Un campeón mundial de halterofilia ocultó una devastadora adicción a esteroides y cocaína, despojando a su familia de £35,000 y llevándolo a tres intentos de suicidio, antes de una milagrosa recuperación.
En noviembre de 1990, un atleta que fue campeón mundial de halterofilia a sus 37 años en 1988, abandonó a su familia, llevándose £35,000 de sus ahorros. El hombre, que parecía invencible, estaba secretamente atrapado en una profunda adicción a esteroides y cocaína que casi le cuesta la vida en tres ocasiones.
Según la investigación publicada por The Guardian, la historia de este padre de familia resalta la peligrosa evolución del abuso de sustancias en el deporte y cómo la adicción puede ocultarse tras una fachada de éxito. Se estima que entre el 1% y el 5% de la población general adulta ha usado esteroides anabólicos, una cifra que asciende hasta el 6-10% en algunos subgrupos masculinos jóvenes.
Un Ídolo de 111 Kilos con un Secreto Oscuro
Para su hija, quien entonces tenía solo 13 años, su padre era un adonis de 111 kilos, el hombre más fuerte que conocía, un levantador de potencia que inspiraba respeto. Desde los 15 años, el gimnasio era su templo; una obsesión que lo llevó a competir en fútbol semiprofesional para Leyton FC y a romper el récord de velocidad escolar. Nacido seis años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, en un humilde barrio de Essex, su vida era un testimonio de esfuerzo y disciplina. En 1977, compitió por primera vez en los campeonatos británicos, y en 1981, con su hija de 4 años, ganó su primer campeonato europeo con marcas impresionantes: una sentadilla de 340 kg, un press de banca de 197.5 kg y un levantamiento de peso muerto de 367.5 kg, sin ninguna droga en su sistema. Alcanzó la cima en 1988, a los 37 años, coronándose campeón mundial. La familia lo recibió con celebraciones y su logro resonó en los periódicos locales, siendo nombrado Personalidad Deportiva del Año de Essex. Sin embargo, detrás de la fachada de campeón invencible y exitoso empresario de construcción, se gestaba un problema que comenzó a mediados de los años 80, cuando una lesión en el gimnasio lo llevó a aceptar una “ayuda” para acelerar su recuperación: esteroides anabólicos. Lo que era un secreto a voces en el mundo del levantamiento de pesas de la época, una práctica que cerca del 70% de los atletas de alto nivel de su círculo podrían haber considerado, se convirtió en el punto de no retorno.
¿Cómo Pudo una Adicción Así Pasar Desapercibida por Tanto Tiempo?
La adicción de este padre no lo consumió de la manera estereotípica. En lugar de debilitarlo, la construyó. Los esteroides anabólicos, versiones sintéticas de testosterona, prometían fuerza, masa muscular y confianza. Inicialmente utilizados con fines competitivos, la dependencia se arraigó silenciosamente, alimentando una arrogancia y una sensación de invencibilidad. Con el tiempo, los esteroides abrieron la puerta a otras sustancias. Las anfetaminas, utilizadas para “un empujón” extra en el gimnasio, pronto se volvieron de uso regular. De allí, el salto a la cocaína fue casi imperceptible. La necesidad de más dinero para su consumo lo llevó a trabajar como portero en discotecas, un mundo que rápidamente escaló a oportunidades más lucrativas y violentas como cobrador ilegal de deudas en las calles de Londres. Los efectos psicológicos de los esteroides, como cambios de humor extremos, paranoia, agresión y depresión, se entrelazaron con el consumo de cocaína, creando un coctel explosivo. La familia no notó los sutiles cambios de personalidad; solo veían al hombre fuerte y capaz, sin imaginar que un 30% de los usuarios de esteroides experimentan episodios de “roid rage” o severa irritabilidad, mientras que un 40% sufre de ansiedad y depresión. La adicción se camufló detrás de su disciplina y éxito aparente, haciendo que el descubrimiento final fuera aún más impactante.
Una Traición Financiera y Emocional de £35,000
Dos años después de su mayor triunfo, en noviembre de 1990, el campeón mundial simplemente no regresó a casa. Había huido a Sudáfrica con la mujer con la que le había prometido a su hija no volver a involucrarse, llevándose con él £35,000 en efectivo de la venta de su casa familiar.
