La provincia de Pachitea ha dicho basta. La convocatoria a un paro regional indefinido a partir del 26 de mayo no es un capricho ni un movimiento improvisado; es el clamor de una población cansada de promesas incumplidas y de obras eternamente paralizadas por la ineficiencia del Gobierno Regional de Huánuco.
Las voces que se alzaron en la Plaza Histórica de Panao representan algo más que el reclamo sectorial de unos cuantos dirigentes: reflejan el sentir colectivo de toda una provincia que observa, con legítima frustración, cómo proyectos vitales para su desarrollo social y económico quedan atrapados en el laberinto de la burocracia y el abandono institucional. Obras como la carretera Chaglla–Codo del Pozuzo, la carretera Pampahuasi–Santa Virginia y el Hospital de Molino no solo están inconclusas, sino que además arrastran consigo el futuro de comunidades enteras.
La gravedad del problema se acentúa cuando se considera que las inversiones involucradas superan los 100 millones de soles. ¿Dónde está el respeto al esfuerzo y a la esperanza de los ciudadanos que han apostado por el crecimiento de su región? ¿Dónde queda el compromiso del gobernador regional, quien no ha cumplido siquiera con los acuerdos asumidos públicamente en Panao?
La parálisis de estas obras y la falta de voluntad política para destrabar proyectos esenciales, como el Instituto Javier Pulgar Vidal y el Estadio Municipal de Panao, revelan un patrón inaceptable de negligencia que Pachitea ya no está dispuesta a tolerar.
Frente a este escenario, el paro regional indefinido no debe entenderse como una medida extrema, sino como el último recurso de una sociedad civil que busca hacerse escuchar ante oídos sordos. Exigir compromisos firmes, documentados y verificables es un acto de responsabilidad, no de confrontación.
El Gobierno Regional de Huánuco debe asumir su rol con seriedad y ofrecer respuestas concretas, no discursos. Cada día que pasa sin acción es un día perdido para Pachitea, pero también una nueva mancha para la gestión regional.
La dignidad de una provincia está en juego. Y su pueblo ha dejado claro que no se rendirá fácilmente.




