Por Arlindo Luciano
El título proviene del último verso del poema en prosa “[Los trescientos estados de la mujer”], incluido en Poemas humanos de César Vallejo. Dice Octavio Paz, en el ensayo La llama doble (1993): “El fuego original y primordial, la sexualidad, levanta la llama roja del erotismo y esta, a su vez, sostiene y alza otra llama, azul y trémula: la del amor. Erotismo y amor: la llama doble de la vida”. El premio Nobel advertía que la “cultura sexual” está impregnada en la sociedad. En el poema “Cuerpo a la vista” escribe: “Entre tus piernas hay un pozo de agua dormida, / bahía donde el mar de noche se aquieta, negro caballo de espuma, / cueva al pie de la montaña que esconde un tesoro, / boca del horno donde se hacen las hostias, / sonrientes labios entreabiertos y atroces, / nupcias de la luz y la sombra, de lo visible y lo invisible / (allí espera la carne su resurrección y el día de la vida perdurable)”.
Desde El cantar de los cantares y Safo hasta Octavio Paz, Vallejo, Neruda, Carmen Ollé, María E. Cornejo, Rocío Silva Santiesteban, Carlos Germán Belli, César Moro y Jorge Eduardo Eielson, el tema del acto sexual -con dogma y albedrío-, la sexualidad, el erotismo, el deseo y el gozo han sido recurrentes con perspectivas, actitudes, ideología e intensidad. Neruda, en el soneto XXVII, de Cien sonetos de amor, escribe: “Desnuda eres tan simple como una de tus manos, / lisa, terrestre, mínima, redonda, transparente, / tienes líneas de luna, caminos de manzana, / desnuda eres delgada como el trigo desnudo”. En la canción Secreto amor de Proyección se escucha: “Muchas veces he visto tus ojos limpios / y he sentido el deseo de amar tu piel”. En el poema “Tricomonas (Diagnóstico inconcluso)”, de Ese oficio no me gusta (1987), Rocío Silva Santiesteban escribe: “Qué delicia este sabor de damasco, / sus pechos suaves bajo mi cuerpo, / seré tu esclavo / seré noche que te guarde / irrepetible / seré miel derretida / seré alcohol, seré agua / bendeciré tus oídos / y cantaré tus alabanzas / pero quédate y déjeme poseerte”. Erotismo no es sexo, anatomía de genitales, coito, libido, eyaculación, orgasmo, reproducción, sino placer, goce, imaginación, creatividad íntima con lenguaje pertinente y simbólico. El erotismo insinúa con talento, no dice directamente el propósito del deseo, la entrega total, la espera paciente del momento idóneo. Los poetas abordan erotismo y sentimiento amoroso en su escritura.
Es relevante en Trilce la “pulsión sexual” y el erotismo escrito con lenguaje vanguardista. Es el caso de los poemas V, XIII y XXX. Los temas en Trilce son variados: instructivo poético, experiencia carcelaria, erotismo, crítica social, relaciones amorosas (Otilia Villanueva), madre y entorno familiar (Léase el poema LXV. “Madre, me voy mañana a Santiago, / a mojarme en tu bendición y en tu llanto.”); estos último proceden de “Canciones del hogar” de Los heraldos negros (“Los pasos lejanos”, “A mi hermano Miguel”). El poema V tiene tres estrofas y un verso suelto, con un total de 17, cuyo tema es el “símbolo del acto sexual con fines de reproducción”. El XIII presenta tres estrofas y un verso suelto (Odumodneurtse –“grito callado cuando se llega al clímax de una conexión que fue reprimida”-, que, leído de derecha a izquierda dice “estruendo mudo”. El XXX consta de cuatro estrofas y 20 versos, que exhibe directamente los genitales y la relación sexual. En los tres poemas siempre hay una “voz poética” que asume directamente el sexo como actitud y práctica inherente la existencia terrenal, la vida cotidiana, los deseo satisfechos o reprimidos, sin prejuicio ni inhibiciones. “Pienso en tu sexo. [categórico y sincero que impacta al lector] / Simplificado el corazón, pienso en tu sexo,” Según Víctor Vich y Alexandra Hibbbett, en Trilce poema por poema (2022), el poema V simboliza la experiencia coital y reproducción sexual; el número 1 es el falo, el cero, la vulva (“¡Grupo de los dos cotiledones!” (…) “Y no deis 0, que callará tanto, / hasta despertar y poner en pie al 1”. En el XIII hay tres momentos del acto sexual: “escándalo de miel de los crespúsculos”, “estruendo mudo” y “Odumodneurtse”. El XXX es un “poema directamente sexual. Sin reparo, los versos representan a los genitales y a una relación sexual… La voz poética se da cuenta de que el goce sexual es una mezcla de placer y dolor, de avidez y suciedad”.
