Emisiones de gases de efecto invernadero han disminuido y mejorado el medio ambiente
Por: María Auxiliadora Pereira
Las emisiones de gases de efecto invernadero han disminuido y la calidad del aire ha mejorado. Esto, a raíz de las medidas de contención de los gobiernos frente a la pandemia COVID-19 que han incidido en el medio ambiente.
Inger Andersen, de la agencia de la ONU, que velar por el medio ambiente, explica que ese impacto es temporal.
Según la NASA, los descensos de emisiones en CO2 que hemos vivido deberían ser sostenidos en el tiempo; para que realmente tengan un impacto en el cambio climático.
Algunas cosas han mejorado temporalmente. Otras han empeorado, como el consumo del material plástico que tiene serias consecuencias nocivas para el medio ambiente, ha aumentado.
Este incremento se origina más que todo en los centros hospitalarios, este material se usa para la fabricación de mascarillas. Por su propia naturaleza han de ser desechables, pero también es piezas de todo tipo.
Lo mismo sucede en nuestros hogares. Todos estamos usando mascarillas, un gasto que se une al de todo tipo de recipientes no retornables y reutilizables.
Para disminuir el CO2 en la atmósfera, es necesario reducir un 10 % el uso de combustibles fósiles un año; según el Instituto de Oceanografía Scripps de la Universidad de San Diego, EE.UU.
Robert Kaufmann, director de Energía y Medio Ambiente, Universidad de Boston, señala que los mayores beneficios son a corto plazo.
“Cuando la economía reabra es probable que regresemos a las prácticas que teníamos antes”, advierte.
El efecto del coronavirus en el planeta depende de las decisiones que se tomen cuando se supere la crisis sanitaria.
Róisín Commane, profesora de física climática en la Universidad de Columbia, pone de ejemplo lo que ocurre en Nueva York; ciudad más golpeada por el virus a nivel mundial.
Ahí, la ciudad está confinada, pero sigue generando más del 80 % de CO2 que emitía antes de la crisis.
Muchas de estas emisiones vienen de los sistemas de calefacción de los edificios; asimismo, de industrias de combustibles fósiles en los límites de la ciudad.
Fauna salvaje beneficiada
China ha impuesto la prohibición temporal del comercio de fauna silvestre. Esto, para combatir el coronavirus, también les ha dado un respiro a algunas especies de animales amenazados.
Por tradición, este país utiliza especies consideradas exóticas tanto para su cocina como para uso en la medicina tradicional. Muchas de ellas de especial vulnerabilidad o en “lista roja” de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
Datos de Naciones Unidas, el tráfico ilegal de fauna silvestre mueve alrededor de 20 000 millones de dólares al año. Es el cuarto comercio ilegal más grande del mundo después de las drogas, el contrabando de personas y la falsificación.
No hay cura mágica

Los efectos del coronavirus son para muchos más evidentes en este momento que los del cambio climático. Los expertos dicen que por causa de la pandemia no se debe descuidar el medio ambiente.
“La crisis climática no dará la oportunidad de quedarse dos meses en casa y luego volver a la normalidad”.
Esto, según Kaufmann, cuando la crisis climática llegue será más severa. No se podrá solucionar de la noche a la mañana con una maravillosa vacuna. “No hay una cura mágica para el cambio climático”, enfatiza.
Construir una economía diferente
Cualquier impacto ambiental positivo después de esta pandemia, debe comenzar por el cambio en nuestros hábitos de producción y consumo. Ir hacia modelos más limpios y sostenibles.
De seguro, los motores del crecimiento comenzarán a acelerarse nuevamente. Necesitaremos ver cómo el manejo prudente de la naturaleza puede ser parte de esta economía diferente que debe surgir.
Una donde las finanzas y las acciones impulsen empleos sostenibles, el crecimiento verde y una forma distinta de vida. La salud de las personas y la salud del planeta son una y la misma cosa. Ambas pueden prosperar en igual medida.
Biodiversidad, nuestra mejor aliada contra el coronavirus
El divulgador científico David Quammen piensa que el cuidado de la naturaleza es una inversión. Se trata de la mejor vacuna para protegernos de virus que actualmente afectan a animales salvajes; interactuamos cada vez más con ellos a raíz de la destrucción de los ecosistemas donde viven.
La existencia de más de un millón de especies está amenazada por la acción del hombre. Con cada pérdida de una especie disminuye el efecto de amortiguamiento; la propagación de infecciones de una especie animal al hombre.
Esta transmisión de enfermedades se conoce como zoonosis, ya supone el 70 % de las enfermedades emergentes en el mundo.
¿Estamos a tiempo de reconciliarnos con la naturaleza?

Esta nueva realidad nos debe llevar a pensar a nuevas formas de entender la economía, la política y las relaciones sociales; asimismo, la cultura y la actividad industrial.
Puede ser una magnífica forma de rebobinar nuestra relación con el entorno, estar en la naturaleza como parte de ella; de reconocer nuestra forma de enfrentar el cambio climático.
Las consecuencias ambientales del COVID-19 en el corto plazo parecen ser positivas. Sin embargo, la incertidumbre que reina ante este escenario nos lleva a pensar sobre los probables efectos de largo plazo; son aún más trascendentes en nuestras vidas.
Esto dependerá de que nosotros como ciudadanos responsables en conjunto con las autoridades a nivel mundial reflexionemos.
La salud pública depende en gran parte de las condiciones ambientales y climática; la conservación de nuestros ecosistemas y las especies que habitan en ellos.
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