La pandemia de COVID-19 expuso crudamente una crisis silenciosa en los sistemas de salud globales: la escasez crítica de oxígeno medicinal. Millones de personas en naciones de bajos ingresos fallecieron, literalmente, luchando por respirar, incluso dentro de las instituciones hospitalarias. Esta privación de oxígeno revela una desigualdad profunda en el acceso a recursos esenciales para la atención médica. La crisis sanitaria global, que se intensificó a partir de 2020, no solo puso de manifiesto la fragilidad de las cadenas de suministro, sino también la necesidad apremiante de fortalecer la infraestructura sanitaria en los países en desarrollo. La situación se agravó por las limitaciones en la producción y distribución de oxígeno, así como por la falta de equipos y personal capacitado para su administración efectiva. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la demanda de oxígeno aumentó diez veces durante los momentos más críticos de la pandemia.
Según el reportaje de The New York Times, un panel de expertos ha publicado un informe exhaustivo sobre esta carencia. El estudio revela que, anualmente, más de 370 millones de personas en todo el mundo requieren oxígeno como parte integral de su tratamiento médico; sin embargo, menos de un tercio logra acceder a este recurso vital, poniendo en riesgo la salud y la vida de quienes no lo reciben. La disponibilidad de oxígeno medicinal seguro y asequible se ve drásticamente limitada en países de ingresos bajos y medios. La situación se agrava por la falta de inversión en infraestructuras sanitarias y la escasa capacitación del personal médico.
Para fortalecer la disponibilidad de oxígeno medicinal, se requeriría una inversión estimada de 6.800 millones de dólares. Este monto, aunque significativo, representa una fracción del gasto global en salud, y su asignación estratégica podría salvar innumerables vidas. La priorización del oxígeno medicinal debe considerarse una inversión fundamental en la resiliencia de los sistemas de salud, especialmente ante futuras crisis sanitarias. Como señaló la Dra. Carina King, epidemióloga de enfermedades infecciosas en el Instituto Karolinska y autora principal del informe, los gobiernos y las organizaciones de financiación deben priorizar el oxígeno medicinal debido a su importancia transversal en la atención médica.
El informe destaca que personas de todas las edades pueden necesitar oxígeno para tratar neumonía y otras afecciones respiratorias, infecciones graves como la malaria y la sepsis, procedimientos quirúrgicos y enfermedades pulmonares crónicas. La necesidad de oxígeno no se limita a situaciones de emergencia, sino que es un componente esencial de la atención médica integral. La disponibilidad de oxígeno adecuado puede reducir significativamente la mortalidad y mejorar la calidad de vida de los pacientes.
Aunque el oxígeno medicinal se utiliza desde hace más de un siglo, su inclusión en la Lista de Medicamentos Esenciales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) se produjo recién en 2017. Este reconocimiento tardío subraya la necesidad de una mayor conciencia sobre la importancia del oxígeno medicinal y la necesidad de garantizar su acceso equitativo a nivel global. La pandemia de COVID-19 actuó como catalizador, impulsando iniciativas para aumentar el acceso al oxígeno medicinal. La coalición Every Breath Counts, integrada por más de 50 organizaciones, movilizó más de mil millones de dólares en equipos y suministros de oxígeno medicinal para más de 100 países.
Un ejemplo de inversión sustancial en la mejora del acceso al oxígeno es Nigeria, que incluso antes de la pandemia de COVID-19 había tomado medidas en esa dirección. El país ha establecido alrededor de 20 plantas rentables para generar oxígeno in situ para hospitales, y está explorando plantas de oxígeno líquido que pueden abastecer grandes extensiones de áreas urbanas, según el Dr. Muhammad Ali Pate, ministro de salud y bienestar social del país. Sin embargo, muchos hospitales carecen de sistemas que puedan suministrar oxígeno de manera fiable, lo que representa un desafío de diseño y un legado que debe abordarse. Garantizar el suministro de oxígeno implica superar obstáculos de ingeniería y mercado, así como establecer una infraestructura que permita transportar tanques de oxígeno pesados a grandes distancias.
Más allá de garantizar el suministro de oxígeno, es fundamental mantener y limpiar rutinariamente los equipos que lo administran directamente a los pacientes. Los repuestos pueden tardar meses en entregarse, lo que subraya la necesidad de una planificación anticipada y una gestión eficiente de la cadena de suministro. Asimismo, es esencial capacitar a los trabajadores de la salud para que utilicen el equipo de manera eficaz. La Dra. King enfatiza la importancia de invertir no solo en equipos, sino también en la sostenibilidad operativa de estos. La falta de mantenimiento y capacitación puede comprometer la eficacia del oxígeno medicinal y poner en riesgo la vida de los pacientes.