¿Cuál Fue el Verdadero Costo de la Obsesión por la Fuerza y el Cuerpo Perfecto?
El abandono de su familia fue solo el inicio de una cascada de traiciones y decisiones catastróficas. En Sudáfrica, el dinero en efectivo se esfumó en pocas semanas en la compra de un departamento y una descontrolada orgía de drogas. Regresó a casa sin un solo céntimo, con solo la ropa puesta, implorando perdón y confesando su adicción a esteroides y cocaína. Durante los siguientes tres años tumultuosos, el padre iba y venía, en un ciclo desgarrador de intentos de rehabilitación fallidos por parte de su esposa. Se divorció y suplicó volver, manipulando a ambas mujeres en su vida. Vendió su anillo de matrimonio para financiar su adicción, y su esposa comenzó a esconder sus joyas cuando él regresaba. La desesperación lo llevó a intentar quitarse la vida en tres ocasiones diferentes, una de ellas la misma noche que ganó su segundo título mundial de halterofilia, evidenciando el profundo abismo emocional al que había caído. Este período no solo devastó a la familia, sino que también dejó una marca indeleble. La dismorfia corporal, un trastorno que afecta hasta 8 veces más a los usuarios de esteroides y los lleva a percibirse siempre “no lo suficientemente grandes”, alimentó su ciclo autodestructivo.
Cientos de Miles de Libras Perdidas y un Corazón del Tamaño de un Globo
El costo financiero de su adicción fue astronómico. El padre estima que despilfarró “cientos de miles de libras” en total, incluyendo la pérdida misteriosa de una villa en España y el departamento en Sudáfrica que pagó en efectivo y luego abandonó, además de joyas vendidas y tarjetas de crédito al límite. Pero el daño más grave fue en su cuerpo. En 1993, cuando finalmente logró desintoxicarse y acudió al médico, le dijeron que era un milagro que estuviera vivo. Su corazón se había hinchado hasta alcanzar el “tamaño de un globo”, y los escáneres revelaron graves daños musculares. Las estrías en el músculo cardíaco eran una evidencia de la miocardiopatía hipertrófica inducida por esteroides, un trastorno que aumenta el riesgo de insuficiencia cardíaca en un 300% con el uso prolongado. Aunque el dolor cardíaco agudo disminuyó, el daño orgánico era irreversible. Ha tenido varias operaciones del corazón y es consciente de que muchos de sus compañeros de levantamiento, que también abusaron de estas sustancias, ya no están vivos, subrayando el riesgo cinco veces mayor de muerte cardíaca súbita entre atletas profesionales.
Un Milagro de Fe y Reconciliación en el Verano de 1993
En medio de todo el caos, la familia encontró un camino hacia la fe. En el verano de 1993, el padre, la madre y el hermano fueron bautizados juntos, y meses después, renovaron sus votos matrimoniales, iniciando lentamente la reconstrucción de sus vidas.
¿Qué Lecciones nos Deja Esta Lucha Contra la Adicción y la Presión Social en la Era Digital?
Hoy, el padre reflexiona con humildad: “Tuve la fortuna de sobrevivir, pero aún sufro las consecuencias de mi adicción”. Se enorgullece de haber asumido sus errores y de haber recibido el perdón de su esposa e hijos, un camino que no todos los adictos pueden transitar. Volvió a competir, esta vez “libre de drogas”, demostrando que el dopaje nunca fue necesario para ganar. Sin embargo, en la era de internet, la presión sobre los jóvenes para lograr un cuerpo “perfecto” es más intensa que nunca. Las redes sociales, donde el 70% de los jóvenes usuarios de esteroides afirman que la imagen es un factor clave, están llenas de cuerpos “bronceados y musculosos” que fomentan expectativas irreales, llevándolos a búsquedas peligrosas sobre sustancias ilegales y la dismorfia corporal. La historia de este campeón, un hombre recio del East End que creyó que su fuerza lo protegería de los efectos perniciosos de los esteroides, es una advertencia atemporal para una sociedad obsesionada con la imagen. Su experiencia nos obliga a cuestionar la fragilidad de la invencibilidad, la importancia de la salud mental y física sobre la apariencia, y la urgente necesidad de educación y apoyo frente a las adicciones en todas sus formas.
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