Por Israel Tolentino
El macizo andino es seguramente uno de los territorios del mundo de extraordinaria belleza y peligro extremo, caprichos de la naturaleza modelados hasta el punto en que el hombre encuentra en ellas un valor estético. Áncash es la región de bellos nevados, mi segunda madre, y junto a la cordillera Huayhuash de Huánuco han dejado que las huellas y sudor moldeen un momento importante de vida. Cuando todo daba por hecho, allí podía iniciar de cero.

Miro hacia el Pisco, pruebo una galleta y tomo un sorbo de café que Ángel Solorzano Tafur acaba de convidarme, es un desayuno extravagante desde su inicio. Había trepado casi corriendo esa empinada ruta; hasta ahora me cuesta imaginar que lo haya hecho, pero suceden esas abruptas combinaciones del camino y uno, historias surgidas en las razones del corazón que la razón desconoce.
Hay un dicho entre los escaladores: “hacer cima es la mitad del camino”. Todos miran arriba como meta, el ansiado punto donde llegar y, la sociedad te acostumbra a no perder de vista, subir, subir, subir… En el mundo de los que escalan, sin importar el motivo, es cuando se baja, que se completa la hazaña.
Les faltaba 200 metros para hacer cima en la pared Norte del nevado Huascarán, Renato Casarotto la había realizado en solitario en 1977. Battistino Bonali y Giandomenico Ducoli en 1993 estaban por cumplir el desafío: “subir a lo alto para ayudar a los que viven abajo”. Sus cuerpos se encontraron destrozados y en el bolsillo de Batisttino se localizó un pequeño texto donde se podía leer “Gracias montaña, por haberme dado lecciones de vida (…) porque sufriendo he gozado la alegría de la cumbre, percibiendo que las cosas verdaderas, aquellas que llevan a la felicidad, se obtiene solo con esfuerzo, y quien no sabe sufrir, nunca podrá entender.” Versos hermosos que resumen inigualablemente la pasión y el amor por el imán blanco de las montañas.

Los jóvenes cantan, con sus dedos dibujan en el aire el perfil de las montañas: “Pisco, Huascarán, Huandoy…” canción compuesta por el padre Ugo de Censi, fundador de la Operación Mato Grosso (OMG) fundada en 1967 en Italia. Ha construido en el corazón de los Andes peruanos cuatro refugios que ayudan a aclimatarse y prepararse antes de ascender a las cumbres nevadas; el refugio Perú se ubica bajo el nevado Pisco y los refugios Huascarán, Ishinca y Contrahierbas bajo la tutela de los nevados con los mismos nombres.
Cuando hay luna llena el hielo tiene la sensación de tibieza, la noche oscura en la cumbre proyecta sombras fantasmagóricas, la oscuridad desprende una atmósfera hecha de veladuras y transparencias. Todo el macizo es un espectro como de espejos, con su inmensidad y distancia poniéndose a disposición de las manos, la luna refleja la luz y cada ser que se moviliza por el pico del nevado es un fantasma que lánguidamente se traslada.

Andar sobre los cinco mil, requiere de voluntad, mucha voluntad y un correcto estado físico, la Cordillera Blanca y el Huayhuash son un regalo dentro de la cadena andina, un macizo ecuatorial donde cada gota de sudor es un paso hacia arriba o hacia abajo, donde el cuerpo se siente de maneras jamás concebidas. Una zona para las decisiones significativas son las cumbres de los nevados y las lagunas, en ambos espacios el viento disipa las frases excesivas y endurece las neuronas de tal manera que solamente las ideas sustanciales brotan; los nevados y las lagunas son agua, más que en estados diferenciados, el mismo elemento con distintas formas de envolverte, cubrirte, protegerte; un tiempo detenido que no acepta despojos y, el cuerpo en esas condiciones extremas percibe la lluvia, el color, brillo, aroma, sonido de la nieve perpetua como un manto que le abriga y sumerge hasta perderse para siempre.
Desde la cima se observan riachuelos serpenteados y lagunas, ocultando “misitus” y un poco más, cobijados entre esas blancuras, nombres como: Yanama, Chinguil, Illapa, Orcotuna, Cebollapampa, Pupash, Huaripampa, Yanapaqcha… (Huaraz, marzo 2024).




