Mientras sigamos jugándole sucio a la ley

Mientras sigamos jugándole sucio a la ley

Jorge Farid Gabino González

Escritor, articulista, profesor de Lengua y Literatura

Quizá la única manera realmente eficaz de no tener que ocuparnos más del asunto, de dejar por fin y para siempre de estar dando la lata con la misma manida y trillada cuestión, de terminar de una vez por todas con esa insensata manía nuestra de andar abordando de forma reiterativa algo que en principio parece no interesarle a nadie, sea precisa y paradójicamente haciendo ni más ni menos que todo lo contrario, esto es, tocándolo hasta el hartazgo, repitiéndolo hasta la náusea. Que no de otra forma parece ser que se nos convence a los peruanos de la imperiosidad de hacer, o dejar de cometer, ciertas cosas. Precisamos, todavía, que se nos machaquen las lecciones, que se nos instruya a la antigua. Lo que en buen cristiano resulta equivalente a afirmar que nos complacemos ante las invectivas, que nos solazamos ante las mentadas de madre. Es una de nuestras principales características. No tiene ningún sentido negarlo. A ello entonces.

¿Será posible que año tras año, o, mejor, que elección tras elección, sigamos llevando al poder a sujetos de probada incompetencia para el ejercicio de las funciones inherentes a los cargos a que postulan, aun cuando de su referida incapacidad para cumplir con su trabajo podrían derivarse consecuencias tan nefastas como las que ahora sufrimos a causa de los embates de la naturaleza, y a la falta de ejecución de obras de infraestructura que, de haberse realizado oportunamente, habrían contribuido, por ejemplo, a atenuar las secuelas dejadas por el devastador ciclón Yaku? Pues resulta que eso que en circunstancias normales no tendría por qué ocurrir, no solo ocurre a vista y paciencia de todo el mundo, sino que encima lo hace a diario, y desde tantísimo tiempo atrás, a decir verdad, que ya nadie parece saber con exactitud en qué momento fue que comenzó a suceder todo esto.

¿Será posible que a pesar de haberse contado en su momento con miles de millones de soles para la realización de obras de infraestructura destinadas a la prevención de futuros posibles daños causados por la furia de la naturaleza en diversas zonas críticas del país, se haya preferido por el contrario malgastar esos valiosos recursos en la contratación indiscriminada de asesores y consultores, que lejos de haber contribuido, cuando menos, a la atenuación del problema, a lo único a lo que nos habrían llevado sería más bien al inminente colapso del país? Pues está ya a todas luces probado que los dineros de todos los peruanos presupuestados para la reconstrucción del Perú, sobre todo en aquellas zonas más duramente golpeadas por los fenómenos naturales durante el breve gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, jamás llegaron a su destino; todo lo contrario, acabaron, para variar, yendo a parar a lugares a los que en principio jamás estuvieron destinados: los bolsillos de la corrupción.

¿Será posible que las autoridades directamente involucradas en el otorgamiento de los permisos necesarios para levantar edificaciones en zonas de alto riesgo debido a factores relacionados con los embates de la naturaleza, continúen, tozudas, brindando las autorizaciones que a la corta o a la larga terminarán constituyéndose en los desencadenantes de nuevas y duras crisis? Y es que, si ni siquiera se puede confiar ya en el buen tino y criterio de nuestras autoridades para sacar adelante al país, dotando a sus ciudadanos, por ejemplo, de los títulos de propiedad de sus viviendas que, llegado el caso, podrían convertirse en aval para futuros emprendimientos, por lo menos deberíamos confiar en el buen tacto de la población civil, que tonta no es. Por lo menos no lo suficiente como para no darse cuenta de que si edifica su vivienda al borde del cauce de un río o quebrada, tarde o temprano terminará arrepintiéndose, pues podría ocurrirles como a muchos de los compatriotas que actualmente vienen sufriendo por causa del crecimiento del caudal de los ríos: que se queden sin nada.

Lástima que, a menos que se materialice la idea tantas veces postulada de que solo trabajando de la mano población y autoridades se podrá lograr algún día que escenas como las vistas en las últimas horas no se vuelvan a repetir, todo hace indicar que continuaremos padeciendo de ese mal muy peruano consistente en no hacer caso a las advertencias sino hasta que nos sobrevienen las desgracias. Mientras eso no cambie, se seguirán repitiendo una y mil veces las consabidas historias en las que, pudiendo haberse hecho algo para evitar los desenlaces fatales, al final no se mueve ni un dedo para evitar la fatalidad. Mientras sigamos eligiendo como autoridades a gentes ineptas, continuaremos padeciendo las consecuencias de llevar al poder a individuos incapaces de gobernar hasta sus propias vidas. Mientras sigamos jugándole sucio a la ley, persistiremos en hacer lo que nos dé la gana, esto es, por ejemplo, construir nuestras viviendas en el primer lugar que se nos ocurra, incluso cuando de las acciones que tomemos pueda llegar a depender no solo nuestro propio futuro, sino también el de aquellos que directa o indirectamente dependen de nosotros: los nuestros.