PACHAMANKA CÓSMICA. DANIELA ZAMBRANO

Por: Israel Tolentino

La tierra es la madre, la madre cobija el alimento, el alimento se prepara en las entrañas, las entrañas son de la mamá tierra; la mamá es una olla inmemorial, desde antes de la invención del reloj.

Daniela Zambrano trota por culturas tan disímiles a la occidental, ella tiene en su ADN genes Yarowillkas y Chankas. La casa de sus ancestros en Huánuco se ubica cerca al complejo arqueológico de Shillacoto (2000 A.C. Aproximadamente), uno de los primeros lugares de evidencia civilizatoria en el encuentro de los Andes con la Amazonía.

20 metros de la Historia Colonial de la papa (Foto. Daniela Zambrano).

¿Qué tejido dibuja con sus últimos recorridos, hilvanando ciudades como Karachi, Berlín, Lima, Singapur, Huánuco, Abancay? Responde Daniela: “La primera fue al lado del lago Bodensee, luego en Berlín para la llegada de los zapatistas. Luego en Singapur, Florencia y ahora Pakistán”. Una manta, como un lienzo, va impregnándose de sus narraciones.

Cuando los artistas se juntan en lugares disímiles del “circuito del arte” se puede vislumbrar que estamos ante la puesta en escena de otros libretos, funciones opuestas a las que se sustentan con la formación adquirida. A los nombres habituales: París, New York, Berlín, Londres, Tokio… Como “las fijas” del hipódromo, se vinculan números capaces de sorprender con algún “golpe”, con una inusitada quiniela. La costumbre es validar el arte, a un creador en esos centros, bajo sus cánones. Escuchaba a un crítico famoso referirse a un artista no famoso en términos peyorativos, como que, por no haberlo visto por los lugares por donde él frecuenta, estaba descalificado. El grupo de poder es peligroso para el arte, sobre todo para los artistas, es bueno recordar que hay tantos relatos como creadores existen y si bien las marcas en las subastas son el chisme para los titulares de la prensa farandulera, detrás o en paralelo, hay toda una vía sensata, nada asfaltada, por donde miles de creadores arriesgan sus vidas.

Curadora Waheeda Baloch, Daniela Zambrano y  el director del Goethe Institut Pakistán Andreas Schiekofer (Foto : cortesía del Goethe Institut Pakistán).

Suena atroz indicar que en el arte como en el futbol, hay ligas. Daniela Zambrano edifica un camino horizontal donde centro y periferia cambian sus roles con la presencia de su obra, trabaja en Berlín con el mismo ímpetu como en Karachi, haciéndonos dar cuenta que el ser humano está por encima del lugar donde habita, hay calidez en Florencia y Pakistán; en Pasco y Singapur.

 Daniela Zambrano “El canto al deshielo” (Foto: Julio Hernán Ponce).

Recorre como parte de su equipaje la receta de la Pachamanka, está haciendo de ella un ágape ritual, como entendedora del quechua del sur, pone hincapié en su acepción cósmica, “teniendo en cuenta que pacha es también espacio – tiempo”, involucrando al universo en este devenir. En esta su última incursión artística en la Bienal de Karachi 2024 en Pakistán invitada por la curadora Waheeda Baloch la receta enterrada entre piedras calientes e insumos andinos se abre a la variedad de los productos pakistaníes. Un viaje intergaláctico donde desde la Vía Láctea, la olla cósmica andina tiende su ligazón umbilical como una madre dadora del alimento.

Karachi es un hermoso lugar de la tierra donde hay seres humanos que desconocen nuestra lengua como nosotros la de ellos, donde su dios puede ser el mismo que el nuestro, sin embargo, como cuenta Daniela “estaban muy entusiasmados en hacer la pachamanka (…) les gustó agregar sus verduras”. Se suma entonces al recetario Pachamankino andino la versión Pakistaní. La olla cósmica de Daniela Zambrano, cada vez que presenta su obra, prepara alimentos para compartir con toda la humanidad, reflexiona en torno a ello, sabe que es un pequeño paso sumando a ese ideal.

Pachamanka pakistaní. Bienal de Karachi.

Actualmente presenta en Lima “El canto al deshielo” en sus palabras: “Este año se celebra el 140 aniversario de la Conferencia de Berlín, cuyos ecos de dominación y separación siguen resonando en nuestros cuerpos, instituciones y relaciones. Frente a la cartografía y la división colonialistas, el proyecto propone la contracartografía -cartografía colectiva y artística- como resistencia contra las prácticas espaciales dominantes”. Daniel Zambrano no deja de tejer, su olla cósmica como una manta se tiende sobre el terreno y todos estamos invitados (Pozuzo, noviembre 2024).