La Iglesia Católica se enfrenta a un momento trascendental con el fallecimiento del Papa Francisco a los 88 años en la Casa Santa Marta del Vaticano. Su deceso marca el fin de un pontificado de 12 años caracterizado por un enfoque en la inclusión y una notable atención a los marginados, buscando revitalizar una institución necesitada de renovación.
Según la investigación publicada por The New York Times, el Papa Francisco, originario de Argentina, irrumpió en la escena mundial como el primer Papa jesuita y latinoamericano, desafiando las corrientes conservadoras y defendiendo incansablemente a los migrantes, los oprimidos y la salud del planeta.
Su liderazgo representó un punto de inflexión tras la renuncia de Benedicto XVI, figura emblemática del conservadurismo católico. Francisco asumió el timón de una iglesia sacudida por escándalos de abusos sexuales, la disminución de feligreses y la creciente demanda de un papel más relevante para las mujeres. Su respuesta fue una reestructuración gradual, nombrando obispos con una visión pastoral y acogedora similar a la suya, con el objetivo de modernizar y abrir la iglesia.
El legado de Francisco incluye haber abordado temas considerados tabú dentro de la Iglesia, abriendo debates impensables hasta entonces. Inicialmente, enfrentó críticas por su gestión de los casos de abusos sexuales, pero tras escuchar a las víctimas, implementó nuevas normas para responsabilizar a los líderes religiosos. Sin embargo, algunos consideran que no alcanzó el nivel de transparencia deseado.
En cuanto a los derechos LGTBIQ+, su postura fue ambivalente. Rechazó el matrimonio igualitario, pero instó a los sacerdotes a acoger a las personas con orientaciones sexuales no tradicionales. Su enfoque se centró en problemas globales como el cambio climático, la pobreza y la migración, buscando soluciones y generando conciencia sobre estos temas cruciales.
El pontificado de Francisco no estuvo exento de controversias. Los católicos conservadores lo criticaron por su estilo de liderazgo poco convencional y lo acusaron de diluir las enseñanzas de la Iglesia. A pesar de las críticas, sus partidarios destacan su valentía al plantear interrogantes y su compromiso por introducir cambios duraderos.
Su cercanía con los migrantes, los pobres, las víctimas de abusos y la comunidad LGTBIQ+ fue una constante. Realizó viajes a países marginados y buscó mejorar las relaciones con China, los líderes musulmanes y las diversas corrientes del cristianismo, promoviendo el diálogo y la reconciliación.
El impacto de Francisco en la Iglesia Católica es innegable, dejando un legado de apertura y preocupación por los más vulnerables. Su fallecimiento marca el fin de una era y plantea interrogantes sobre el futuro de la institución y la continuidad de sus reformas.




