PEDERNAL DE MARÍA OSTOLAZA

PEDERNAL DE MARÍA OSTOLAZA

Nadie/ puede mover/ la piedra del sacrificio/ tallada/ por la lluvia/ por los ojos de la noche/ siquiera las lagartijas (María O.)

Escrito por Israel Tolentino

Israel Tolentino

El mar mide exactamente el tamaño de la tierra, la tierra pesa toda la poesía humana y el ruido es proporcional a la ausencia de agua de mar.

Pedernal debe ser una cosa de mucha fuerza, de dureza material e inmaterial. A María Ostolaza la conozco hace mucho, puedo decir que es mi madrina en cuanto presentación de libros se trata, el año 2017, junto con ella y una treintena de asistentes, presentamos “Mar de huesos”, su libro de poesía ilustrado por Paco Vílchez, gran amigo, gran artista y esposo de María.

Aquella noche en la casa de la literatura (Lima), como en un viaje impensado, me encontraba junto con María hablando de su libro, luego de esa noche en vez de despedirme de la poesía se dio un acercamiento grato, tanto así, que luego de varios años, continúo con eso de presentar libros, de acercarme a la poesía con la guía del poeta, de eliminar fronteras y unir confines.

En Máncora: Paco Vílchez, Doris Bayly, Armando Williams y María Ostolaza.

Cada uno es una piedra y dueño de sus pedazos y sus caras forjadas en las caídas de cada día; desde esta mirada, Pedernal, como dice la autora, tiene un interior desconocido o protegido por propia voluntad. Pedernal es una piedra preciosa, muy en el fondo tosca y fría, muy por fuera, guardando el tiempo hecho de días, hecho de agua (como dice Borges) hecho peso, pisadas de gaviotas y cangrejos, piedrecitas que ruedan, que cantan y brillan.

María es una poeta que sabe distinguir las olas que trajeron los barcos europeos de las olas que forjaron esta forma, esas playas, este continente, ese paraíso centroamericano; por eso su oído es especial y, por tanto, su voz, su palabra: una valva contiene el sonido del mar, la poesía es el mar y cada poeta una valva.

Es en este escenario donde María Ostolaza, mujer de muchos oficios, escribe Pedernal, obra íntegra en cuerpo, alma, palabra y dedicada a Francisco, al mar de Máncora, de Villa, de Punta Hermosa, de San Juan.

Ella viaja de un mar a otro, pero no subiendo a una carabela ni usando los yankis, sino volando; primero con el alma que hay detrás de sus ojos, luego con los ojos, posteriormente con el cuerpo entero. Se puede pensar que ella es un ave para Francisco, para Paco, su musa poeta, poeta musa o al revés, Francisco, su muso pintor, pintor muso.

Paco Vílchez pinta a María, ella con un gesto risueño le sigue la corriente, se sienta en el mueble rojo, entre el reloj que marca las 10 am. Y al medio día; el retrato va aflorando, tomando la luz cálida y la brisa caribeña; pintando el brillo del mar reflejándose en sus ojos.

Los días continúan forjándose en el yunque de las olas del mar, como el canto rodado con campaneo de sirena deslizando sus huellas en el zapato y dando un ritmo al andar, al pensar, al escribir.

María respira mar, reluciente arena blanca allá en San Juan de Puerto Rico y cuando su parada es Lima, sigue respirando mar; la casa de ella y Paco queda a 200 metros de la playa. Es curioso, un territorio con dos horizontes. Cuando divisa uno, el otro queda a sus espaldas, como un murmuro, una voz acariciando; como un decirle: descansa, ya vuelvo, preciso extrañarte. El horizonte con dos soles, uno desapareciendo en el hemisferio sur y otro abriéndose por el septentrión.

El silencio es una variable en la voz de María Ostolaza, eso lleva a una fórmula: (silencio + peso) vida = Pedernal. ¿Estará allí la manera de entender su voz bilocada, tropical, dentro las arenas grises del litoral peruano?

María es poeta y mujer en esa paridad, a ella todo le lleva a vivir para escribir, incluso Paco retratándola. Pedernal es un libro de esa combinación, es también un libro de artista, puede leerse como un serpenteante verso, como el camino costero subiendo las montañas, las olas y el viento modelando la arena.

María Ostolaza es una poeta de dos confines extraños, recuerda al primer contacto con Europa, cuando antes de ser América, era Abya Yala. 

Huácar, octubre 2022