Memorandos de USAID revelan el impacto humano de la reducción en la ayuda exterior

La cooperación internacional en materia de salud se encuentra en una encrucijada crítica, con decisiones gubernamentales que amenazan décadas de progreso en la lucha contra enfermedades prevenibles y tratables en países en desarrollo. La drástica reducción de la ayuda exterior y el desmantelamiento de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) auguran un panorama desolador, según estimaciones internas de la propia agencia.

Según la investigación publicada por The New York Times, las proyecciones internas de USAID revelan un potencial aumento dramático en la incidencia de enfermedades y la mortalidad infantil, consecuencia directa de los recortes presupuestarios y la disfuncionalidad administrativa.

Las alarmantes predicciones incluyen hasta 18 millones de casos adicionales de malaria anualmente, lo que podría traducirse en 166.000 muertes evitables. El impacto en la erradicación de la polio es igualmente grave, con la posibilidad de que 200.000 niños queden paralizados cada año, además de cientos de millones de nuevas infecciones. A esto se suma la preocupante cifra de un millón de niños que no recibirán tratamiento para la desnutrición aguda severa, una condición frecuentemente fatal, privándoles de una oportunidad de supervivencia.

En el ámbito de las enfermedades infecciosas emergentes, como el Ébola y el Marburgo, se anticipan más de 28.000 nuevos casos por año, lo que representa un desafío significativo para los sistemas de salud ya debilitados en las regiones afectadas. Estas cifras subrayan la importancia crucial de la inversión continua en programas de prevención y control de enfermedades, así como en el fortalecimiento de la infraestructura sanitaria en los países de bajos ingresos. La interrupción de estos programas podría tener consecuencias devastadoras para la salud pública global.

Nicholas Enrich, administrador asistente interino para la salud global en USAID, fue suspendido de su cargo tras la filtración de una serie de memorandos en los que exponía estas sombrías perspectivas. En los documentos, Enrich culpaba directamente al “liderazgo político en USAID, el Departamento de Estado y D.O.G.E.” de obstaculizar la implementación de los programas de ayuda, señalando bloqueos en los sistemas de pago, la creación de procesos ineficientes y la constante modificación de los criterios para determinar qué actividades se consideran “salvavidas”. Es importante destacar que, en 2024, la ayuda humanitaria global se enfrentó a un déficit de financiación sin precedentes, dejando a millones de personas sin acceso a servicios esenciales.

Otro de los memorandos revela una drástica reducción en la plantilla de salud global de la agencia, pasando de 783 empleados el 20 de enero a menos de 70 el domingo posterior a la publicación del artículo. La pérdida de personal capacitado y experimentado compromete aún más la capacidad de USAID para cumplir con su misión de promover la salud y el desarrollo en todo el mundo.

En una entrevista, Enrich explicó que la divulgación de los memorandos, justo después de recibir la notificación de su suspensión, tenía como objetivo dejar constancia del desmantelamiento de USAID y la cancelación de miles de subvenciones vitales. Esta acción, aunque controvertida, pone de manifiesto la profunda preocupación existente dentro de la agencia por el impacto negativo de las políticas actuales en la salud global y el bienestar de las poblaciones más vulnerables.