Por: Jacobo Ramírez Mays
Oye, Apóstata, ven, siéntate un ratito aquí a mi lado, bajo este ficus medio torcido. Mira ese desastre frente a nosotros ¿Ves? Te voy a contar algo que parece chiste, pero es tragedia.
Hace años, cuando yo era joven y no me dolían las rodillas, esa Municipalidad tenía otro aire, hasta respetábamos su frontis al pasar, pero ahora, ¡ay mamita linda! Esto ya no es la Municipalidad de Huánuco, y como recientemente estuve en un circo, esteparece a uno de ellos y de los malos, con animales no domados, magos que desaparecen de sus puestos de trabajo y payasos, muchos payasos, pero sin gracia.
Tú dirás que exagero, pero escúchame bien: de los siete días de la semana, cierran la calle General Prado seis; y el séptimo día, también ¿Por qué la cierran? Porque sí, porque alguien amaneció creativo, porque hay presupuesto que no se puede quedar sin gastar. Que feria de emprendimiento, que campaña de salud, que desfile de perros disfrazados. ¡El otro día hasta vi un perrito vestido de gorochano! Por todo, la cierran.
El tabladillo lo arman bien tempranito, como si fuera misa de gallo y, algunas veces, en la tarde lo desarman, no por orden, sino por tradición: tradición de justificar el pago. Estoy seguro que los que lo arman ni preguntan qué evento es y algunos encargados de ello lo único que quieren saber es si hay “logística”, que así llaman ahora a la feria del sobre cerrado.
Y mientras tanto, ¿dónde está el alcalde? No se sabe, tal vez mirando huecos de las calles, tal vez viajando en un bajaj, disfrutando de una congestión vehicular o marcando espacios en la pista por la Laguna, para la feria creyendo que Huánuco está progresando. ¡Progresando! Esta ciudad no progresa, esta ciudad está convulsionando. Le tiemblan las calles del puro maltrato.
Y no se si estuviste por acá en diciembre del año pasado ¡Dios mío bendito! Cuando debería haber paz, cerraron la Plaza por más de veinte días. Veinte, como si Jesús estuviera naciendo a cada rato entre parlantes y tabladillos. Y para colmo, los músicos cambiaban el ritmo de los negritos. ¡Le meten no sé qué diablos! Te juro que vi a un danzante hacer pasitos de Michael Jackson. Pero eso dejaremos para otro momento.
¿Y qué pasa con eso? Nadie fiscaliza nada, porque todos están en la danza. Aquí el que no baila, no cobra y el único que siempre termina bailado es el pueblo, tú, yo, la señora que vende emolientes, el mototaxista que se atrasa por las calles cerradas y congestionadas.
Y dime, ¿para qué tanto escenario? ¿El alcalde va a lanzar su disco de tecnocumbia? ¿O va a postular a Yo Soy como imitador de voz ronca? Porque ya solo falta que declaren la Plaza de Armas como zona turística de entretenimiento permanente. ¡“Huánuco Disneylandia” se va a llamar! Con entrada libre, pero tráfico incluido.
Y detrás de cada cerrada de calle y armado de toldos hay algo más: contratos, proveedores, comisiones. Detrás de cada parlante hay un sobre y detrás del tabladillo, una factura con precio de oro y, el que no cobra nunca, es el que va al hospital para hacer cola por una cita, el padre de familia que lleva a sus hijos al colegio maldiciendo la congestión, el que tiene que cruzar la Plaza a pie y llegar a su trabajo sudando.
Y luego salen con ese cuentito de “evento cultural”. ¿Cultural, dices? ¡Ni en las borracheras de mi barrio hay tanto escándalo! A esto no le falta cultura: le sobra caradura.
Pero bueno, Apóstata, tú que escribes, ahora más o menos, y no le temes a nadie, anda y cuéntalo, pues. Di que en Huánuco el espacio público ya no es del pueblo sino delcapricho, que aquí el poder no construye sino decora, no gobierna: entretiene y todo eso, seguro, con fondo público y, en donde el arte más trabajado, es el del sobreprecio.
Así que anda, anda y escribe mientras yo aquí me quedo, viendo cómo arman otro tabladillo porque creo que hoy toca «Concurso de canto para regidores desafinados».
Las Pampas, 07 de agosto del 2025




