Ortiz Bisso exalta el trabajo de Alianza y elogia a Gorosito tras un empate que, insólitamente, genera júbilo en el fútbol peruano

El punto conseguido por Alianza Lima en el Morumbí, un empate con sabor a victoria, gracias a la audaz pirueta de Kevin Quevedo, emerge como un oasis en el desierto para el fútbol peruano. Este resultado permite, al menos por un momento, acallar las voces de aquellos que critican constantemente, encontrando satisfacción en cada tropiezo y repitiendo el predecible “ya lo decía”. El fervor de la hinchada blanquiazul es comprensible, considerando la rareza de sumar puntos en Brasil en la Copa Libertadores. Históricamente, solo siete clubes peruanos han logrado tal hazaña en casi 65 años de competencia, un testimonio de la dificultad inherente a enfrentar a los gigantes brasileños en su propio territorio.

Según la investigación publicada por El Comercio, esta alegría, justificada y entendible, también pone de manifiesto la precaria situación del balompié nacional, donde la celebración de un empate se magnifica dada la escasez de victorias.

La estadística es implacable: en la presente edición de la Copa Libertadores, los equipos peruanos apenas han logrado sumar un punto de 18 posibles. Una realidad que genera vergüenza y obliga a una profunda reflexión sobre el rumbo que ha tomado el fútbol en el país. Este pobre desempeño se suma a la preocupante actualidad de las selecciones juveniles, cuyas actuaciones en los torneos sudamericanos han sido decepcionantes.

Hace años, en el clímax de la euforia por la clasificación al Mundial de Rusia 2018, se planteó la necesidad de aprovechar ese impulso para implementar cambios estructurales en la organización futbolística. Se requería una reformulación de los torneos locales, junto con la imposición de exigencias a clubes, ligas y la federación, con el fin de construir una base sólida que permitiera replicar ese éxito de manera sostenible. Sin embargo, esta oportunidad se vio frustrada por los intereses personales de quienes debían liderar el cambio, compromisos cuestionables y el temor a alterar el statu quo.

El empate ante Sao Paulo representa un destello aislado en un contexto generalizado de mediocridad. Para contextualizar, es importante recordar que la última victoria de un club peruano en Brasil por Copa Libertadores fue en 2009, cuando la Universidad San Martín venció al River Plate brasileño. Asimismo, el promedio de goles anotados por equipos peruanos en tierras brasileñas a lo largo de la historia es alarmantemente bajo. Además, la falta de inversión en divisiones inferiores perpetúa el ciclo de bajo rendimiento.

Es imperativo encontrar la fórmula para dejar de celebrar empates heroicos, cada vez menos frecuentes, y comenzar a cosechar triunfos consistentes. La crisis se evidencia en el fracaso de la Sub 17 en el reciente Sudamericano, el persistente bajo rendimiento de la Sub 20 y las dificultades que enfrenta la selección mayor en las eliminatorias mundialistas. La Liga 1, debilitada por la inestabilidad económica de los clubes y la falta de compromiso en los pagos de los derechos de televisión, contribuye a este panorama desolador. Asimismo, las tensiones internas en la Videna socavan la institucionalidad, dificultando aún más el desarrollo del fútbol peruano.

Si bien es deseable que Alianza Lima avance a octavos de final, que Universitario de Deportes y Sporting Cristal enderecen el rumbo y que Melgar evite más goleadas en la Sudamericana, estos logros aislados no erradicarán la corrupción que corroe el sistema. Una corrupción que debería avergonzarnos a todos y motivarnos a exigir un cambio radical.