La reciente detección de un caso importado de sarampión ha provocado una respuesta inmediata de las autoridades sanitarias en Perú, evidenciando la persistente vulnerabilidad ante enfermedades prevenibles por vacunación. Este hecho subraya la importancia de mantener altas coberturas de inmunización, especialmente en un contexto global caracterizado por la movilidad constante y la persistencia de brotes en diversas regiones. La Organización Mundial de la Salud (OMS) destaca que la vacunación es una de las intervenciones de salud pública más costo-efectivas, previniendo entre 2 y 3 millones de muertes cada año.
Según la investigación publicada por El Comercio, la detección de este caso, correspondiente a un niño de 11 años con historial de contacto con un familiar en Nebraska, Estados Unidos, ha activado protocolos estrictos, incluyendo el cerco epidemiológico y el monitoreo de contactos. La velocidad de la respuesta refleja la alta contagiosidad del sarampión y la necesidad de prevenir su diseminación en la comunidad.
El sarampión, un virus con un elevado índice de reproducción, representa una seria amenaza para la salud pública, particularmente para los niños pequeños, mujeres embarazadas y personas con sistemas inmunitarios debilitados. La enfermedad, que se transmite a través de gotículas respiratorias, se manifiesta con síntomas como fiebre alta, tos, erupción cutánea y conjuntivitis. Sus complicaciones pueden incluir neumonía, encefalitis y, en los casos más graves, la muerte. Históricamente, el sarampión ha causado devastadoras epidemias, como las que asolaron América tras la llegada de los conquistadores, diezmando a la población nativa debido a la falta de inmunidad.
A pesar de los avances logrados en la erradicación del sarampión en la región de las Américas en 2016, la amenaza de reintroducción persiste. La disminución de las tasas de vacunación, exacerbada por la pandemia de COVID-19 y la desinformación promovida por grupos antivacunas, ha aumentado el riesgo de brotes. La jefa del servicio de vacunación del Instituto Nacional de Salud del Niño (INSN) subraya que la vacunación sigue siendo la principal estrategia para prevenir la enfermedad, ya que no existe un tratamiento específico para el sarampión debido a la naturaleza mutante del virus.
En Perú, la estrategia de vacunación contra el sarampión, que incluye la aplicación de dos dosis de la vacuna triple vírica (sarampión, rubeola y parotiditis) a los 12 y 18 meses de edad, ha demostrado ser efectiva en la reducción de la incidencia de la enfermedad. Sin embargo, es crucial mantener altas coberturas de vacunación, superiores al 95%, para garantizar la inmunidad colectiva y proteger a aquellos que no pueden ser vacunados, como los bebés menores de un año y las personas con ciertas condiciones médicas. La vacunación casa por casa, una estrategia implementada en Perú, ha sido fundamental para alcanzar a poblaciones vulnerables y superar barreras de acceso a la inmunización.
El infectólogo pediatra José López Revilla advierte que el riesgo de reintroducción del sarampión en el país es elevado si las coberturas de vacunación se mantienen por debajo del umbral recomendado. La movilidad global, el turismo desde países con brotes y las desigualdades en el acceso a la salud son factores que contribuyen a este riesgo. Si bien Perú cuenta con protocolos de respuesta rápida y experiencia en campañas de vacunación, es necesario fortalecer el sistema de salud, mejorar la capacidad diagnóstica en regiones remotas y abordar la desinformación sobre las vacunas para prevenir futuros brotes.




