Oculto entre la neblina de la selva alta y los sonidos milenarios del bosque, el Parque Nacional Tingo María se alza como un bastión de vida silvestre y resistencia ecológica en la región Huánuco. Con más de 4 777 hectáreas de área protegida, este ecosistema constituye uno de los pulmones biológicos más importantes del país, albergando una riqueza natural que trasciende lo local y forma parte del patrimonio ambiental del Perú.
Según informó el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP), dentro de este territorio conviven especies emblemáticas como el otorongo (Panthera onca) y el puma (Puma concolor), felinos que representan no solo la fuerza de la Amazonía, sino también el delicado equilibrio entre el ser humano y su entorno natural.
Ambas especies, actualmente en situación de vulnerabilidad en varias zonas del país, encuentran en este parque un refugio esencial frente a la deforestación, el tráfico ilegal de fauna y la expansión urbana descontrolada.
De acuerdo con información oficial del SERNANP, el parque alberga más de 300 especies de aves, 21 de mamíferos mayores, 15 especies de reptiles y una amplia variedad de flora endémica. La constante vigilancia de los guardaparques, junto con el monitoreo técnico de especies en peligro, permite mantener este espacio como una zona crítica de conservación.
Sin embargo, especialistas advierten que la presión sobre el parque ha aumentado debido al crecimiento de actividades agrícolas, la caza furtiva y la falta de recursos para fortalecer su protección. “Proteger el hábitat de los grandes felinos es proteger el equilibrio del bosque entero”, indicó un vocero de la jefatura del área protegida.
Además de su función ecológica, el Parque Nacional Tingo María es un destino turístico clave para Huánuco. Sitios como la Cueva de las Lechuzas y senderos de interpretación ambiental atraen cada año a miles de visitantes, quienes tienen la oportunidad de conocer de cerca el rol vital de estas especies en la cadena trófica del bosque.
La administración del parque ha iniciado campañas educativas dirigidas a escolares, comunidades rurales y visitantes, con el objetivo de fomentar una cultura de respeto por la vida silvestre. “No se puede proteger lo que no se conoce”, señalaron desde el área de educación ambiental del SERNANP.
El otorongo y el puma no solo son guardianes silenciosos del Parque Nacional Tingo María, sino indicadores de la salud de todo un ecosistema. Su presencia confirma que aún hay esperanza en medio de la crisis climática y la pérdida acelerada de biodiversidad.
Pero esa esperanza no se sostiene sola: requiere del compromiso conjunto del Estado, la ciudadanía y las comunidades locales para garantizar que este santuario natural siga siendo un hogar seguro para sus especies y un legado vivo para las generaciones futuras.




