Nuevos trabajos y tareas. Reto de la inteligencia artificial

Nuevos trabajos y tareas. Reto de la inteligencia artificial

César Augusto Kanashiro Castañeda

Cuando analizamos la transformación del empleo por el uso de tecnología podemos establecer cuatro grandes áreas a saber: los trabajos centrados en el uso y mejora de la tecnología, los reelance que se desarrollan en la economía colaborativa, los empleos que surgen de las redes sociales y aquellos que se relacionan con la llamada “economía naranja”, un concepto asociado al crecimiento exponencial de actividades vinculadas a la creatividad, el arte y el entretenimiento.

Las estimaciones acerca del futuro del empleo muestran que hasta 2022 la demanda laboral se centrará en roles como analistas de datos y científicos, pilotos de drone, desarrolladoras/es de software y aplicaciones, especialistas en comercio electrónico, programadoras/es de IA, expertas/os en automatización de procesos, entre muchos otros. Estos trabajos se vinculan con la creación, desarrollo y aplicación de robots o sistemas inteligentes. Por otra parte, aumentan los trabajos y las tareas que requieren de habilidades humanas distintivas a partir de la digitalización y de la transformación digital. Servicio al cliente, profesionales de ventas, capacitación y desarrollo, especialistas en desarrollo organizacional y gerentas/es de innovación.

Si tomamos el caso de la Justicia penal, el uso de la IA aumenta sustancialmente las posibilidades para detectar e investigar delitos que antes quedaban impunes (rastrear en millones de interacciones, casos de pornografía infantil, acoso, entre otros) y al mismo tiempo aumenta el trabajo de otras/os operadoras/es judiciales (curadores de datos, analistas de datos, peritos de IA) y demanda expertos que antes eran ajenas/os al sistema de justicia. Por último, en el mundo se desarrollan miles de Startups de IA que trabajan con equipos multidisciplinarios y pueden emplear a diez personas de modo directo (ingenieros, licenciados en informática y otras profesiones que se presumen distantes de la tecnología como lingüistas o antropólogos.

La gig economy o economía colaborativa, se basa en trabajos concretos que se realizan de manera esporádica. La flexibilidad, el trabajo en línea y la descentralización de tareas se destacan como sus principales pilares. Chofer de Uber, experto en seguridad informática u otros “freelance” que pueden constituirse como el ingreso principal de la persona o bien como complementarios. Por ejemplo, alrededor del 20-30% de la población laboralmente activa pertenece a la gig economy en países de la Unión Europea y en Estados Unidos.

Dentro de la economía colaborativa también podemos encontrar el crowdwork, otra modalidad de trabajo que surgió hace pocos años y continúa en expansión. Esta consiste en grupos de trabajadores que, desde distintos lugares del mundo, ofrecen a las empresas la posibilidad de desarrollar proyectos en cualquier momento del día. Como es elevado el número de trabajadoras/es, las tareas se realizan rápidamente: por ejemplo, se pueden procesar grandes conjuntos de datos en un período relativamente corto. Estas personas solo son empleadas para una tarea en particular, sin otra obligación por parte de la empresa para con ellas, que la asumida para el proyecto por el que las contrató.

Con la explosión de las redes sociales en los últimos años surgieron miles de “influencers” en todo el mundo. Estas personas usan plataformas digitales como Youtube o Instagram para compartir videos y fotos. La cantidad de seguidoras/es y visitas puede ser una fuente de ingresos por publicidades. Aunque no hemos encontrado estudios concretos que arrojen cifras globales acerca de este fenómeno, lo cierto es que muchas personas ganan mucho dinero. Solo por poner un ejemplo, la joven empresaria Kylie Jenner puede obtener hasta 1 millón de dólares por un posteo.

El concepto de economía naranja está vinculado a dos grandes áreas. Por un lado, los bienes y servicios que se generan en el arte, el diseño, la música, la moda, la artesanía y diversas formas de entretenimiento. Por otra parte, las plataformas y los sistemas de innovación que dan soporte a la creatividad asociada a la estética, al aspecto de los bienes y servicios y a los cambios emocionales que esos productos generan en las/os consumidoras/es. Artes visuales, artes escénicas, artesanías, mundo editorial, audiovisual, fonografía, diseño de interiores, artes gráficas, iluminación, software y videojuegos, publicidad y moda son algunos bienes y servicios que integran esta economía naranja. Además, están las actividades de apoyo creativo como el diseño de producto, el diseño de empaque y el marketing.

Esta Cuarta Revolución Industrial da nacimiento a productores y consumidores que ahora pueden ser “prosumidores”, porque pueden ser ambos al mismo tiempo. Solo en América Latina y el Caribe, en 2015, la economía naranja significó 1.9 millones de puestos de trabajo. Esto es todo lo que genera la economía de Uruguay o Costa Rica. Lo señala el Banco Interamericano de Desarrollo (2013) La Economía Naranja: Una oportunidad infinita.