Por: Clider Luis Marchand Laureano
Jorge Luis Borges escribe un cuento llamado Funes el memorioso; parte del cuento dice: “… era un tal Ireneo Funes, mentado por algunas rarezas como la de saber siempre la hora, como un reloj (…) su percepción y su memoria eran infalibles. Nosotros de un vistazo percibimos tres copas en una mesa; Funes todos los vástagos y racimos y frutos que comprende una parra. Sabía las formas de las nubes australes del amanecer del 30 de abril de 1882…esos recuerdos no eran simples. Me dijo: ‘Más recuerdos tengo yo solo que los que habrían tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo…y mis sueños son como la vigilia de ustedes…mi memoria, señor, es como un vaciadero de basura’, esas cosas me dijo; ni entonces ni después las he puesto en duda”.
Extraordinario Funes, más extraordinario Borges pero mucho más extraordinaria es nuestra memoria.
¿Por qué será que hay recuerdos mucho más intensos en nuestra vida que otros? ¿Por qué recordamos mejor los momentos agradables y los desagradables? ¿Por qué a veces sentimos que nuestra memoria es selectiva? ¿Por qué algunos padres no solo se han ganado el respeto de sus hijos sino también su amor y otros padres ni siquiera respeto?, en fin muchas preguntas surgen en el momento y la respuesta a la mayoría de ellas tiene como fundamento nuestra memoria y específicamente con un fenómeno denominado Registro Automático de Memoria (RAM)
En los humanos las experiencias aprendidas son más importantes que las innatas y en relación a esas experiencias aprendidas sería bueno preguntarnos ¿Cómo ocurre ese aprendizaje? Por ahora sólo comentaremos un fenómeno involucrado en el proceso. El aprendizaje depende del registro diario de miles de estímulos externos e internos en el centro de nuestra memoria. Cada día estamos almacenando miles de recuerdos, pero a diferencia de lo que ocurre con las computadoras, donde nosotros decidimos qué almacenar y qué desechar, los registros en nuestra memoria ocurre de manera automática e involuntaria y el encargado es el RAM. Todas las imágenes que capturamos se registran automáticamente. Todos los pensamientos y las emociones –negativos y positivos– son registrados involuntariamente por el fenómeno RAM. Entonces eso nos lleva al siguiente dato, todas las experiencias que tiene un alto volumen emocional generan un registro privilegiado. Y ¿cuáles son las emociones? Robert Plutnick afirma que existen ocho emociones universales en los seres humanos: el miedo, la sorpresa, la tristeza, la repulsión, la ira, la anticipación, la alegría y la aceptación. Entonces todos los recuerdos que han sido almacenados en cuanto estuvieron relacionados con algunas de estas emociones tiene un registro intenso. Por ejemplo, si un padre ha estado junto a su hijo el día que éste obtuvo una medalla el registro emocional positivo será intenso creando una relación fuerte entre ambos pero si un padre golpea a su esposa delante del hijo este hecho también se registrará intensamente solo que negativamente, generando rechazo al padre.
Otro dato más, lo que se registra nunca se puede borrar, solo reeditar a través de nuevas experiencias que se escriben sobre las antiguas experiencias. La reedición es un proceso posible pero complicado.
Cada mañana o cada noche al ver los noticiarios nos damos cuenta que los medios descubrieron, sin conocimiento científico alguno, que anunciar la miseria humana atrapa la emoción y genera concentración y estas miserias provocan un volumen de alta tensión que conduce a un almacenamiento privilegiado de esas imágenes y hemos convertido a nuestra mente en lo que Funes dice: “un vaciadero de basura” No es de extrañar entonces que el hombre actual viva tenso, sea agresivo, sufra por anticipado y tenga miedo del mañana.



