Fondos Federales Avances Cientificos
Fondos Federales Avances Cientificos

Nueve avances científicos con fondos federales que lo transformaron todo

La investigación científica raramente sigue una línea recta. En ocasiones, se orienta a la solución de problemas concretos, como llevar al ser humano a la Luna o desarrollar vacunas contra la Covid-19. En otras muchas ocasiones, se trata de ciencia básica, cuyo objetivo es comprender procesos como la división celular o la física de la formación de nubes, con la esperanza de que, de alguna manera y en algún momento, ese conocimiento resulte útil. En esencia, la ciencia básica es ciencia aplicada que aún no se ha aplicado. Históricamente, la inversión pública ha sido crucial para este tipo de investigaciones, generando avances que transforman nuestras vidas.

Según la investigación publicada por The New York Times, esta premisa es la que ha impulsado a Estados Unidos, desde la Segunda Guerra Mundial, a invertir fuertemente en ciencia. El gobierno destina anualmente 200.000 millones de dólares a investigación y desarrollo, consciente de que los resultados pueden tardar décadas en llegar. Sin embargo, esta cifra podría disminuir drásticamente con el presupuesto propuesto por el expresidente Trump para 2026. Vannevar Bush, considerado uno de los artífices del sistema de apoyo a la investigación gubernamental, escribió en 1945 un informe al presidente Franklin D. Roosevelt en el que afirmaba que “la investigación básica es el marcapasos del progreso tecnológico”. Un ejemplo paradigmático es Google, que inició su andadura en 1994 con una subvención federal de 4 millones de dólares destinada a la creación de bibliotecas digitales; actualmente, la compañía se ha convertido en un gigante tecnológico con un valor incalculable.

A continuación, se presentan nueve avances que han transformado nuestras vidas y que fueron posibles gracias a la inversión pública. El Sistema de Posicionamiento Global (GPS), hoy omnipresente en coches, aviones, teléfonos y aplicaciones de relojes inteligentes, tuvo un largo y sinuoso camino financiado con fondos federales. Los orígenes se remontan a 1957, cuando investigadores de la Universidad Johns Hopkins Applied Physics Laboratory descubrieron que podían determinar la ubicación del Sputnik, el satélite ruso, a partir de los cambios en la frecuencia de su señal de radio. Este concepto se invirtió para crear Transit, un sistema de navegación para rastrear submarinos nucleares, desarrollado por Johns Hopkins y el Departamento de Defensa.

Otro ejemplo destacado son los fármacos para la diabetes y la obesidad. Millones de personas toman hoy Ozempic, Wegovy, Mounjaro u otros medicamentos innovadores para tratar estas enfermedades. Estos tratamientos tienen su origen en el veneno del monstruo de Gila, un lagarto que puede sobrevivir con pocas comidas al año. En 1980, el Dr. Jean-Pierre Raufman, investigador de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), descubrió que el veneno de este lagarto tenía un efecto pronunciado en el páncreas, estimulando la liberación de una enzima digestiva. El Dr. John Eng, endocrinólogo del Veterans Affairs Medical Center en el Bronx, colaboró con el Dr. Raufman para aislar e identificar un nuevo compuesto, exendin-4, en el veneno del lagarto. Una versión sintética de este compuesto, que estimula la producción de insulina y ralentiza el vaciado del estómago, fue aprobada para el tratamiento de la diabetes en 2005.

Además, las pantallas que utilizamos a diario podrían no ser lo que son sin los puntos cuánticos, diminutos cristales semiconductores que absorben y emiten luz de manera más eficiente que otros materiales. Estos materiales, fundamentales en la electrónica de consumo, deben su desarrollo a la financiación de NIST, el U.S. Army Institute for Soldier Nanotechnologies y otras agencias. El diccionario de la lengua de signos americana (ASL) también es fruto de la inversión pública. William Stokoe, profesor de literatura inglesa, utilizó becas de la National Science Foundation (NSF) para estudiar la estructura lingüística de la lengua de signos y crear el primer diccionario de ASL, reconociéndola como una lengua completa.

Incluso CAPTCHA, la tecnología que distingue a humanos de robots en internet, fue inventada por Luis von Ahn, un científico informático cuya investigación en la Universidad Carnegie Mellon fue financiada por la NSF. La erradicación del gusano barrenador, una plaga que afectaba al ganado y a la agricultura, fue posible gracias a la Sterile Insect Technique, desarrollada por el Departamento de Agricultura de EE. UU. La cirugía LASIK sin bisturí, que corrige la visión de miles de personas, se desarrolló gracias a un error de laboratorio y a la financiación de la NSF. Un pulso de láser femtosegundo que impactó accidentalmente en el ojo de un estudiante inspiró el desarrollo de esta técnica.

El masaje infantil, una práctica cada vez más común en las unidades de cuidados intensivos neonatales (UCIN), también tiene su origen en la investigación financiada por el NIH. El Dr. Saul Schanberg y sus colegas de la Universidad de Duke descubrieron que la falta de contacto materno afectaba el crecimiento y desarrollo de crías de rata. Finalmente, el Dustbuster, la aspiradora de mano que revolucionó la limpieza del hogar, fue un derivado del desarrollo de un taladro lunar para la NASA. Black & Decker utilizó un programa informático para optimizar el diseño del motor del taladro, lo que allanó el camino para la creación de una gama de productos inalámbricos de consumo.