La investigación biomédica, un pilar fundamental en el avance de la medicina moderna, se enfrenta a un nuevo desafío. Una reciente política administrativa impacta directamente la colaboración internacional en proyectos de investigación cruciales. Esta medida, implementada por los Institutos Nacionales de la Salud (NIH), amenaza con interrumpir estudios vitales, incluyendo aquellos enfocados en prolongar la vida de mujeres afectadas por la forma más común de cáncer de mama.
Según la investigación publicada por The New York Times, la nueva normativa prohíbe la concesión de subvenciones a proyectos científicos que incluyan pagos, denominados sub-adjudicaciones, a colaboradores extranjeros. Esta restricción pone en riesgo miles de proyectos de investigación internacionales en curso, que dependen esencialmente de la colaboración con científicos y universidades de otros países.
La justificación oficial de los NIH para este cambio radica en las inconsistencias encontradas en los sistemas internos y bases de datos, lo que dificulta el seguimiento preciso de los pagos de sub-adjudicaciones. Funcionarios de salud federales aseguran que esta falta de visibilidad es inaceptable y exige un cambio radical, pese a la implementación de requisitos de control más estrictos en 2023, tras un informe crítico de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental (GAO).
El estudio sobre cáncer de mama que se encuentra en peligro es un claro ejemplo de la importancia de la colaboración internacional. Este proyecto, que involucra a científicos en Dinamarca, se basa en registros detallados de cáncer que han rastreado pacientes durante décadas, así como en muestras de tumores preservadas en cera, recursos de los que Estados Unidos carece. Timothy Lash, profesor de epidemiología en la Escuela de Salud Pública Rollins de la Universidad de Emory, enfatiza que no existe un recurso similar en Estados Unidos.
La nueva política de los NIH obligaría a los científicos internacionales que deseen colaborar con investigadores estadounidenses a presentar solicitudes de subvención independientes para su revisión. Si se les concede una subvención, los fondos fluirían directamente desde los NIH, en lugar de a través del receptor de la subvención estadounidense. Aunque inicialmente se indicó que la política no revisaría retroactivamente las subvenciones en curso, la medida afectará a las subvenciones actuales al momento de su renovación, poniendo en riesgo proyectos como el estudio danés sobre cáncer de mama.
Otros proyectos de investigación también se verán afectados, desde estudios sobre enfermedades infecciosas como la malaria y el VIH, hasta investigaciones sobre afecciones crónicas comunes en Estados Unidos, como el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y la demencia. Karestan Koenen, profesora de epidemiología psiquiátrica en Harvard, ya ha informado a sus colegas en Uganda y Kenia que no puede seguir colaborando con ellos en la recopilación de muestras de ADN de personas con trastorno de estrés postraumático. De igual forma, el Dr. Jeremy Schwartz, de Yale, ha visto comprometido su estudio sobre insuficiencia cardíaca en Uganda, donde gran parte de su subvención del NIH se destina a apoyar a sus colaboradores internacionales.
En un esfuerzo por mitigar el impacto negativo de la nueva política, los NIH sugieren que los socios extranjeros podrían ser reemplazados por colaboradores nacionales. Sin embargo, investigadores como Carmen Marsit, de la Escuela de Salud Pública Rollins de Emory, advierten que en muchos casos esto es imposible, ya que los proyectos fueron diseñados específicamente para incluir los sitios extranjeros y son esenciales para la pregunta científica que se está investigando. La comunidad científica expresa su preocupación ante la posibilidad de que inversiones significativas en investigaciones en curso se desperdicien, especialmente considerando que la implementación de estas restricciones se realizó antes de tener una estrategia de reemplazo lista.




