneas para asumir responsabilidades públicas. ¿Cuántos líderes políticos y congresistas ejercen el pensamiento crítico? 

El estudio de la historia del Perú sin pensamiento crítico es un fraude, perjudica una comprensión aleccionadora de la actuación de los gobernantes. ¿Realmente Fernando Belaunde Terry ha sido un presidente inmaculado, intachable, sin defectos ni erróneas decisiones políticas? Belaunde fue derrocado por Juan Velasco, quien luego liquidaría a la oligarquía con la reforma agraria. Hoy los campesinos siguen viviendo en la pobreza, olvidados por los gobiernos, con analfabetismo, lejos de la modernidad y las bondades de la tecnología. ¿Por qué no funcionó la reforma agraria de Velasco? Augusto B. Leguía tuvo la fortuna de gobernar cuando la independencia cumplía el primer centenario. Inauguró obras, pero en el ámbito político fue un dictador, un manipulador contumaz, un presidente que acomodó la Constitución para reelegirse y gobernar once años. ¿Por qué un presidente tiene ansias de perpetuarse en el poder? ¿El poder es adictivo como la cocaína, el tabaco o el alcohol? Leguía murió en la cárcel, solo, sin lealtad política. Alberto Fujimori renunció a la presidencia de la República por fax desde Japón, fue sentenciado por la matanza de Barrios Altos y La Cantuta, luego indultado por PPK. El Apra esperó pacientemente más de medio siglo para llegar al poder. Alan García hizo trizas al Perú y embarró con el lodo hediondo de la corrupción al partido fundado en Méjico por Víctor Raúl Haya de la Torre. Alejandro Esparza Zañartu y Vladimiro Montesinos son gemelos políticos que “gobernaron” desde la sombra; fueron el Rasputín en el poder. Abimael Guzmán y Pol Pot son sinónimos sanguinarios.    

La enseñanza universitaria no puede ser una prolongación de la secundaria. La Sunedu, el regente de las universidades, obliga, por ley, la prestación de servicios educativos de calidad, infraestructura pertinente, laboratorios, investigación para resolver problemas, producción de textos científicos para revistas indexadas, currículo contextualizado y actualizado, docentes con maestría y doctorado. El estudiante, con estas exigencias, tiene que ser lector, investigador y ejercer el pensamiento crítico y científico, sin dejar el debate político, tan necesario en una sociedad civilizada que disfruta de la democracia.   

Leer sosteniblemente los escritos de opinión de Mario Vargas Llosa (Piedra de toque, La República, El País), de César Hildebrandt (Matices, Hildebrandt en sus trece) y de Andrés Jara (Ciudad desnuda, Ahora) es iniciarse en el aprendizaje práctico del pensamiento crítico. Sin lectura analítica no hay pensamiento crítico. Para ejercer el pensamiento crítico se necesita, imprescindiblemente, buena lectura, paradigmas idóneos, madurez emocional, tolerancia, respeto y opiniones razonables. El fortalecimiento de las instituciones, la consolidación de la democracia, las actitudes en sintonía con las aptitudes, cualquier conflicto social, étnico, político o de demandas ciudadanas se resuelve con diálogo, argumentos persuasivos, propuestas concretas, con paciencia y pensamiento crítico. Cuando se acaba el pensamiento crítico aparece, como sombra abyecta, el insulto, la injuria, el agravio, la calumnia, el descrédito, la subestimación, la represión y el linchamiento del contrincante. La “guerra sucia” y los “golpes bajos” son manifestaciones infames que revelan carencia de argumentos y pensamiento crítico. En la familia se enseña a respetar la opinión, en la escuela se genera pensamiento crítico; la lectura despierta curiosidad, interés por conocer, analizar y resolver. Ni a cocachos aprendí ni aprendizaje al pie de la letra, sino pensamiento crítico, que educa ciudadanos pensantes, argumentales, con responsabilidad social.