Por: Arlindo Luciano Guillermo
El título es una alerta. En mi práctica pedagógica, más de 30 años, he podido constatar que el docente cumple cuatro roles fundamentales durante el aprendizaje de los estudiantes: transferir conocimiento, educar ciudadanos, motivar el ánimo y contribuir con la familia. Si no hay relaciones solidarias, entre estas responsabilidades sociales, la educación es frágil, éticamente vulnerable. En ese contexto aparece una gran pregunta: ¿importa la salud mental de los docentes?, ¿la institución educativa exige un certificado acreditado de salud mental a los profesores para ejercer la carrera?, ¿hay una relación directa entre desempeño docente y la salud mental? Después del Covid-19, la salud mental ha sido afectada seriamente. Un docente que no tiene manejo de emociones ni comunicación efectiva ni asertividad, sin paciencia ni tolerancia a la frustración es un alto riesgo de ineficiencia. Gozar de óptima salud mental es tan necesario como poseer información para facilitarla a los estudiantes. Una muestra de “mala salud mental” es el maltrato, el autoritarismo y el descontrol. Según la OMS, la “salud mental es un estado de bienestar mental que permite a las personas hacer frente a los momentos de estrés de la vida, desarrollar todas sus habilidades, poder aprender y trabajar adecuadamente y contribuir a la mejora de su comunidad”. Entre docente y estudiante tiene que haber una acertada conexión emocional; sin esta condición, el aprendizaje se hace lento y con posibilidades de fracasar; la frustración es mutua.
El desempeño docente exige gran responsabilidad social y profesional. No basta ostentar grados académicos, escalas magisteriales y experticia pedagógica; es imperativo tomar en cuenta la salud mental, sin la cual la efectividad de la enseñanza y el aprendizaje significativo y trascendental de los estudiantes se convierten en logros quebradizos y de corto plazo. Cada generación demanda un estilo propio de enseñanza-aprendizaje. Los nativos digitales no leen o leen poquísimo; ellos aprenden viendo y haciendo. El anacrónico “a cocachos aprendí” está proscrito de la escuela. Información que no resuelve problemas es gastar pólvora en gallinazo. Se enseña para la vida diaria, con paradigmas visibles y experiencias sometidas a ensayo-error para enfrentar desafíos leves o grandes adversidades. Aprender desde la escuela -por supuesto en la familia- la resiliencia es fundamental. Quien usa eficiente y correctamente habilidades y conocimiento tiene éxito. Hoy vivimos en un contexto sociocultural donde juegan funciones estratégicas las habilidades, la gestión emocional, la inteligencia artificial y ética. En la RM N°. 556-2024-Minedu (5-11-2024) se demanda la prioridad, en la gestión escolar, del “bienestar socioemocional” de los estudiantes. Procrastinar es una irresponsabilidad que puede dar paso a una “generación perdida e irrecuperable”. La vida no se centra obsesivamente en el saber (conocimiento) ni en el tener (bienes materiales), sino en las condiciones para generar felicidad auténtica y la práctica de habilidades emocionales, sin las cuales no hay garantía de vivir con plenitud. Entonces Facebook, TikTok o Instagram será el “amargo refugio de las ilusiones”, falso reconocimiento, narcisismo delirante y la creencia de que las imágenes valen más que la identidad personal. La salud mental y el desarrollo socioemocional de estudiantes, docentes y padres de familia es clave para el aprendizaje.
En el decimosexto CADE Educación (2024) se ha abordado la salud mental de docentes y estudiantes. El bienestar del educando fue el tema central del evento. El sacerdote Elías Neira dice que “el vínculo con los docentes es fundamental y debe ser saludable. No puede haber chantaje emocional, manipulaciones ni actitudes tóxicas. Un docente que no regula ni controla sus emociones terminará haciendo daño a los estudiantes”. Hoy ningún estudiante debe ser maltratado, discriminado ni ridiculizado; tampoco un docente debe ser objeto de burla ni agresión. Un docente debe darse cuenta que enseña a niños y adolescentes. Se enseña con inteligencia y estrategia; se educa con actitudes positivas y ejemplo. Nadie enseña puntualidad cuando llega tarde al trabajo. ¿Los docentes, antes de iniciar el año escolar, son evaluados sobre su salud mental? ¿Los docentes no son afectados por el estrés, la ansiedad y la depresión? ¿Acaso son de acero? ¿Qué habilidades blandas utilizan en el trabajo pedagógico diario? El conocimiento desenganchado de la inteligencia emocional es pérdida de tiempo. La inteligencia artificial se va a incorporar al trabajo pedagógico y emocional. Un chatbot puede proporcionar a los adolescentes, por ejemplo, test de personalidad, vocación profesional o proyecto de vida; pueden identificar habilidades socioemocionales. Disponer en el celular Chatgpt ahora es tan natural como tener WhatsApp o Netflix. Un ejercicio de Álgebra o Geometría puede ser resuelto didácticamente por la IA; diez diapositivas con Gama se elaboran en un par de minutos y se edita en 10. ¿Cuánto tiempo hemos ganado?
Restar importancia a la salud mental de docentes es un craso error; las consecuencias pueden perturbar el aprendizaje y el desempeño profesional. ¿Un docente estresado enseña con toda la potencialidad que otro que ingresa al aula fresco y motivado? El rol de tutoría escolar y de psicólogos -si es que hay- es diagnosticar la salud mental de estudiantes y docentes y aplicar estrategias para abordar el problema oportunamente. En diciembre ya no hay nada que hacer. El 20 en el examen bimestral no dice mucho, que un estudiante ingrese en primer puesto a la universidad demuestra éxito intelectual, pero cómo van las habilidades socioemocionales y las relaciones interpersonales. La tolerancia a la frustración es necesidad permanente, no todo en la vida es triunfo y hazaña. Cuando se fracasa, cómo salimos de la derrota. Ahí entra a tallar la fortaleza emocional y la resiliencia. La educación integral es una imperiosa urgencia donde el saber, el hacer, el ser y el convivir son columnas vertebrales del éxito personal y profesional. La sociedad es una diversidad cultural donde el ciudadano se abre camino con el ensayo-error, lección-sabiduría, estrategia-resolución de problemas, bienestar-felicidad. La salud mental es una prioridad en la escuela; sin salud mental equilibrada el desempeño docente y el aprendizaje de los estudiantes pueden colapsar irreversiblemente.
Deterioran la salud mental del docente el alcoholismo, el estrés emocional, el síndrome de burnout (trabajador agotado) y la incompetencia para resolver problemas y crisis. Un pedagogo profesional fracasa porque ignora habilidades socioemocionales, destreza verbal, comunicación asertiva e innovación educativa. Los aprendizajes están directamente vinculados al desempeño competente del docente; para esta gran responsabilidad social y pedagógica, el docente tiene que gozar de una óptima salud mental. El aprendizaje es un acto emocional e intelectual.




