Escrito por: Arlindo Luciano Guillermo
En La República (26-9-2021) se publica una entrevista a César Hildebrandt, de quien leemos, casi ritualmente, Hildebrandt en sus Trece, para informarnos, críticamente, de la coyuntura política con total libertad. Hildebrandt, primordialmente, es admirable (odioso para otros) por el periodismo de opinión que escribe: corrosivo, ácido sulfúrico puro, a veces despiadado, injusto e intolerante. Opositor acérrimo de dictaduras, tiranías y caudillismos, de infames felones de la democracia y de gente que está hasta el cuello en la cloaca de la corrupción y la mediocridad, de empresarios televisivos que quisieron darle órdenes a favor de políticos y gobernantes. Jamás cedió a chantajes ni extorsiones; es pulcra e impecable su trayectoria periodística. Creo que así debe ser la ética de los profesionales de alto desempeño y liderazgo.
CH apela constantemente a la fraseología certera, parafrasea, categoriza al personaje público y a las circunstancias, estudia y valora con aguda inteligencia los sucesos sociales y políticos y los convierte en editorial de Matices en el semanario que dirige. El verbo de Hildebrandt es gonzalezpradiano, cuestiona hasta el mínimo detalle el poder político y la actitud de sus inquilinos y habitúes. Hildebrandt es un ejemplo de cómo la democracia convive con el pensamiento discrepante. Eso no sucedería en Cuba, Venezuela ni en Nicaragua donde la intolerancia de Daniel Ortega (exguerrillero sandinista) ha exiliado al novelista Sergio Ramírez, Premio Cervantes 2017 (léase Margarita, está linda la mar o Tongolele no sabía bailar) en Costa Rica. CH, desde el periodismo crítico y librepensador, aquilata cerebralmente, con lenguaje preciso, filoso, literario por momentos y notable pesimismo, la realidad y la historia, identifica la causa, la somete al análisis sesudo y da el veredicto: un artículo de opinión que genera aprecio, suspicacia o resentimiento. Hildebrandt es un veterano forjado en las trincheras del periodismo de investigación, frontal y de cara al poder económico y político. Se enfrentó como David a Goliat al fujimorismo venal, vendepatria, corrupto y asesino. El Plan Bermuda casi lo asesina.
Hice periodismo (lo sigo haciendo) sin ser periodista ni haber estudiado en una facultad de ciencias de la comunicación, pero tuve a mi lado, como mentores y guías, a Roel Tarazona Padilla (profesional erudito que podía enseñar estadística, matemática básica, fitopatología o armonía musical); José Reyes y Viviano, el gran Pepe Reyes; a Rubén Valdez Alvarado, quien me abrió, generosamente, las puertas de Studio 5 para opinar en una sección de 97.7 al Día denominada Punto de Vista, luego en Prisma, la revista política y cultural en radio; juntos emprendimos la revista Expresión Regional donde fui jefe de redacción, responsable de cultura y entrevista política. Con ellos aprendí a hacer periodismo informativo y de opinión, con actitud democrática, imparcialidad, pluralidad, con la verdad como estandarte, valorando la credibilidad y la confianza. Yo entiendo que el periodismo no es literatura, pero sí pueden convivir respetuosamente. Entre periodismo y literatura hay una cercanía recíproca. Para García Márquez, el periodismo es un género literario con los pies sobre la tierra. Empecé a escribir, en 1985, en la Revista PERÚ de Hevert Laos, luego en el Correo y sigo haciéndolo, no sé hasta cuándo, en el diario Ahora.
No ha sido fácil adaptarse a las nuevas circunstancias de la enseñanza y el aprendizaje en la escuela y en la universidad desde la aparición de la COVID-19. Todo dio un giro de 360 grados; hoy nada es igual. El escenario, el libreto y los actores han cambiado radicalmente, pero ahí estamos debajo del cañón (paciencia) y con una luz al final del túnel (vacuna). No quedó otra que reinventarse sin recular ni lamentarse, dándole la cara a la adversidad, el miedo y a la muerte; tuvimos que ingresar a la autopista de la tecnología y la virtualidad.
En La República (22-9-2021), el reportero Luis Páucar informa que la profesora Aleyda Leyva ha sido incorporada a la lista de los 50 mejores docentes del mundo por utilizar “una estrategia que incluye elementos lúdicos en la enseñanza”. La artritis reumatoide, que la acompaña desde la niñez, nunca fue un obstáculo para su desempeño profesional ni para la innovación pedagógica en el Colegio Peruano Español de Chiclayo. Como Aleyda, de Ciencias Sociales, hay miles de docentes que enseñan con creatividad, tenacidad e innovación tecnológica y educativa. La técnica didáctica de Aleyda es la gamificación que consiste, explica, en incrementar la motivación, facilitar la interiorización de conceptos y, sobre todo, permitir el autoconocimiento del estudiante; lo persuade para convertir una simple tarea en un reto atractivo. La séptima edición del Global Teacher Prize 2021, el Premio Nobel de la Enseñanza, ha considerado a Aleyda Leyva una de sus candidatas. El actual ministro de educación, Juan Cadillo León, en 2017, fue finalista del Global Teacher Prize. A través del storytelling (narración de sucesos), los alumnos de Aleyda, dice el reportaje, se “han convertido, por ejemplo, en diseñadores de la primera ciudad alienígena del planeta, en viajantes del tiempo que defienden las riquezas del Perú, en diseñadores de moda basados en la iconografía precolombina o en periodistas que entrevistan en exclusiva a los incas y reyes”. Un docente de alto desempeño potencia el talento y las capacidades de los estudiantes. Dice Aleyda: “La gamificación siempre está orientada a resolver un problema del entorno mediante la realización de un producto con enfoque de soluciones”. ¡Docente fuera se serie! Desde 1999 soy profesor; creo en que el estudiante debe ser lector por vocación, ejercer el pensamiento crítico y tomar sus propias decisiones sobre la base de la reflexión y la información confiable. Mi ikigai es la docencia, el periodismo y la literatura; es decir, la enseñanza, la opinión y la ficción.




