El problema de la basura en nuestra ciudad viene desde siempre. Un gran porcentaje de ciudadanos no respetan los horarios y días de recojo de basura. Desafortunadamente no colaboramos con la limpieza de nuestra ciudad. De poco sirve la ardua labor de los obreros de limpieza pública, tanto con los camiones recolectores como con sus escobas y cilindros, si nosotros seguimos ensuciando nuestra ciudad sin ninguna consideración y respeto.
Como vecinos, muchas veces nos quejamos que nuestras calles constantemente están sucias y tienen mal olor, y no consideramos el grado de responsabilidad que tenemos. Por eso las calles aledañas a los mercados, tanto antes y después del pase de los camiones recolectores, permanecen sucias, inmundas como nuestra responsabilidad ambiental.
Debido a nuestros malos hábitos, o bajo nivel cultural, los turistas que llegan, directa o indirectamente a Huánuco, se llevan una mala impresión. De manera que desde esta columna, insistimos en que debemos de practicar y promover nuestra identidad: cuidar nuestra tierra y ofrecer lo mejor de ella a los de fuera. Huánuco tranquilamente podría vivir del turismo; pero nuestra escasa visión de futuro hace que construyamos casas encima de las ruinas y vestigios arqueológicos. Algo jamás pensado en otras ciudades como el Cuzco.
Esta mala práctica viene de casa, de nuestra escasa educación. Los niños aprenden de su entorno más íntimo a no respetar las normas y tirar sus desechos donde fuere. Si queremos un cambio, empecemos por nosotros mismos con respetar las normas de limpieza, y así podamos vivir en una ciudad más limpia y saludable para todos.



