Arlindo Luciano Guillermo
El amor es un equilibrio entre el dar y el recibir. En una sociedad mercantilista y egoísta, el amor está recostado en el diván del psicoanalista, en sesiones de terapia, en cuidados intensivos, con prescripción psiquiátrica, se come las uñas por el estrés. El amor agoniza con la indiferencia, los placeres efímeros, la tarjeta de crédito y la fama mediática. El amor no es perfecto. Exhibe desajustes que se tienen que afinar con sabiduría y paciencia a diario en un clima de convivencia y tolerancia. El amor es consustancial a la vida, se construye, consolida y preserva. Amor que no se cuida escapa por la ventana apenas haya oportunidad. “El amor es un paraguas para dos”, dice Perales. La otra cara de la moneda: “El amor es un ingrato / que te eleva por un rato / y te desploma porque sí. / El amor es dos en uno / que al final no son ninguno / y se acostumbra a mentir”, Arjona. Amar y ser correspondido es una experiencia imperecedera; también el camino hacia el abismo, la cornisa del edificio o el desastre emocional. El amor romántico no es requisito indispensable, como el aire para respirar, para la felicidad y el bienestar. Se puede ser feliz sin las bondades del amor romántico. El amor filial, fraternal y filantrópico es necesario para las relaciones interpersonales. Nadie ha muerto de amor. El odio es ancestral; el amor surgió después. Es más peligroso odiar que amar. Quien odia se envenena, el que ama tiene tranquila la conciencia. El amor puede construir la paz, la muralla china o los jardines de Babilonia o provocar la guerra, destruir la reputación del prójimo o hacer que se desplome una tribuna de espectadores. El amor y el odio son antítesis. El amor es una pasión irracional que hace perder la cabeza, deteriora la complexión y enloquece al corazón. El amor puede unir o dividir, depende de la cultura y la educación. Amar clandestinamente es tortura; amar con frenesí, pasaje seguro al manicomio. “Por qué me fui a enamorar de ti / si sabía que era prohibido / nunca quise lastimar / desearía no saber amar”, canta firme y teatral Mon Laferte.
¿Qué es el amor? ¿Interviene la ética en los sentimientos amorosos? ¿Cómo se manifiesta el amor en la vida personal y social? ¿El amor se consolida en el matrimonio y la promesa de vivir hasta que la muerte separe a los cónyuges? ¿El amor es una brisa suave, una tormenta destructiva o un silencio sepulcral? El amor es la materia prima genuina para la felicidad. Es entendible que con amor no se compra algo en Real Plaza ni se paga el pasaje al Bajaj para regresar a la casa. El amor se convierte en el sostén espiritual y afectivo. En nombre del amor, se han hecho miles de locuras y provocado dramas y tragedias. Romeo y Julieta es un paradigma. El amor en los tiempos del cólera y Cien años de soledad tienen personajes, razones y episodios donde el amor ha sido el motor impulsor. No hay recetas para amar. No hay un solo modo de amar, al corazón se llega por rutas largas y cortas, estrechas o amplias, por atajos o simplemente saltando muros de piedra, abriendo cortinas y colándose por la ventana. El amor ablanda la dureza de las decisiones y las intransigencias. Amar es demostrar que somos de carne y hueso. Sin amor nunca se hubiera producido la guerra de Troya ni existirían la Ilíada ni la Odisea. Menelao fue detrás de su mujer, Helena, raptada por Paris, hijo del rey Príamo. Penélope es fiel a su esposo por lealtad, que es la mayor prueba para demostrar amor sincero y transparente. Del odio al amor hay un centímetro de distancia. No se ama con palabras ni poesía ni rosas, sino con acciones y actitudes; esa es la regla, el termómetro concreto. “Si me quieres, déjame ir”, dice el refrán.
Los poetas son campeones para hacer del amor un tema relevante para la poesía. La mujer esquiva o receptiva inspiró versos inmortales. En mi trayectoria de lector, tengo registrado poetas y libros donde el amor es el personaje central. Pienso en Oasis de José Ángel Buesa, Los heraldos negros y Trilce de Vallejo, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Cien sonetos de amor y Versos del capitán de Neruda. Aprendí a repetir literalmente: “Te amo sin saber cómo ni cuándo ni de dónde / te amo directamente sin problemas ni orgullo / así te amo porque no sé amar de otra manera (Neruda). “Amor, en el mundo tú eres un pecado! (…) Y saber que donde no hay un Padrenuestro, / el Amor es un Cristo pecador! (Vallejo). Gustavo Adolfo Bécquer tiene lo suyo. “Volverán del amor en tus oídos / las palabras ardientes a sonar, / tu corazón de su profundo sueño / tal vez despertará. / Pero mudo y absorto y de rodillas, / como se adora a Dios ante su altar, / como yo te he querido, desengáñate, / ¡así no te querrán!” José José interpreta: “Amor, amor / que te pintas de cualquier color / tan profundo como el viento / tan lejano como el tiempo / y tan cierto como el sol. / Amor, amor / si me escuchas si me puedes ver / no me cierres tu guarida / llena un poco de mi vida / llena un poco de mi ser”.
En mis años juveniles, escribí versos para una mujer que nunca me aceptó, solo su amistad. Así que presumí de poeta infortunado. Me sentía el más infeliz estudiante universitario. La poesía era mi paño de lágrimas, escuchaba mis tribulaciones sentimentales, me consolaba y me permitía decirle con palabras, sin enunciar su nombre, lo que sentía y pensaba de ella. De esos tiempos conservo en mi memoria: “Amo tus largos cabellos negros / tus pequeños pechos como colinas ardientes / tu risa que encendía mis deseos / tus muslos lisos como el lomo de los peces”. Mientras estemos vivos hay que amar a quien quiera, como quiera y donde quiera. Amar no tiene fecha en el calendario cuando ganas y coincidencias se encuentran. El corazón es libre como el viento y peligroso como el mar, amar no es pecado mortal. Hace poco, conversé con una amiga que, profesionalmente es admirable, se casó en nombre del amor. Hoy lleva tres años separada. ¿Por qué muchas parejas, casadas, con hijos y nietos, se mantienen juntas? ¿Será el amor fortalecido en las buenas y en las malas? ¿Cuál es el secreto de la longeva unión matrimonial?
Afrodita, diosa del amor y la belleza, la más famosa del Olimpo, fue infiel a su esposo Hefesto con Ares, madre de Eneas con el mortal Anquises. A veces Cupido tiene los ojos vendados para flechar. Aparece la hermosura femenina, quedamos prendados ipso facto; es el amor a primera vista que puede funcionar, ser canto de sirena o debut y despedida. El amor se sostiene en el desprendimiento incondicional. ¿Se puede perdonar la infidelidad? Para unos jamás, para otros sí. El perdón es amnesia total del agravio. ¿Estamos en la obligación de hacer feliz a otro? Cada quien es responsable de su felicidad o conservar su “amor propio”. En la película el Titanic, Rose DeWitt Bukater y Jack Dawson se enamoran. Ella desprecia el lujo y el noviazgo; él es un dibujante aventurero, sin destino fijo. Ese romance emblemático es la prueba de que en los caminos de la vida encontramos a quién amar sin pensarlo. El amor no planifica ni exige hipoteca de la libertad.




