La dependencia de Occidente de minerales estratégicos, cruciales para las tecnologías del futuro, se ve amenazada por el control que ejerce China sobre las tierras raras, un grupo de 17 elementos indispensables para la fabricación de vehículos eléctricos, turbinas eólicas y sistemas de defensa. Esta situación plantea serias dudas sobre la resiliencia de las cadenas de suministro occidentales y su capacidad para competir en un mercado global cada vez más tecnológico. Recordemos que, según datos de la Agencia Internacional de la Energía, la demanda de minerales críticos podría multiplicarse por seis de aquí a 2040, impulsada por la transición energética.
Según la investigación publicada por The New York Times, una mina brasileña respaldada por inversores estadounidenses ilustra la férrea sujeción de China sobre los minerales estratégicos que sustentan la economía moderna.
La mina a cielo abierto, ubicada cerca de una pequeña localidad en la zona rural de Brasil, representa una potencial solución al problema que enfrenta Occidente para obtener tierras raras críticas, elementos esenciales para la construcción de vehículos eléctricos, turbinas eólicas, misiles teledirigidos y robots. Inaugurada el año pasado y financiada por capital estadounidense, se presenta como la única mina fuera de Asia que produce cantidades significativas de algunas de las tierras raras más difíciles de encontrar. Este proyecto se sitúa en un contexto global donde las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China se han intensificado, afectando el suministro de estos materiales esenciales.
Ante la hegemonía china en la producción de tierras raras y la restricción en el suministro de estos metales estratégicos en medio de una creciente guerra comercial, el gobierno de Estados Unidos reveló discretamente el mes pasado su interés en financiar la expansión de la mina brasileña. El objetivo es claro: diversificar las fuentes de suministro y reducir la dependencia de China. No obstante, existe un obstáculo significativo: la mina ya tiene un contrato para vender su producción de tierras raras a China. Esta situación pone de manifiesto las complejidades geopolíticas y económicas que rodean el acceso a estos recursos críticos.
El director ejecutivo de Serra Verde, la empresa detrás de la mina, Thras Moraitis, reconoció que “eran el único cliente que podía procesar el producto y separar el producto”. Subrayó que “la planificación perspicaz de los chinos durante muchas, muchas décadas los ha colocado en una posición en la que tienen un control muy fuerte”. La infraestructura de procesamiento y refinado de tierras raras, concentrada mayoritariamente en China, representa una barrera de entrada significativa para otros países que buscan competir en este mercado.
La situación de la mina brasileña expone la vulnerabilidad de Occidente en lo que respecta a los minerales vitales para la economía y la defensa del futuro. La falta de inversión en la extracción y el procesamiento de tierras raras en las últimas décadas ha dejado a Estados Unidos y a otros países occidentales en una posición desventajosa. Ahora, se enfrentan al desafío de encontrar alternativas viables para competir con el dominio chino en este sector estratégico. Según un informe de la consultora Adamas Intelligence, China controla el 85% de la capacidad mundial de procesamiento de tierras raras.




