El debate sobre el futuro de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) se ha reactivado en la región. Mientras Chile avanza con una reforma estructural impulsada por el presidente Gabriel Boric, que busca transitar hacia un modelo mixto —con participación pública y privada—, en Perú el sistema previsional continúa bajo la sombra de la desconfianza y la informalidad.
Claudio Reyes Barrientos, asesor del Ministerio del Trabajo y Previsión Social de Chile, advirtió que el Perú “tiene un mayor desafío en términos de formalización laboral”, lo que impacta directamente en la sostenibilidad de su sistema de pensiones.
“La economía conductual nos muestra que el trabajador independiente necesita incentivos reales para cotizar. En el caso de Perú, ese reto es aún mayor, porque la formalización en el empleo independiente es más limitada”, explicó el funcionario chileno.
Chile y Perú: dos caminos, un mismo dilema
La reforma previsional chilena, promulgada en marzo de este año, busca corregir las desigualdades del sistema de AFP que ha operado por más de cuatro décadas. El nuevo modelo incorpora un componente de solidaridad estatal y mecanismos de redistribución para mejorar las pensiones más bajas.
Sin embargo, Reyes reconoce que aún persisten grandes brechas. En Chile, menos del 30% de los trabajadores independientes cotiza regularmente, una cifra que —de acuerdo con especialistas— sería aún menor en el Perú, donde no existen políticas eficaces para integrar a este grupo al sistema formal.
“Hay que entender que hacer obligatoria la cotización de los independientes no es viable. Se trata más bien de incentivar la participación vinculando la pensión con beneficios tangibles, como el acceso a créditos, programas de vivienda o educación. La vía compulsiva no es una opción”, subrayó.
Lecciones de la experiencia chilena
Durante la pandemia, Chile permitió tres retiros de fondos de pensiones para aliviar la crisis económica. El impacto fue profundo: US$48.000 millones salieron del sistema, equivalentes al 25% del total de los fondos y casi el 18% del PBI del país en ese momento. Aunque el alivio fue inmediato, las consecuencias a largo plazo fueron severas: 3,8 millones de afiliados quedaron sin recursos para su jubilación.
Reyes señaló que esta experiencia debe servir de advertencia para países como el Perú, donde los retiros masivos también se han convertido en una salida recurrente ante la falta de confianza en las AFP.
“Los retiros son comprensibles en contextos de crisis, pero debilitan el ahorro previsional y las inversiones internas. Cada país debe equilibrar la urgencia social con la sostenibilidad de su sistema”, indicó.
Un desafío compartido
Tanto Chile como Perú enfrentan un escenario donde la informalidad laboral y la falta de educación previsional amenazan la estabilidad de sus fondos de pensiones. Para Reyes, la solución pasa por crear valor inmediato en el acto de cotizar, algo que los trabajadores puedan percibir como un beneficio concreto y no como una obligación distante.
“Si un trabajador ve que cotizar le abre la puerta a un crédito, a un subsidio o a un programa social, su percepción cambia. La pensión deja de ser un concepto abstracto y se convierte en un valor presente”, concluyó.
Mientras Chile avanza hacia un sistema mixto que busca combinar eficiencia privada con justicia social, el Perú sigue pendiente de una reforma profunda que atienda su problema estructural: la baja formalización laboral y la desconfianza ciudadana hacia las AFP.




