Luis Hernán Mozombite (*)
El sindicalista, político, periodista y escritor autodidacta Miguel de la Mata Beraún entró a trabajar muy joven en las minas de Cerro de Pasco, regentadas en ese entonces por la empresa estadounidense Cerro de Pasco Copper Corporation. Ideológicamente, se afilió en un principio a las filas anarquistas, fundando el primer sindicato minero de la zona central del país. Posteriormente, a partir de 1930, fue militante del Partido Aprista Peruano y, como tal, sufrió persecuciones y encarcelamientos. Estos últimos los pasó entre las tristemente célebres prisiones de El Frontón, la Sexta Comisaría de Lima (El Sexto) y el Sepa.
Se dedicó de igual modo al periodismo, fundando varias publicaciones como La Antorcha, con la finalidad de defender los derechos de los mineros, y La Aurora, en 1927, junto a J. M. Arnau. También llegó a representar a Huánuco como diputado en tres oportunidades: 1946, 1961 y 1963. Alcanzó a publicar dos novelas: Vagancia (1957), sobre el sórdido mundo de las prisiones peruanas, y En la noche infinita (1965), que aborda sobre las duras condiciones del trabajo en las minas.
Vagancia es una suma de “postales” –así las llama su autor– o estampas relativamente independientes, pero que el escenario común, los personajes que se repiten y el mismo marco temporal en que suceden los hechos, dotan de unidad a su universo representado. Tiene como objetivo principal la denuncia de las inhumanas condiciones de vida que se padecían en las cárceles del Perú. Por las distintas “estampas” de esta novela van desfilando personajes y acontecimientos descritos con prosa precisa y descarnada, no exenta de una vena poética y de una prístina ternura hacia esos desventurados que, por diversas circunstancias de la vida, terminaban privados de su libertad en la Sexta Comisaría de Lima, más conocida como El Sexto, sórdida prisión representativa de todas las cárceles peruanas. Allí son convertidos en desechos humanos por una sociedad egoísta y brutal. Sin embargo, a pesar de esa aparente heterogeneidad, la obra se nos ofrece como un conjunto muy coherente.
Otro aspecto que vale la pena resaltar es en lo tocante a la psicología de los personajes. La mayoría de ellos están trazados con bastante acierto, sorprendiéndonos incluso con páginas soberbias, como aquéllas en las que se nos presenta el dramático estado del vago Corbacho. Por otro lado, el paso monótono y desesperante del tiempo en la prisión, la temible llegada del invierno, las pasiones y corruptelas tejidas al interior del penal, la jerga carcelaria, etc., tienen el mérito de haber sido plasmados con autenticidad y sin eufemismos que opacarían su verosimilitud. De esa manera, Miguel de la Mata se nos muestra como un certero recreador de ambientes y de atmósferas.
En la noche infinita, por el contrario, es una novela que se ambienta en el mundo inmisericorde de las minas explotadas por la empresa norteamericana Cerro de Pasco Copper Corporation. A diferencia de la novela anterior, aquí hay un núcleo central, que no es otro que la historia de un joven campesino huanuqueño, Juan Cajahuanca, que empujado por la dura crisis que golpeaba al agro peruano, abandona su pueblo, Chullay, para dirigirse a la ciudad de Cerro de Pasco, con el fin de trabajar en las minas. Se inicia como peón “lampero”, la categoría más baja del trabajo minero, y como tal se encargaba de echar mineral con una lampa a una carretilla para transportarla a continuación a una tolva; luego asciende a ayudante y, finalmente, a maestro perforador; entonces tiene que abrir agujeros en las paredes de la mina para que en ellos se coloquen las cargas de dinamita que permitirán romper las rocas y extraer el mineral de sus vetas. Pero, el polvillo del mineral que se produce al perforar las rocas se adentra con la respiración en los pulmones y se adquiere la enfermedad conocida como la neumoconiosis o silicosis, con síntomas similares a la tuberculosis. Esto le sucede a Juan Cajahuanca, y en un intento desesperado por librarse de dicha enfermedad, regresa a su pueblo natal, donde morirá irremisiblemente. Pero antes, al poco tiempo de su retorno, un amigo comunero, Mateo Crispín, le cuenta que ha visto a un gringo y un peruano, que seguramente estaban al servicio de alguna empresa transnacional, buscando muestras de mineral. Alarmado ante la posibilidad de que en la zona se abra una mina, lo que acarrearía la destrucción de su pueblo, asesina a los “muestreros” con la ayuda de su amigo y un hermano de éste.
Acompaña a este núcleo una serie de historias relacionadas con el pavoroso mundo de las minas, en el que se conjugan sobrecogedoramente la terrible acción de la naturaleza y las injusticias de la empresa norteamericana y sus esbirros; así como la formación del primer sindicato de trabajadores mineros de la zona central del país, junto a algunos actos de valor acometidos por los míseros pobladores del Ande, que en busca de mejores condiciones de vida se atenían a ser inhumanamente explotados en las minas. Esta gran diversidad de historias secundarias no le quita dinamismo ni fuerza persuasiva a la novela. Por el contrario, estas múltiples historias le permiten a Miguel de la Mata mostrarnos un gran fresco de la situación económico-social que caracterizó a la época y a la región.
Entre las historias que van desfilando, merece destacarse aquella de la desaparición de la comunidad de Huaylaspampa a causa de las emanaciones tóxicas que despedían las chimeneas de la Fundición. Aquí se observa una temprana denuncia en defensa de nuestra ecología, pues dichas emanaciones tóxicas van aniquilando primero los animales, luego las sementeras y, posteriormente, espantan a los seres humanos, empujándolos a las minas causantes de su tragedia. En la novela está presente también el relato de la atroz matanza de mineros en la zona de Mal Paso, que ha pasado a la historia de las luchas populares como uno de los peores crímenes en contra del pueblo peruano.
En los treinta y dos apartados en que está dividida En la noche infinita encontraremos páginas plenas de profundo y sincero humanismo, soberbias descripciones de tipos humanos y del vientre monstruoso de la mina, así como una poesía prístina en consonancia con el mundo andino de donde era y que tanto amó, de la misma manera como amó profundamente a los desheredados de la fortuna.
El escritor pasqueño Luis Pajuelo Frías, haciendo cálculos sobre la base de unos datos deslizados en la novela –Cajahuanca trabaja cuatro años y, un poco antes de la caída de la dictadura de Augusto B. Leguía (1930), retorna a Chullay–, considera que la época en que suceden los hechos es la comprendida entre 1927 y 1932. Es una de las épocas más difíciles y, al mismo tiempo, más esperanzadoras para la clase trabajadora. Los años veinte y treinta se caracterizaron porque hubo un ascenso pocas veces visto de las luchas populares, debido a que la clase obrera empezó a organizarse en sindicatos y surgen los partidos políticos de inspiración socialista: el APRA y el Partido Comunista. Pero, como contrapartida, fueron los años en que se sucedieron las tiranías más duras que ha sufrido el país (las de Leguía, Luis M. Sánchez Cerro y Óscar R. Benavides); la persecución política, el presidio e, incluso, el asesinato selectivo fueron las armas esgrimidas por la oligarquía para frustrar esa amenaza a sus intereses.
(*) Luis Hernán Mozombite Campoverde. Escritor y docente universitario. Es autor de los libros Huánuco: nueva poesía (1995),Forjadores de la cultura huanuqueña (2002, 2012) Ars nativa. Apuntes sobre literatura huanuqueña (2010), Apuntes sobre literatura peruana (2011), Enturbiando el amor (2015), Un buen amigo y otras historias (2016, 2017) y Paremiología española (2017).




