Guardián de la tradición y el arte popular de Huánuco
Miguel Piñan Julca, nacido el 29 de septiembre de 1934, es un ícono vivo de la danza tradicional peruana, cuya trayectoria de más de siete décadas está marcada por un profundo amor y compromiso hacia las raíces culturales de su comunidad. A sus 91 años, este huanuqueño se ha convertido en el corochano más antiguo de Huánuco y en un pilar fundamental de la cuadrilla de los Negritos de Chacón, una de las expresiones culturales más significativas de la región. Su vínculo con la danza se remonta a 1954, cuando con apenas 20 años, fue invitado por Fernando Fernández Flores (conocido como Chacón) a formar parte de esta emblemática cuadrilla. Junto a sus compañeros de vida y danza, los hermanos Eloy y Waco Flores, Miguel comenzó a escribir una historia que trasciende generaciones. Desde entonces, su dedicación a esta tradición no ha cesado, convirtiéndolo en un referente indiscutible del arte y la identidad popular de Huánuco.

Uno de los momentos más destacados de su carrera tuvo lugar en 2023, cuando Miguel, junto a la institución de Chacón Beaterio, llevó la Danza de los Negritos a escenarios internacionales durante una gira en Argentina. Buenos Aires, La Plata y Rosario fueron algunas de las ciudades que recibieron con entusiasmo esta manifestación cultural única. El papel de Miguel no solo fue el de un bailarín experimentado, sino también el de un embajador cultural que, a través de cada paso, conectó a dos naciones mediante el lenguaje universal del folclore. Su participación simbolizó la riqueza y profundidad del legado afroperuano que representa la cuadrilla de los Negritos de Chacón.

La danza de los Negritos es mucho más que un espectáculo; es una representación viva de la historia, la espiritualidad y el alma de su pueblo. Miguel asumió desde joven la responsabilidad de preservar y transmitir esta tradición. Su dedicación no se limita al escenario, sino que se extiende a ser un maestro y guía para las nuevas generaciones, asegurando que este legado cultural permanezca vigente. Cada movimiento que interpreta Miguel está cargado de significado, entrelazando la riqueza del patrimonio afroperuano con las historias de resiliencia y celebración que forman parte de la identidad huanuqueña. Su arte es un testimonio de la importancia de proteger nuestras raíces para las generaciones futuras.

Hoy, Miguel Piñan Julca es más que un bailarín; es un símbolo viviente de la memoria colectiva de Huánuco. Su vida está impregnada de pasión, disciplina y amor por la cultura, valores que han dejado una huella imborrable en su comunidad. Este homenaje busca reconocer no solo sus 70 años de trayectoria artística, sino también su rol como custodio de una tradición que une y enriquece a todos los que tienen el privilegio de conocerla. El legado de Miguel trasciende el tiempo y el espacio, recordándonos que las tradiciones viven gracias a personas como él: dedicadas, comprometidas y apasionadas. Su ejemplo es una inspiración para preservar y celebrar nuestras raíces culturales.




