Neonatología en crisis: 14 bebés y una cadena de dudas

La concentración de familiares de 14 recién nacidos hospitalizados en neonatología del Hospital Regional Hermilio Valdizán ha colocado bajo escrutinio público la gestión de un área crítica que atiende, en su mayoría, a bebés prematuros y en estado delicado. La principal demanda no fue un alta médica inmediata, sino información clara sobre alimentación, disponibilidad de insumos y posibilidades reales de referencia a Lima.
Durante la cobertura periodística, una enfermera del servicio indicó que no podía brindar declaraciones porque se encontraba en la unidad de cuidados intensivos, a la que calificó como “área crítica”. Minutos después, el licenciado Rudy Jara, quien se identificó como personal del área de calidad, sostuvo que el hospital “siempre da atención al público” y que los médicos especialistas vienen brindando “la atención adecuada”, según declaró ante la prensa.
El propio Jara confirmó que actualmente hay “14 pacientitos” en neonatología y que la mayoría son prematuros, algunos con inmadurez pulmonar y otros con complicaciones digestivas. Añadió que el hospital realiza coordinaciones y teleconsultas con hospitales de Lima para gestionar referencias, pero que la respuesta recurrente es que “no hay camas o no hay incubadoras”, lo que prolonga estancias que ya superan los 11 días en algunos casos.
La brecha entre la versión institucional y el testimonio de los padres fue evidente. Una madre de la familia Orizano Flores señaló que sus gemelas prematuras llevan 11 días hospitalizadas y que no reciben fechas ni avances concretos sobre una eventual referencia. Según su versión, solo tras organizarse en grupo lograron ser atendidos por personal administrativo.
El punto más sensible giró en torno a la nutrición parenteral, soporte vital para neonatos críticos. Padres afirmaron que se les informó que algunos bebés la requerían, pero que el insumo recién llegaría “el martes”. Uno de ellos declaró que compró por cuenta propia la nutrición en una oportunidad, pero que luego la jefatura le comunicó que estaba “terminantemente prohibido” hacerlo si los menores están cubiertos por el Seguro Integral de Salud (SIS).
La discusión trasciende un episodio puntual. Si 14 pacientes ocupan incubadoras distribuidas en “unidad A”, “unidad B” y ambientes del quinto y sexto piso, como indicó Jara, la ausencia de una cifra exacta sobre capacidad instalada revela un déficit de información básica en un servicio que, por definición, trabaja al límite de sus recursos. En áreas de alta complejidad, cada cama y cada incubadora cuentan.
El caso remite a una problemática más amplia: la saturación de hospitales regionales y la dependencia de referencias a Lima. Cuando la respuesta sistemática es “no hay camas”, el cuello de botella no solo afecta a 14 bebés en Huánuco, sino a un sistema que centraliza la atención especializada y deja a regiones con capacidades restringidas.