Melatonina: ¿la panacea contra el insomnio o un tratamiento con riesgos?

El insomnio, un problema creciente en la sociedad moderna, ha llevado a muchos a buscar soluciones rápidas, entre ellas, la melatonina. Sin embargo, el fácil acceso a este suplemento, a menudo considerado inofensivo, plantea interrogantes sobre los riesgos de su uso indiscriminado. La preocupación radica en la posibilidad de alterar el ciclo natural del sueño y de enmascarar problemas de salud subyacentes, especialmente cuando se recurre a ella sin la debida supervisión médica. Este auge en el consumo de melatonina refleja una búsqueda desesperada por el descanso en un mundo cada vez más acelerado y demandante.

Según la investigación publicada por El Comercio, el uso creciente de melatonina como auxiliar para conciliar el sueño ha encendido las alarmas entre expertos, quienes advierten sobre sus posibles efectos adversos si no se utiliza bajo estricta supervisión médica.

La melatonina, hormona producida naturalmente por el cuerpo, juega un papel crucial en la regulación del ritmo circadiano, el ciclo de sueño y vigilia. Su producción aumenta en respuesta a la oscuridad, induciendo la somnolencia. La melatonina sintética, disponible en diversas presentaciones, busca replicar este proceso, pero su efectividad y seguridad dependen de un uso adecuado y responsable. De acuerdo a diversos estudios, se ha encontrado que la concentración de melatonina en muchos suplementos de venta libre no siempre coincide con la que se indica en la etiqueta.

Si bien la melatonina puede ser útil en casos específicos, como el jet lag o los trastornos del sueño relacionados con el trabajo por turnos, su uso prolongado o en dosis elevadas puede tener consecuencias negativas. Los expertos señalan que puede provocar somnolencia diurna, dolores de cabeza, mareos e incluso, en casos más graves, alteraciones del estado de ánimo y problemas gastrointestinales. La automedicación con melatonina también puede retrasar el diagnóstico y tratamiento de trastornos emocionales subyacentes, como la ansiedad o la depresión, que a menudo se manifiestan a través del insomnio. Una encuesta reciente de la Sociedad Peruana de Medicina del Sueño reveló que el 60% de los pacientes con insomnio no diagnosticado presentaban síntomas de ansiedad o depresión.

Es fundamental recordar que la melatonina interactúa con otras hormonas y sistemas del cuerpo, incluyendo la insulina, el cortisol y las hormonas sexuales. Su uso inadecuado puede afectar la regulación de estos sistemas, generando desequilibrios hormonales. Por lo tanto, ciertos grupos de personas deben tener especial precaución, como aquellas con enfermedades autoinmunes, epilepsia o migrañas. La melatonina también puede interactuar con diversos medicamentos, modificando su eficacia o intensificando sus efectos secundarios. Un estudio publicado en la Revista de la Asociación Médica Argentina demostró que el uso concomitante de melatonina y anticoagulantes aumentaba significativamente el riesgo de hemorragias.

Ante la creciente popularidad de la melatonina, es crucial promover un uso seguro y responsable. Los expertos recomiendan evitar la automedicación, consultar siempre a un profesional de la salud antes de iniciar su uso, optar por productos autorizados y ajustar la dosis y duración del tratamiento a las necesidades individuales. Además, es fundamental adoptar hábitos de sueño saludables, como establecer rutinas regulares, evitar comidas copiosas y pantallas antes de dormir, controlar el estrés y realizar ejercicio regularmente. La terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I) ha demostrado ser una alternativa eficaz para mejorar la calidad del sueño sin necesidad de recurrir a la medicación, según la Organización Mundial de la Salud.