Por Israel Tolentino
Los miércoles son días intermedios, puentes, como el marcador de una balanza. Tomo asiento y el joven peluquero corta el primer mechón cerca al pellejo, miro el espejo y una sensación de descobijo me invade, continúa le digo, y miro a Chente, mi cuñado, sonreír.
Algo cotidiano como rasurarse o un corte de pelo modifica la cabeza, el rostro, la personalidad, la apariencia. Hay toda una sofisticación en torno a las Barber shop. Entre la bruma matutina el cerebro despertando y, una imagen de Huaman Poma se dilucida entre esa nubazón, un séquito de personajes con serpenteados cabellos inunda los sesos, reconozco formas de sirenas con los pelos como corrientes de agua, sensualidad que contrasta con mi cabeza que va quedando rapada.
Felipe Huaman Poma de Ayala (San Cristóbal del Sondondo, Ayacucho, 1534 – Lima, 1615), nombre de infinidad de sujetos, tantos como cabezas lo conjeturen. Es justamente el Felipe “Huaman”, prefiero al “Guaman”, que anda indesmayablemente, al que guardo para mí. Si caminó 10 o 20 años, vale tanto como si hubiera sido errante siempre, ya, desde que sus descendientes Yarowilkas (como anécdota, en el censo del 2017 ubiqué mi origen como Yarowilka. El censador, tardó en percatarse que estaba en la sección “otros”) decidieron dejar los altos huanuqueños por el primaveral valle del Sondondo, actualmente, a dos horas de Puquio viajando en combi.
De Aucará salí muy de mañana, calculaba dos horas de recorrido a pie. La primera parte, inolvidable, un trecho del sendero acompañado de molles, árbol que aprendí a querer en las clases de Geografía impartidas por el profesor Juan Tuya Berríos, quien contaba que dormir bajo su sombra y respirar su aroma era indicio de longevidad, completaba: los que trabajan en el campo, luego de su almuerzo se dan una siesta bajo el árbol de molle. Es una planta preferida desde entonces, incluso más allá de que pueda regalarme la larga longevidad.
Las calles subidas y curvas de Niza tienen en ambos lados molles aromatizando los Matisse y Chagall que abundan en sus casas museos. Campos inmensos entre México DF y Querétaro están cubiertos, como llaman ellos, de “pirules”, hasta suena a Perú. El “schinus molle” es para los italianos el “pepe rosso” pimienta que tanto aprecian. En Aucará aprendí a beber y preparar la chicha de molle.
Toda la ruta para llegar al pueblo de Felipe Huaman se adorna de molles, paso Cabana Sur y empiezo a bajar hacia Sondondo, camino sinuoso y agrietado como el tronco de molle. Todo el territorio está cubierto de andenes sembrados inmemorialmente. Voy llegando al lecho de río y Felipe Huaman otra vez entre la mirada, alguien pesca y mientras cruzo el puente diviso la cuesta por donde debo retornar; el corazón palpita ante la emoción de llegar a su pueblo, a sus calles, a su casa, su sala, su estudio y una nueva nube se torna en signo de pregunta: ¿acaso Felipe fue reconocido en su tiempo? entonces, la idea de encontrar su casa se desvanece mientras entrando al pueblo, una enorme fachada con letras gigantescas dice: I.E.S. FELIPE HUAMAN POMA DE AYALA, los pies se apuran, ansían andar por todo el pueblo, las calles como una Palestina, removidas para perpetrar obras de agua y desagüe. Sombras diagonales, geometría sin existencia, ninguna alma en pena, de pronto una sombra viviente, un viejito a rastras, vuelvo a pensar en Felipe cargando su manuscrito con destino a su tocayo el rey III, pregunto al viejito por los restantes, todos se fueron en la época del terrorismo responde. El sol quema, no hay donde comprar algo de agua.

En la Biblioteca Real de Copenhague en Dinamarca, en 1909, se encontró “Primer nueva corónica y buen gobierno”, manuscrito de 1180 páginas. El autor se había pasado la vida observando, escribiendo, dibujando y andando.
La geopolítica de su tiempo difiere del actual Perú, sin embargo, los problemas suenan a lo mismo y algo que se desprende de la reflexión Huaman Pomeña posee validez: una nación que asuma el quechua y el español como lenguas maternas, dos madres serían una fortuna en estos tiempos. La economía y sociedad sustentadas en las estructuras Incas, andinizar la ciencia y la tecnología, y en las necesidades religiosas de los habitantes, el cristianismo como columna de la fe (Lima y Sondondo, febrero 2024).




