La gestión de Alva Ochoa no demuestra hasta la fecha lo que pregonó a los cuatro vientos en su campaña: “Lucharé contra la corrupción”. Es tan compleja la administración y tan difícil supervisar el trabajo, que él no lo puede y no lo va a hacer. Es que para eso, están los gerentes, subgerentes, asesores, secretarios, pero estos se olvidan de informar lo que les solicitan.
En los pasillos del Gorehco, se rumorea que es por los diezmos que algún funcionario habría recibido para que influencie y no se informe los datos que la Contraloría y el Tribunal de Contrataciones requieren para determinar los errores o faltas en la licitación de la compra de alimentos para truchas con documentos falsos.
¿Sancionará el buen Rubén a los responsables?, no sabemos. Probablemente continúe como el avestruz escondiendo la cabeza cada vez que hay un problema como sucedió con el escándalo de sus hermanísimo en el que se hizo el ciego, sordo y mudo.
El silencio significa aceptar la práctica ilegal en la modificación de los presupuestos al antojo de las personas o a los fines específicos, siendo así, resulta que es cómplice de lo que hace el buen Lucio.
Simplemente debe aclarar estas cosas, pues callarlas es un mal síntoma que la gente lo entiende como complicidad.



