Por Israel Tolentino
En el Currículo Nacional se considera que el área de Arte y Cultura maneja dos competencias: Aprecia de manera crítica manifestaciones artístico-culturales y Crea proyectos desde los lenguajes artísticos, cada competencia desprende tres capacidades: percibe, contextualiza y reflexiona en la primera y explora, experimenta y aplica, evalúa y socializa en la segunda, a partir de esto se puede deducir el objetivo del área artística en el sistema educativo nacional. La estadística corrobora que los resultados están lejos del estándar, lo que en la práctica se llama terminar “a medias”, es decir, el sistema educativo no va bien. Difícil pensar la realidad educativa de cada espacio geográfico del país donde uno asista a clases.

Nereida Apaza Mamani (Arequipa, 1979) vuelve a sorprendernos con sus preocupaciones en torno al papel modelador del sistema educativo peruano. La individual “Escuchar con las manos” curada por Élida Román y dedicada a Sebastián (Sebas) su primogénito, en el ICPNA de San Miguel en Lima lleva explicita en cada obra esa intencionalidad.
Su obra en general es una reflexión que bien puede inscribirse como instrumento de diagnóstico pedagógico en este país en imperfecto desarrollo, y no es la anarquía lo que plantean estas obras, todo lo contrario, en un acto de respetuosa profanación, su observación, lleva al espectador a replantearse en torno a su proceso formativo.
En Cuaderno Patria: Desobedecer, de la Instalación La utopía de la educación, la artista escribe: “desobedecer es un compendio de palabras proscritas, prohibidas de promover en el aula escolar, que a manera de vocabulario son un conjunto de acciones que nos llaman a subvertir el orden impuesto, además de ser tachadas, es decir negadas como posibilidad, calificadas como negativas nos hacen pensar en los significados”.

La obra Silencio (Instalación de medidas variables) es explícitamente, la prueba de la generación castrada por regímenes autoritarios, tiempos donde el estudiante repetía lo que el “buen docente” dictaba como sacrosanto dogma y, la reflexión crítica quedaba al margen, fuera del alumno (como se denominaba al estudiante). Si bien en el papel, se han dado cambios como la educación por competencias, donde el estudiante construye la clase y el docente cumple el papel de moderador, este se estrella con rezagos equivocados y traumáticos de los modelos de gobiernos de facto. Por otro lado, el sistema que en la actualidad se intenta implantar, no termina por cuajar, dando así la sensación de estar en un momento de persistente experimentación en el proceso educativo, evidenciándose así, entre el grueso estudiantil confusión entre autoridad y disciplina; propensión hacia una generación amoral, engreída e indiferente, donde el padre es relegado al papel de caja chica.
El Perú de Lima continúa siendo distante al Perú de provincias. Copiándose del centro formas como cambiar el color de uniforme, llenar de fotocopias los cuadernos, etc. Sólo eso, un cambalache superficial que no logra hacer nacer en el interior del estudiante al nuevo educado, al honrado ciudadano. Un ejemplo simple y concreto: se construyen colegios con el mismo diseño arquitectónico tanto en la costa árida, la fría sierra y lluviosa selva. Es este contexto las preocupaciones de Nereida son actuales y permiten volver a la pregunta Vargasllosiana ¿en qué momento se jodió el Perú?

Prometo ser el primero, paradigma que hoy en día se pone como punta de lanza en la formación de los jóvenes, sin importar elementos sensibles como el respeto, el orden personal, la sana convivencia, la solidaridad… Crecen concibiendo su asistencia al Centro Educativo como un paso sin mucha importancia, que les solventará un papel que les permita continuar “su desarrollo profesional” (Ejemplo: la política reboza de ese perfil profesional). En las provincias, la arremetida de los nuevos medios hace mucho ha vencido a los embobados padres y el trauma del gamonalismo, racismo, clasismo, xenofobia y otras anquilosadas formas de pensar, aún se heredan como modelos en la formación colegial; por otro lado, el profesional docente, en condiciones de sobrevivencia, no logra cumplir en “el salón” con los estándares escritos en negro.
“Escuchar con las manos”, es una antología donde Nereida, con su obra, confronta desde hace mucho, con impecable madurez, originalidad y limpia esteticidad, problemas mayores que doscientos años luego siguen clamando respuestas y resultados (Pozuzo, junio 2024).




