PEREGIRNO EL FLAUTISTA

Por Arlindo Luciano Guillermo

Raúl Vergara Rubín es uno de los integrantes de la Agrupación Cultural Convergencia, ha publicado libros de cuentos y dos novelas. Es un escritor que trabaja silencioso, de firme escritura y trágicos personajes. Peregrino el Violinista (Amarilis Indiana Editores, 2018. Págs. 124) es una novela breve que concentra un giño al realismo mágico, la novela pastoril española del siglo XVII, una analogía con el mito de Orfeo y Eurídice y cosmovisión andina. Raúl Vergara Rubín (Llata, 1947) construye la ficción literaria sobre la base del talento de un músico popular en un villorrio andino de clima frígido, campesinos y pastores laboriosos y la interacción de campo-ciudad. No tiene capítulos ni estancias. La historia, contada con fluidez, graduación en la exposición de episodios y desenlaces, gira alrededor de Peregrino el Violinista cuyo final es trágico. De ser un apreciado músico se convierte en un comunero rechazado por su familia y en una leyenda del imaginario colectivo.

La plantilla del mito griego de Orfeo y Eurídice está presente en Peregrino el Violinista en un escenario rural, de sincretismo cultural y comunidad de agricultores y pastores. Peregrino se compra una flauta con las ganancias del mascón (una especie de “chile andino”), luego ejecuta violín, con talento y poder de seducción, cuyas melodías se expanden a través de los vericuetos misteriosos de una cueva en la montaña que provocan que los niños nazcan sanos y fuertes, las jóvenes se enamoren, los adultos rejuvenezcan, se paralicen las ovejas, los perros dejen de ladrar, las cosechas y animales se reproduzcan exponencialmente. Peregrino tocaba el violín como un enajenado cada vez que ingresaba a la caverna. Las melodías llegaban a todo el pueblo mediante ondas expansivas, que el cura del pueblo explica “científicamente”. En esa situación, Peregrino es un músico feliz, con esposa e hija, una familia nuclear generosa y parientes que lo aprecian. Sobre la comunidad caía una “lluvia de notas musicales”. Cuando Orfeo -hijo de Apolo y la musa Calíope- tocaba su lira, amansaba a las fieras y la gente se congregaba para oírlo y darse tranquilidad espiritual. La música de Peregrino era un bálsamo para los dolores y sufrimientos de los oyentes.

Es innegable la cercanía a la literatura real maravillosa, esa que García Márquez inmortalizó en Cien de soledad: ascenso al cielo de Remedios la bella, lluvia de flores amarillas, hilo de sangre que transita sigilosa por las calles de Macondo, inútiles guerras del coronel Aureliano Buendía. En el prólogo de El reino de este mundo de Alejo Carpentier se lee: “…lo real maravilloso (…) nunca fue, sino una artimaña literaria… Pisaba yo [Carpentier] una tierra [Haití, locación de la novela] donde millares de hombres, ansiosos de libertad, creyeron en los poderes licantrópicos de Mackandal, a punto de que esa fe religiosa produjera un milagro el día de su ejecución. (…) ¿Pero qué es la historia de América toda, sino una crónica de lo real maravilloso?” En esencia, lo rea maravilloso es trastocar genialmente la realidad real y la historia a través de las licencias de la ficción, sin llegar al absurdo ni a la inverosimilitud. En Cien años de soledad, Aureliano Segundo, hermano de Aureliano José Segundo, ambos hijos de Santa Sofía de la Piedad y Arcadio (cuarta generación), bisnieto de Úrsula Iguarán, toca el acordeón, “había        acumulado una fortuna gracias a la proliferación sobrenatural de sus animales. Sus yeguas parían trillizos, las gallinas ponían dos veces al día y los cerdos engordaban con tal desenfreno que nadie podía explicarse tan desordenada fecundidad como no fuera por artes de magia”. Había dos explicaciones: “más champaña a sus amigos”, música y jarana e “influencia de Petra Cotes”, su segunda mujer. En la comunidad de Peregrino existe una relación de causalidad entre las melodías del violín y la fertilidad de la tierra y de animales y la felicidad de los campesinos, pero también genera repulsión y, finalmente, la trágica muerte de Peregrino.  Los personajes son modestos y honrados agricultores y pastores, no tienen esmerada educación, viven en un ambiente bucólico, con ovejas mansas, perros guardianes, de la producción de tubérculos, en paisajes naturales y pintorescos. No son labriegos supersticiosos, toscos, analfabetos ni proscritos de la ciudad ni de la cultura occidental.       

La historia literaria, que mantiene frescura y empática, empieza cuando Peregrino tiene 12 años, aún no va a la escuela, pero sabe comerciar el mascón y toca la flauta. El padre Lorenzo le obsequia un violín con el que se convierte en un musico excepcional, con grandes posibilidades de convertirse en un artista de mayor alcance, pero prefiere quedarse en su comunidad. De casualidad descubre que las melodías de su violín se esparcen por los laberintos de una cueva en la parte alta de la montaña. Peregrino es un pastor de ovejas, músico innato e intuitivo, toca el violín con inefable pasión como si tuviera un “pacto diabólico” que potencia astronómicamente su talento musical. Se casa con Rosa Lina, ambos tienen una hija del mismo nombre que la madre. Hay cuatro puntos de quiebre que cambian el rumbo de Peregrino y la comunidad: obsequio del violín a Peregrino por el padre Lorenzo, el descubrimiento del medio natural por donde viajan las melodías del violín, curiosidad de Rosa Lina que permite saber que Peregrino ejecutaba el violín en un “estado de trance, con el cabello alborotado, sudando a chorros, gesticulando, moviendo todo el cuerpo y agitando las manos con desesperación” y la conversión de Peregrino de músico apreciado a villano que perjudica la paz del pueblo. El violín es metáfora de felicidad y tragedia. Esposa e hija desaparecen, Peregrino las espera en vano, lo perturba la soledad. “Atormentado por los recuerdos y sabiendo que se encontraba en un callejón sin salida. Empezó a sentirse presa de su debilidad mental, hablando solo, gritando, riñendo, suplicando, llorando”. (Pág. 122).   

Peregrino El Violista tiene la particularidad de congeniar con el lector, involucrarlo en la ficción, en la creación artística de una historia literaria con antípodas. Peregrino de músico aclamado pasa a ser fuente de desgracias y malos presagios, de vivir en la felicidad lamenta la ausencia de su mujer e hija, de gozar del aprecio y la simpatía pasa a la soledad, la espera inútil y la muerte. “Después de aquella noche, nunca más vieron a Peregrino en la comarca. Y mucho tiempo después, unos cazadores avistaron un esqueleto en el fondo del abismo, en cuya cumbre Peregrino solía esperar el retorno de las ausentes”. Orfeo sin Eurídice y Peregrino sin Rosa Lina mueren trágicamente: el primero descuartizado y el segundo se suicida. La novela tiene ese poder de persuasión para hacernos creer, literariamente, la existencia en los Andes de un gran músico que asciende por el talento, cae estrepitosamente por los prejuicios, se precipita al fondo de un acantilado. Música, mundo andino, hechos maravillosos y sentimiento amoroso solidariamente se conjugan.