En Trilce 100 años de poesía (Sinco editores, 225 págs., 2022) destacan dos textos críticos: “Trilce, una cumbre poética de la actividad sexual” de Ricardo González Vigil, (págs. 28-45) y “Humor y erotismo en César Vallejo: Trilce [(1922)” de Giancarla Di Laura (págs. 210-211). González Vigil -quizá el más versado estudioso de la poesía de Vallejo- hace un análisis perspicaz y esclarecedor de algunos poemas de Trilce: LXXIV, XXX, XIII, IX, V, XXXVI, XXXV, LXXI y otros menos eróticos y más de sentimiento amoroso. Dice del poema XXX dice: “El placer sexual irrumpe positivo: quemadura, tierna carnecilla, ají, guante, olorosa verdad, lavaza, fresca sombra… Aunque los órganos genitales y el coito parezcan (vistos con ojos rastreramente físicos, ciegos a la magia psicológica y ontológica de la unión de los cuerpos y de las almas) un “punto ridículo”, en alusión al clítoris; la verdad es que “portan tanto”. Los amantes actúan transportados por el deseo, con esa ceguera del instinto que los torna una pareja potencialmente reproductora: “lo que estamos siendo sin saberlo”. Viven una experiencia de eternidad, como salidos del tiempo (“la dura vida eterna”); de ahí la similitud entre orgasmo y la muerte, la cual es la “noche grande” que nos espera, mientras esta vida es un “pobre día”. (pág. 31). Giancarla Di Laura -Vallejo es un “poeta bandera”- destaca dos poemas de Trilce -IX y XIII- donde se evidencia la “predisposición al placer sexual”. Dice del XIII: “Vallejo da rienda suelta a su libido, se identifica con el “bruto libre” (el animal sensual que todos llevamos dentro) y que transforma el lenguaje para expresar lo inexplicable: el deseo sexual como un “estruendo mudo” al que no le alcanza las palabras y por eso debe convertirse en un nuevo idioma, inverso, primordial, un inesperado “odumodneurtse”, tan único y abrupto como la pasión”. (pág. 211).Exclamo, en oposición a aquellos versos iniciales de “Los heraldos negros” (“Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!”) como Vallejo en el poema LXXIV: “Hubo un día tan rico el año pasado…! / que ya ni sé qué hacer con él”. Antes le tenía recelo a Trilce, no tenía “aliados estratégicos de la poesía de Vallejo” -González Vigil, Marco Martos, Víctor Vich, André Coyné-; ahora logro entender el lenguaje poético innovador, la metáfora vanguardista, rebeldía ortográfica y semántica y la temática variada desde el erotismo, el testimonio y la crítica social. Cito a Vallejo. “¡Señores! Ruego a ustedes dejarme libre un momento para saborear esta emoción formidable, espontánea y reciente de la vida, que hoy, por primera vez, me extasía y me hace dichoso hasta las lágrimas”. (“Hallazgo de la vida”. En: Poemas en prosa).




