De Israel Tolentino
Desde que conocí a Giorgio Di Giovanni, alguna vez andando por Huácar, Salapampa, Ambo, esperando sentado en un mixto conocer Cochachinche, lugar de donde era uno de sus profesores en la Universidad Católica (PUC), asentí con cariño y una ligera sonrisa su precisión para con sus títulos, sus devaneos tras su proceso creativo.

Admiro a Di Giovanni, mucho antes que a Basquiat, con seis años menor que éste, el proceso de formar su panteón de criaturas, una más original que otra no ha cesado; recuerdo esa formidable obra titulada “The Mula”, la grafía y la manera de resolver aquella pintura, no la había visto en ningún artista local. Terminaron los noventas y Basquiat entró a ser parte de las influencias juveniles y una buena porción de artistas talentosos sucumbieron al canto del sireno.
“Muchas noches”, es el título perfecto de esta individual y contiene en esa frase, todo el derrotero que un artista debe vivir para descubrir los seres que pueblan el blanco de sus telas; un quehacer con una parte arcaica, donde la imagen encuentra su respuesta en las dos dimensiones OXY; devolverle a la pintura su esencia: Mi ojo me reclama la bidimensionalidad, diría alguna vez el artista; el efecto de tercera dimensión o concavidad no son su afán, indaga en el origen, como el artista de Lascaux o Toquepala, pintando bisontes o camélidos y su contemporáneo Jean Michel Basquiat (1960 – 1988), ancestralmente actual. Giorgio en su taller, seguro que no tiene una lámina de su par americano, pero si grafitis hechos por Santiago y Daniel, sus hijos.

Hay una fauna urbana difícil de encontrar en esta época. La ciudad, esa entidad orgánica por donde se mire, se torna fuente en la obra de Giorgio di Giovanni. El hombre de las veredas y noches muestra sus cavilaciones: cielo/infierno, paraíso/hades… morado por perros, gatos, aves, burros, peces, árboles, cactus; ciclistas, músicos, mendigos, todos en un mismo nivel de significación. Su universo único, acuoso, cavernario, donde como un periscopio, muestra intervalos de su naturaleza sin arriba ni abajo ni derecha o izquierda, donde el horizonte canónico duda de su existencia y gana un estarse dentro, en una zona de melancolía, sin perspectiva, con un paso hacia lo profundo y hacia afuera. Todo aparente.
El sistema ha enseñado a creer que, si de un cuerpo brota una rama con una hoja, es un hibrido; en “Muchas Noches” es todo lo contrario, ser planta o ser animal u hombre, da lo mismo, perpetua simbiosis. La ciudad es reflejada en el silencio de los cuadros hechos bajo el influjo de la música, sin pintoresquismo, ni otra ostentación técnica, como el agricultor, aplana el terreno para sembrar trazos con el carbón vegetal preparado por él y llena los campos de colores al óleo… Cada criatura escrita es al final una palabra irrepetible, como las muchas noches bajo la lámpara de su taller.

Cuando el visitante, se va acercando al lienzo, la distancia del observador con la obra se disipa y queda dentro de ese espacio su sombra y su respiro; en los cuadros no se necesitan de ojos para existir, pero si, necesidad del color para dar luz y vida a los lugares ignotos de lecho marino o grietas en el Sial o cara del mundo que el sol deja a oscuras; una necesidad material que al ser línea y color se transforma en ofrenda. En la plenitud de su obra, hay sin embargo un espacio donde respirar, lo dicen las narices de sus creaturas y unas letras antiguas que tararea en alguna noche sin darse cuenta: “cuando Agustín se sienta al piano, diego Rivera lápiz en mano, dibuja a Frida Khalo desnuda. Se escapó de una cárcel de amor, de un delirio de alcohol, de mil noches en vela…” cada imagen es vida detenida.
Giorgio di Giovanni ha sabido ganar premios y reconocimientos, sin embargo, lleva en su manera de vivir artísticamente una modestia implacable, bien le vale, lo que dice Gerhard Richter: Hablar de pintura no solo es muy difícil, incluso pueda que sea inútil, también esa pregunta estereotipada que se suele hacer: ¿en qué pensaba al pintarlo?, no se piensa nada, porque la pintura es una forma diferente de pensar (Israel Tolentino. Prusia, 2023).





