NEGRO CIELO

Por Arlindo Luciano Guillermo

Narrada en tercera persona del singular y, a veces, en el plural de la primera, Negro Cielo es una novela que gira alrededor de cinco ejes temáticos: aculturación consciente del ingeniero geólogo John Bonell en la comunidad de Jircán, tradiciones y costumbre populares de comunidades indígenas, situación social y cultural de los indios en los pueblos del valle de Monzón, fallida instalación de la Marañón River Place INC en Uchpapampa y fundos agrícolas, comerciales y cocaleros en Yunca Huasi, Texas y Tambo Carmen y presencia de estratos sociales y dinámica socioeconómica (comunidad de Jircán, comerciantes de Dos de Mayo y Llata, trabajadores asalariados, clero, autoridades políticas y policiales y foráneos [Bonell, Smith, McCuneo]). El hecho más relevante es la “resurrección de Bonell” en casa de taita Achico, luego de haber contraído el tifus exantemático por la picadura de piojos. Bonell es declarado, por la comunidad, “hijo predilecto de Jircán, el “gringo de taita Achico”. La producción de coca (“oro verde”) en los fundos no tiene fines ilícitos ni termina en los pozos de maceración del narcotráfico, sino de consumo de campesinos y obreros mineros para enfrentar la dureza de las jornadas de trabajo.

Negro cielo no tiene notables méritos estéticos, estilísticos ni técnicos; sí un tema de poderoso impacto (resurrección de Bonell y su aculturación), secuencia narrativa que alterna escenarios y tiempos (Uchpapampa, Jircán, fundos cocaleros, valle del Monzón, Dallas, travesía por caminos de herradura bajo adversas condiciones climáticas), diversidad de personajes, costumbres enraizadas ancestralmente en la comunidad, mantiene constante el entusiasmo del narrador omnisciente. A principios del siglo XX, el indio vivía en una situación de pobreza, miseria, servidumbre, sin educación ni oportunidades, bajo la férula de gamonales crueles, un Estado indiferente y ausente. Para viajar de Jircán a los fundos de taita Achico o Bonell no hay carretera, la odisea dura días de abnegación y heroísmo. En 1972, ya se había producido la reforma agraria (24 de junio de 1969) y se instaura la categoría de campesino. El tema del indio, de la tierra y el movimiento indigenista estaban en boga y en la agenda de escritores, pensadores y gobernantes. En 1889, Clorinda Matto de Turner escribe Aves sin nido (Manuel y Margarita son hijos del mismo cura en mujeres diferentes), Cuentos andinos (1920) puso en vitrina a indios furiosos y bárbaros en sus acciones y pensamiento, las novelas de Ciro Alegría y José María Arguedas dieron una versión veraz y fidedigna del indio. En 1928, José Carlos Mariátegui publica Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, estaba vigente la ley de conscripción vial; era el oncenio de Leguía.    

Antes de 1972, en Huánuco se habían publicado importantes novelas: Indios y venados (Justiniano López Cornejo), Leoncio Prado. Una vida al servicio de la libertad, No se suicidan los muertos y Extraño caso de amor (Esteban Pavletich), Vagancia y En la noche infinita (Miguel de la Mata). La primera edición de Negro cielo aparece en 1972; luego aparecen dos más: 2008, 2020; esta última –“no venal”- conserva el prólogo de reivindicación antropológica de Augusto Cárdich, hijo del autor de la novela; además contiene dos textos más: “Presentación” de Raúl Vergara Rubín (“es una novela realista cuyos escenarios se ubican en la provincia de Dos de Mayo y Huamalíes, razón por la que sería importante que los estudiantes de su ámbito se deleiten con su lectura”) y “A propósito de Negro cielo” de José Varallanos, escrito en agosto de 1981 (“… Negro cielo es una novela realista  o que dice más de la verdad y de la vida que de la belleza o estética literaria.). En la contracarátula aparece una remembranza sentida y gratitud sincera de Wilmer Fausto Ramos Giles. “Ese niño era yo y ese anciano don Tomás Cárdich Rosas, hermano de mi abuela doña Emilia Cárdich Rosas”; consigna un “Vocabulario” que registra alfabéticamente 44 palabras procedentes del quechua. Andrés Cloud y Mario Malpartida, en Antología huanuqueña. Siglo XX. Tomo I. Narrativa (1989), ubican a Pedro N. Cárdich, y Negro cielo, como un novelista del Alto Marañón. Dicen: “…tomando como elemento pretextual la lenta y progresiva aculturación del joven geólogo norteamericano Bonell en la comunidad de Jircán, Pedro Cárdich va interpolando al tema central descripciones y referencias de diversa índole…”. Luis Mozombite, en Ars nativa, le dedica un párrafo de siete renglones a Pedro Cárdich y a Negro cielo, entendible porque se trata de un “Sucinto panorama de la narrativa en Huánuco”. Mario Malpartida, en el suplemento Aspaviento, anota: “…la historia narrada supera largamente a los recursos estilísticos empleados los que, sin embargo, se ven compensados con el manejo de la estructura novelesca, aun cuando el contenido termine imponiéndose a los aspectos formales”.          

Los indios de Negro cielo no tiene patrón ni se mencionan haciendas ni abusos de autoridades políticas ni sacerdotes ultrajadores. Pedro Cárdich no centra su interés en el período feudal ni en la postración de los indios, sino en sus vivencias e idiosincrasia. La historia literaria abarca desde 1907 (llegada de Bonell a Quivilla) hasta 1923 (carta de Creta Waytt, viuda de Bonell, dirigida a Saturnina de Bueno, Monzón, 8 de diciembre de 1923); es decir, 16 años. El capítulo XV (“El shogpi”) es un tratado de medicina tradicional. “Y dicta el diagnóstico [el shogpiador] como un competente médico y anatomista: pulmones sanos; hígado sano; estómago sano; riñones irritados uno de ellos; intestinos, inflamados por retorcidos…” (Pág. 221)”. Los capítulos “Pichgay chuluc (XVI), “Bonell inca” (XVII), “Huarmy sutay. Desposorio de Cleta” (XVIII) y “Bonell de huanca” (XXII) del segundo libro refuerzan la tesis de la aculturación de John Bonell y Cleta en Jircán. Es un espectáculo extraordinario ver a un norteamericano alto, rubio, de casi dos metros, ojos azules, blanco, vestido de inca, y a Cleta de ñusta en la plaza del pueblo. En la danza, que representa la captura de Atahualpa por Pizarro, Bonell es el personaje principal, vestido como un verdadero soberano. Bonell lidera la danza Huanca, prepara físicamente a los jircanos para combatir contra los quivillanos.  

Negro cielo no presenta al indio desgraciado, pongo, miedoso ante la adversidad, alcohólico; está excluido de la modernidad y del Estado. Los indios de Cárdich viven de la producción autárquica, el comercio, el trabajo comunal y la práctica de sus tradiciones y creencias junto a la cultura occidental. Taita Achico y Llusha tiene un fundo familiar donde siembran coca para autoconsumo y mínima comercialización. Cleta viaja a Dallas; no regresará. Bonell muere en las postrimerías de la Primera Guerra Mundial. La novela resalta el proceso de aculturación de Bonell y Cleta, el sincretismo religioso, la descripción de paisajes ásperos y la presencia de personajes que asumen valientemente la vida cotidiana y la sobrevivencia.