Perú ante el desafío de una contienda electoral fragmentada y anticipada

La presidenta de la República ha decretado el adelanto de elecciones generales en el país, una decisión que, si bien legal, parece responder más al temor que a una estrategia de estabilidad. Con más de 44 partidos políticos inscritos para participar solo en las elecciones presidenciales, senatoriales y de diputados, la magnitud del proceso plantea una pregunta crucial: ¿estamos preparados para enfrentar una contienda electoral tan fragmentada?

Este adelanto de elecciones se produce en medio de un ambiente político convulso, marcado por amenazas de vacancia, una ciudadanía desencantada y una crisis de seguridad que se agudiza con cada semana. Las motivaciones detrás del decreto parecen ir más allá de la voluntad de fortalecer la democracia, y reflejan, en cambio, una urgencia por evitar una eventual salida abrupta del poder.

La proliferación de candidaturas es un reflejo del debilitamiento institucional y la falta de filtros eficaces dentro del sistema político. Cualquier ciudadano puede presentar una candidatura sin contar necesariamente con una estructura sólida, una visión de país o un plan de gobierno viable. La dispersión de propuestas y la falta de liderazgo consolidado no solo confunden al electorado, sino que amenazan con replicar errores del pasado reciente, como la elección de representantes sin respaldo ni capacidad de gobernabilidad.

En paralelo, el país enfrenta una grave crisis de seguridad. La violencia generada por bandas criminales extranjeras, sumada a la ineficiencia de las autoridades, ha cobrado vidas y generado terror en regiones enteras. En este contexto, la reciente destitución del ministro del Interior, cuestionado por su historial, evidencia la falta de rigurosidad con la que se viene manejando la seguridad ciudadana.

La ciudadanía, más que nunca, debe asumir un rol activo y reflexivo. El voto no puede seguir siendo un acto de improvisación. Cada marca en la cédula representa una apuesta por el futuro del país, por la estabilidad, por la justicia. Votar por candidatos improvisados o por agrupaciones sin rumbo solo perpetuará el ciclo de frustración nacional.

El Jurado Nacional de Elecciones ya ha desplegado su maquinaria para este proceso, pero la verdadera responsabilidad recae en el votante. Es momento de pensar dos veces antes de elegir. De entender que no se trata solo de cumplir con una obligación legal, sino de ejercer un derecho con plena conciencia del impacto que tendrá en los años venideros.