Andrés Cloud Cortez (*)
TESTIMONIO Y ANAGRAMAS
UNO: Llegado a cierto tramo del camino y obligado por la necesidad y las circunstancias, he visto por conveniente inventarme un hermano. No se trata de un hermano mayor o menor que en verdad de cosas nunca tuve, sino un brother gemelo, uniovular y a mi medida y preferencia. Confidente, socio y sosías al mismo tiempo, acorde con mis gustos y preferencias. Unas veces lo llamo Zandro Duclós Tercé, en otras Donald Cortés Sucre, Rónald Cotez Cúsder, Dante Cruces Roldoz o simplemente Donald Sucre. Con él sí puedo dialogar, discutir y hasta discrepar sobre esto, aquello y lo otro.. Aquí, allá y a cualquier hora. Incluso a oscuras y con las puertas cerradas. Sin embargo no sé sinceramente hasta cuándo seguiré con él, o mejor dicho con ellos.
DOS: Mi vecino, el viejo Teodoro Doroteo que de Dios goce y en paz descanse, debió ser muy creativo y ocurrente para poner nombre a sus hijas e hijos. Utilizando las mismas letras en cada caso, nominó a sus hijas Hilda Isabel, Lidha Belisa y Dalhi Sabelí; y a los varones Coral Marcelo, Larco Carmelo y Alcor Lemarco. Sobre el asunto, si no entienden qué es un anagrama, por favor no se queden callados y pensando en las musarañas y la inmortalidad del alma. Para salir de dudas (dubitare ergo sum: dudo luego existo), consulten a un docente de R. V. (razonamiento verbal), especialista en resolver crucigramas, geniogramas, pupiletras, exámenes IBM de ingreso a las universidades nacionales y otros pasatiempos y juegos verbales. Caso contrario, no intenten leer lo que viene a continuación y, con el debido respeto y la consideración que se merecen, váyanse a llorar a la playa o mejor a freír monos en sartén de palo.
DE AMANECIDA
Nadie va al hospital por las puras y de paseo, menos aún muy temprano y para quedarse hasta la madrugada del día siguiente. Después de tantas idas y venidas, subidas, bajadas y largas esperas siempre escoltado por una anónima muchedumbre de rostros apagados; después de leer y releer una y otra vez los avisos, carteles, señales y toda laya de anuncios expuestos en las puertas, paredes, módulos y consultorios; después de mirar una y mil veces el reloj, recién, por fin, a las tres y cuarto de la mañana del día siguiente, sentado en una alargada banca tipo diván y sin espaldar, ubicada en el pasillo de Cirugía, sin más compañía que el silencio y el monótono zumbido de la luz de neón, resulta grato constatar que es el momento preciso para recordar algunos versos del poema Blanco de hospital: “Para un hombre en cama de hospital, largo es el día domingo. Da un sentimiento de pesar. Y más aún si es un domingo de enero”, pero también para releer al azar pasajes de El laberinto de la soledad: “Estamos solos. La soledad, fondo de donde brota la angustia, empezó el día en que nos desprendimos del claustro materno y caímos en un mundo extraño y hostil. Hemos caído, y esta caída, este sabernos caídos, nos vuelve culpables. ¿Culpable de qué? De un delito aún sin nombre: el haber nacido”.
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(*) “Sin ton ni son” es un revoltijo de soliloquios y travesuras literarias resultante de una simple ecuación de primer grado: garabatos, glosas, apuntes, grageas, viñetas, estampas y mentirillas, más diarios, cartas, greguerías, testimonios, cuentecillos, apostillas y juegos verbales, igual confabulario o cualquiercosario, es decir nonadas y naderías. Su autor ACC o ZDT. Amén.



