Escrito por: Jorge Farid Gabino González
Escritor, articulista, profesor de Lengua y Literatura
¿Para qué darle más vueltas al asunto? Pedro Castillo ganará las elecciones presidenciales del próximo 6 de junio; y, ante tamaña realidad, no hay ya nada que podamos hacer. Y no es, claro, que ese “hacer” de que se habla implique algún tipo de acción en concreto que uno quiera o haya querido realizar. Algo, por ejemplo, del tipo de lo hecho por el conglomerado de empresas periodísticas del Grupo El Comercio, que como se sabe no ha escatimado esfuerzos para traerse abajo al candidato de Perú Libre a través de una campaña de demolición mediática casi del mismo jaez de las que se acostumbra realizar durante la dictadura fujimorista; al tiempo que no ha tenido tampoco reparo alguno en querer vendernos a Keiko Fujimori como la encarnación misma de la lealtad, como la defensora indiscutible de la democracia, como la abanderada incuestionable de la lucha contra el terrorismo y la corrupción.
Que ese no poder hacer ya nada contra el hecho de que el señor Pedro Castillo será el próximo presidente del Perú, a lo que se refiere en realidad es a que ha llegado el momento de que nos resignemos, de que dejemos de una vez por todas de nadar contracorriente, de que dejemos de gastar pólvora en gallinazos, de que reparemos, en definitiva, en que lo sensato en este momento no es en modo alguno seguir intentando por todos los medios convencer a los demás del tremendo error que están a punto de cometer; sino comenzar a pensar en todo lo que nos espera por delante, esto es, en todo lo que habremos de hacer en las próximas semanas, en los próximos meses, en los próximos años, para evitar que nuestro “flamante” presidente del Bicentenario nos mande el país al mismísimo carajo.
Lo que solo se evitará, si acaso, únicamente si somos capaces de realizar una tenaz y resuelta vigilancia a todo cuanto haga o deje de hacer una vez tenga ceñida la banda presidencial. Elevando nuestra voz de protesta cuantas veces sea necesario hacerlo, y podemos estar seguros de que ocasiones no nos faltarán; de tal manera que le quede claro desde el primer día de su gobierno que el Perú no es juguete de nadie. Que de ninguna manera iremos a permitir que nos regrese al tiempo de las cavernas, económicamente hablando. Que para que nos haga volver a los tiempos en que teníamos que hacer largas colas por alimentos, habrá de lidiar antes contra el rechazo de millones y millones de peruanos. Que para que nuestra hoy estable moneda vuelva a devaluarse al punto de no servir ni para comprarnos un puto caramelo, habrá de enfrentarse antes a quienes, estamos seguros de ello, no se la pondrán nada pero nada fácil.
Porque si el señor Pedro Castillo cree que con ganar la presidencia basta y sobra para llevar adelante la sarta de insensateces que en materia económica jura que hará una vez instalado en el Ejecutivo, pues se equivoca de extremo a extremo. Ya que si la gente se encuentra realmente cansada, como a todas luces lo está, de todo el daño infligido a su economía por la maldita pandemia, salta a la vista que lo último que ha de desear, es que venga alguien a querer dárselas de consumado economista, diciéndole, por poner un ejemplo, lo que debe hacer o no con su dinero. Más aún si ese alguien en cuestión insiste en seguir defendiendo a rajatabla un modelo económico que ha fracasado estrepitosamente en cuantos países han tenido la desdicha de adoptarlo.
De modo que bien haríamos en dejar de andar peleándonos con cada insensato que se nos cruce en el camino, con cada irreflexivo al que la cerrazón mental, la falta de razonamiento o el mero capricho le lleve a defender una candidatura que, se la mire por donde se la mire, solo puede ser garantía de tiempos peores. Puesto que de nada servirá. Ya que quienes tienen decidido su voto por Pedro Castillo son, paradojas de la vida, exactamente iguales que quienes dicen detestar: los fujimoristas. Y es que así como estos votarán por Keiko Fujimori sin importarles en absoluto nada de lo que se pueda decir de ella, así también aquellos harán lo propio con el candidato de Perú Libre. Que en cuestiones de estupidez, ¿hace falta decirlo?, los peruanos de izquierda y de derecha son exactamente iguales.
Así que mejor vayamos guardando fuerzas para lo que se nos vendrá después del 6 de junio, que si hay algo de lo que podemos estar seguros, es de que Pedro Castillo no esperará al 28 de julio para comenzar a “implementar” los cambios que ya desde ahora, amenaza con realizar. Es lo único que de momento podemos hacer: aprovisionarnos de todo lo necesario para sobrevivir al difícil invierno que se nos avecina. Que El Comercio se ocupe de seguir tirándole barro, si así lo prefiere. Nosotros nos sentaremos a mirar el deprimente espectáculo. Después de todo, acostumbrados ya estamos a los miasmas de nuestra política, a su inveterado enmierdamiento.




