No se oye padre

Los reclamos son permanentes, el clamor crece, los dirigentes se pronuncian, los pueblos reclaman y ya no solo exigen obras y que cumpla sus incontables promesas de campaña al ahora gobernador, sino también, demandan al ministerio público y al poder judicial, cárcel para Juan Alvarado y todo su séquito.

Y es que Alvarado no opera solo, por supuesto que tiene todo un equipo de personas detrás de él, sus “socios”, personal de confianza y asesores, muchos de ellos siguen con él desde el primer día de gestión. No solo son testigos, sino también cómplices de las grandes irregularidades que suceden dentro de la institución.

Obviamente que protegerán a Alvarado, mientras les sea útil y no les falten chibilines.  

Por otro lado, las instituciones administradoras de justicia como el ministerio público y el poder judicial, han demostrado cero interés e intención en hacer justicia. Parecería todo lo contrario.

Los sobrecostos son más que evidentes, los escándalos de irregularidades en las diferentes obras y licitaciones, también son evidentes. Especialistas fácilmente podrían detectar y determinar perjuicio económico al Estado, sin embargo, la soga se rompe por el lado más débil.  

En esta situación es fácil entender el por qué nuestra democracia está débil. No es para menos, tenemos instituciones consideradas pilares del Estado que están carcomidas por dentro por los altos niveles de corrupción. Y lo peor es que no hay intención de cambiar las cosas.

Parecería que la elección de Pedro Castillo como presidente de la República, sólo reforzaría esta crisis de corrupción e incapacidad. Si no hay liderazgo en el Ejecutivo, qué podemos esperar del resto de instituciones.

Juan Alvarado se ríe de la justicia y por supuesto también, del pueblo que pide justicia. Para él, mientras tenga dinero y poder, va a seguir sintiéndose empoderado e impune.

Si hacemos un análisis de cuántos gobernadores regionales y alcaldes han terminado presos a pesar de existir serias denuncias y pruebas contra ellos, nos daremos cuenta que ni el 1% ha cumplido condena. ¿Esto es coincidencia? Definitivamente no. Huánuco se ha convertido en el lugar perfecto para ser autoridad y robar, a vista y paciencia de las instituciones y de la población… y no pasa nada.