El poder real en Perú no está en Palacio de Gobierno. Con menos del 15% de aprobación, el Presidente José Jerí es solo una figura decorativa, mientras el Congreso, con una coalición de 4 bancadas, decide el futuro del país.
La pregunta de quién realmente manda en Perú hoy expone una cruda realidad política. José Jerí, con 2 escándalos recientes y una aprobación cercana al 12%, parece tener los días contados. Un Congreso fragmentado, pero con 4 fuerzas aliadas, es el verdadero centro de decisiones, manipulando un sistema electoral con 36 candidatos presidenciales para asegurar su permanencia.
Según la investigación publicada por Caretas, el escenario político peruano actual es un complejo entramado donde la forma rara vez coincide con el fondo. La inestabilidad es la norma, con al menos 6 presidentes en los últimos 7 años, una cifra que ilustra la profunda crisis institucional y la dificultad para consolidar un liderazgo efectivo en un país con cerca de 33 millones de habitantes, de los cuales 26 millones son electores hábiles.
Un Presidente Débil: José Jerí con apenas 15% de Aprobación
José Jerí ostenta el cargo presidencial, pero su autoridad real es una ficción. Tras 15 años cubriendo política en Huánuco, he visto pocos líderes tan precarios. Su imagen pública se desplomó drásticamente luego del incidente del 24 de diciembre, en plena noche de Navidad, cuando fue captado encapuchado y con lentes oscuros ingresando a un chifa de dudosa reputación para encuentros cuestionables. Este episodio, sumado a un mínimo de 2 escándalos personales previos que circularon en redes sociales y medios, ha pulverizado su credibilidad. Con una aprobación ciudadana que apenas roza el 15%, y en algunas encuestas cae hasta el 10% en zonas urbanas, intentar imaginarlo dictando órdenes al Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas o enfrentando al Congreso sería, sinceramente, una actividad surrealista o un acto de temeridad política sin precedentes.
¿Quién tiene la fuerza para remover presidentes en solo unas horas?
La capacidad del actual Congreso para destituir presidentes es un hecho innegable y alarmante, un mecanismo que han perfeccionado. Recordamos que Dina Boluarte fue removida por unanimidad, con 104 votos a favor en un Pleno de 130 congresistas, en una sesión que no duró más de 4 horas, sin que se generara mayor conmoción social en el país. El precedente es claro: el destino de José Jerí pende de un hilo extremadamente fino. Sin embargo, y a pesar de su flagrante debilidad, el Parlamento no lo ha destituido y, sorprendentemente, parece no tener intención de hacerlo, lo que nos lleva a una siguiente pregunta aún más perturbadora sobre sus verdaderos intereses.
El Pacto Secreto de Cuatro: La Coalición que Gobierna Tras Bambalinas
La realidad es que el poder en Perú hoy lo ejerce el Congreso, impulsado por una coalición de cuatro fuerzas políticas. Este bloque, aunque informal, es sólidamente mayoritario y opera en total sintonía: Fuerza Popular (liderada por Keiko Fujimori), Alianza para el Progreso (el partido de César Acuña), Podemos (el grupo bajo el control de José Luna Gálvez y sus tránsfugas) y Renovación Popular (con Rafael López Aliaga como figura central). Unidos por un instinto primario de conservación de sus 65 a 70 escaños y acceso a recursos, carecen de una ideología común, pero comparten un objetivo: mantenerse en el poder a toda costa.
¿Cómo planea esta mayoría aferrarse al poder más allá de las urnas?
Con el poder consolidado en el Legislativo, la pregunta clave es qué espera esta coalición para las próximas elecciones, previstas para el 2026. La respuesta, aunque simple, encierra una complejidad alarmante: su principal objetivo es mantenerse en el poder. Esto no implica necesariamente ganar limpiamente en las urnas, sino más bien “sobrevivir” a los comicios, perpetuando su influencia y control sobre la agenda nacional. Esta estrategia se ha gestado a través de un meticuloso rediseño del sistema electoral, que ahora se revela como una obra maestra de la manipulación.
El Laberinto Electoral: 1383 Listas y 7 Votos para la Confusión Ciudadana
El diseño del actual sistema electoral peruano es, sin duda, la creación más ingeniosa de este Congreso. La cédula de votación recientemente publicada es un claro ejemplo: 36 candidatos presidenciales, acompañados por un impresionante total de 1383 listas parlamentarias registradas oficialmente para la Cámara de Diputados y el Senado. Cada elector deberá emitir 7 votos distintos: uno para presidente, dos para senadores, dos para diputados y dos para parlamentarios andinos. Este laberinto deliberado, entre símbolos, fotos y múltiples casillas, no busca una mejor representación democrática, sino generar la máxima confusión posible entre los 26 millones de votantes.
Votación de Siete Pasos: La Estrategia Legislativa para el Próximo Período
Esta fragmentación no es un error, es la estrategia. Cuanto más disperso sea el voto, más débil será el próximo gobierno y, por ende, más fuerte y controlable será el Parlamento que lo fiscalice, chantajee y administre. Con apenas 5 minutos promedio en el módulo de votación, la decisión para millones de peruanos será un verdadero desafío.
¿Es posible rescatar la democracia de este diseño que busca perpetuar el control?
El Legislativo, con su astuto diseño, no ha apostado por fortalecer la democracia, sino por domesticarla. Ha creado una versión de ella que garantiza que quienes hoy mandan continúen haciéndolo, incluso después de perder la legitimidad popular o las elecciones. La ciudadanía, que enfrenta una inflación del 3% anual y una informalidad laboral del 70% a nivel nacional (y hasta 90% en Huánuco), se pregunta si existe una ruta para desmantelar este sistema de control y recuperar la esencia de una representación justa. La respuesta, y el futuro del país, dependen de la vigilancia cívica y la capacidad de los 25 departamentos del Perú para exigir un cambio real, antes que este laberinto electoral se convierta en una trampa sin salida.
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