¿Otra vez la burra al trigo?

Jorge Farid Gabino González

Aun cuando este no sea un proceder inusual entre quienes nos gobiernan, sino algo que se da, más bien, con cada vez mayor regularidad, sobre todo en las más altas esferas de poder, sorprende constatar la facilidad con que la gran mayoría de quienes asumen algún cargo de cierta importancia en la administración pública, comienzan, ni bien se instalan en su nueva condición de “altos funcionarios del Estado”, a despotricar en contra de todo cuanto hicieron o dejaron de hacer sus predecesores, a denostar de todo lo que, por obvias y cronológicas razones, fue hechura de los demás, y no suya. Perdiendo de vista, las más de las veces, el hecho de que, como reza la sabiduría popular (aquella que en la voz de Héctor Lavoe es posible oír, todavía, si no se ha sufrido la atrofia del cerebro), “todo tiene su final, nada dura para siempre”.

Es lo anterior perfectamente constatable, como quedó dicho, en la gran mayoría de organismos del Estado. Pero lo es de manera particular, de manera enfermizamente particular, a decir verdad, en el sector Educación. Lo que preocupa sobremanera, desde luego, habida cuenta de que es la mencionada área, más, quizá, que cualquier otra de la administración pública, la llamada a plantear, y a ejecutar, políticas que gocen no solo de la tan necesaria sostenibilidad en el tiempo, poco común, como se sabe, tratándose de nuestro país, sino también del respeto de los llamados en primer término a velar por su cumplimiento, esto es, las autoridades que la presiden.

No ocurre así, para desgracia nuestra. Sucede en el Perú, más bien, todo lo contrario. Resulta poco menos que sintomático, de hecho, e ilustra como pocas cosas lo que venimos sosteniendo, el que la archiconocida locución adverbial “fojas cero”, de significado “Como al comienzo, sin cambios”, sea precisamente un peruanismo (también un chilenismo, lo que dice asimismo mucho de nosotros). ¡Pero cómo no va a ser peruanismo, si en nuestro país el decimoprimer mandamiento es volverlo todo a fojas cero! Que es ni más ni menos lo que se ha hecho ya costumbre en el ministerio de Educación.

Y es que sucede que, salvo contadas y honrosas excepciones, lo habitual en el mencionado ministerio hoy en día es que quienes lo presidan se asuman los salvadores de la educación peruana, los innovadores por excelencia, los renovadores de los vetustos sistemas educativos. Proceder que no tendría nada de malo, si no fuera porque quienes así actúan dejan a la par de lado cuanto de bueno, de rescatable, de loable pueda provenir de las administraciones anteriores. Con lo que casi sobra decir que no hacen otra cosa que abonar en el fértil suelo de la política de “fojas cero”.

Que es, con algunos matices, lo que más o menos pretende hacer ahora la actual ministra de Educación, Flor Pablo, respecto del cargo de director, profesional que desde que el mundo es mundo se ha encargado de dirigir las instituciones educativas de nuestro país. Pues en declaraciones dadas recientemente, la alta funcionaria ha afirmado que dentro de un tiempo “ya no habrá profesores que cumplan la función de director” en las escuelas y colegios públicos del país, puesto que el modelo de director-docente “ha fracasado”.

Lo que nos resulta inevitable preguntarnos, y creemos que con justa razón, es en qué datos, estudios o revelaciones oníricas se basa la señora ministra de Educación, primero para afirmar que el modelo de “director-docente”, como le llama ella, “ha fracasado”; y, segundo, para pensar que lo que su gestión propone, esto es, la implantación de una suerte de nuevo modelo educativo en el que las llamadas “redes educativas” hagan las veces del ahora director, solo que con la diferencia de que quien asuma dicha función sería en realidad una especie de director-coordinador, irá a tener los resultados que a buen seguro esperan alcanzar.         

El problema no es, por supuesto, el que a la señora Pablo le urjan las ganas de dejar su “marca” en el ministerio de Educación, que su derecho tiene. El problema, decíamos, no es ese. Lo que preocupa, y que debería preocuparnos a todos por igual, es que se pretendan realizar cambios de la envergadura del que pretende hacer la referida funcionaria, sin que al parecer existan los más elementales estudios técnicos que respalden lo que viene sosteniendo esta. Y no es, desde luego, que esté mal que se vengan cambios en un sector que durante años ha sido la última rueda del coche para cuantos gobiernos hemos tenido. ¡Que lleguen los cambios, que bienvenidos son! El asunto es que estos obedezcan a criterios estrictamente técnicos, y no, como ya nos tienen acostumbrados, a lo que le “parece” a tal o cual autoridad, por muy ministra que esta sea. ¿Otra vez la burra al trigo? Ya cánsense, ¿no?