OTRAS PLAGAS QUE TAMBIÉN DAÑAN TERRIBLEMENTE

Arlindo Luciano Guillermo

 El chino Gabriel me alcanza la revista ¡Despertar! Él es un testigo de Jehová de nacimiento. Coge el smartphone y ubica la cita bíblica para la ocasión, mientras esperamos a los profesionales de salud para la capacitación sobre hábito de higiene y así contrarrestar la gripe viral que mantiene en vilo al mundo y Huánuco. Lee, hermano. Entonces Jesús dijo: “Se levantará nación contra nación y un reino contra otro. Habrá grandes terremotos, pestes y hambre en diversos lugares. Se verán también cosas espantosas y señales terribles en el cielo.” Ves, amigo agnóstico, todo eso está escrito en la Biblia; y lo que está en la Biblia se cumplirá al pie de la letra. Le sonrío respetuosamente. Me retiro pensativo porque la enfermera ha llegado.     

Las diez plagas que azotaron a Egipto pusieron en jaque mate al faraón, quien no tuvo otra salida que dar libertad a los hebreos liderados por Moisés. Fue un acontecimiento cruel, brutal, doloroso, sangriento y de prueba para el rey más poderoso sobre la Tierra. Se interpreta como una guerra entre el dios de Israel y el faraón y los dioses egipcios. Esta tragedia está narrada novelescamente en el segundo libro del Antiguo Testamento: el Éxodo, desplazamiento masivo del pueblo hebreo hacia la tierra prometida, cruzando el Mar Rojo que se abrió como una avenida acuosa. Las aguas del río Nilo se convierten en sangre; peces y fauna fluvial muertos; sin el Nilo muere Egipto. Multitud de ranas invaden el palacio del faraón y los súbditos. Los piojos chupasangres atacan sin piedad. Enjambre denso de moscas aparecen amenazantes. El ganado y caballos mueren totalmente. Úlceras putrefactas martirizan a hombres y animales. Del cielo cae granizo devastador. Los sembríos son diezmados por millones de langostas. La Tierra se oscurece, no hay luz ni Sol radiante en Egipto. La décima plaga es draconiana: muerte del primogénito del faraón. Dios, Yahvé o Jehová, se muestra drástico e intimidador. Finalmente, el faraón libera al pueblo hebreo de la esclavitud. 

Hoy no hay plagas egipcias ni Moisés peleando con el faraón Ramsés II ni Yahvé en beligerancia con Isis y Anubis, pero sí grandes problemas que ponen en zozobra a todos. Estamos involucrados de algún modo. Genera pánico incontrolable, histeria colectiva, alteraciones monetarias y económicas, la inteligencia emocional predomina grandemente sobre la razón y la prudencia. Los comerciantes, el que tributa y el ambulante, aplicaban sin misericordia las reglas de la oferta y la demanda, las autoridades enfrentan con plataformas multisectoriales. La película Virus o Parásitos (disponible en Netflix), la mejor película en la versión 2020 del Óscar, precisamente, relata la epidemia de la gripe aviar en Corea del Sur y los esfuerzos por localizar al portador matriz, un migrante ilegal procedente de Hong Kong, y la vacuna o antídoto para frenar el contagio y salvar la vida de millones de ciudadanos. Hitler asesinó a más de seis millones de judíos en los campos de concentración; Stalin en Rusia liquidó a millones de compatriotas con hambruna, muerte y prisión para enemigos políticos en el Gulag. La epidemia aviar generó la cuarentena (aislamiento temporal) de miles de ciudadanos infectados o sospechosos, concentrados en campamentos rigurosamente vigilados; cuando morían eran depositados en gigantescas fosas comunes. .

La corrupción es un cáncer que hace metástasis en el Perú. La coima está por doquier como el aire contaminado que respiramos. El coronavirus (Covid-19) llegó a Huánuco y nos puso los pelos de punta. Causó zozobra, pánico, impotencia y lentitud en las autoridades competentes. El feminicidio no tiene cuándo acabar ni disminuir. El machismo cavernícola, Neanderthal y criminal camina por las calles como un transeúnte inofensivo. La niña Camila de 4 años fue raptada, ultrajada y asesinada por un adolescente de 15. El abuso sexual contra menores de edad tampoco tiene límites. La inseguridad ciudadana amenaza en cualquier lugar. Raquetero, cogotero, sicario, gatillero, extorsionador o avezado asaltante acecha como ladrón en la oscuridad. La anomia social campea impune; nadie respeta las normas ni al prójimo. Pasarse la luz roja del semáforo, recoger disimuladamente un billete del piso que no es nuestro o plagiar en los exámenes es tan normal como cepillarse los dientes o respirar. El poder político embrutece cuando está ausente la vocación de servicio y la honestidad. Estas plagas (o si quiere “problemas sociales”) perjudican a ciudadanos e instituciones. Estamos dentro o fuera de la solución del problema; nos hacemos de la vista gorda o contribuimos desde nuestra trinchera para resolver estas “siete plagas” que nos azotan diariamente. Mirar y criticar es complicidad; actuar es comprometerse e indignarse.   

Gabriel recita de memoria otro misil bíblico: “Tengamos paz y confianza en Dios, puesto que Él nos librará de toda pestilencia o enfermedad y ninguna plaga tocará tu morada”. Lo observó con escepticismo. Paz necesitamos urgentemente, cada quien confía a su modo en Dios. Lo que sí es cierto es que las plagas matan, ponen en riesgo la libertad, la vida y el honor, generan zozobra, inversión del Estado, deterioro de la ética y el debilitamiento de la institucionalidad. No es la educación enciclopédica, puramente académica, de cerebro oceánico, la que cambia al ciudadano, sino la educación que busca afanosamente el moldeamiento sostenible de actitudes, valores morales e inteligencia emocional. Gabriel y Martha van de casa en casa, con maletín y ¡Despertar! en las manos, para difundir la palabra de Dios; yo, agnóstico incipiente y temerario, trato de actuar correctamente en la vida mientras dure mi permiso para residir en la Tierra.