A un año de concluir su gestión, el gobernador regional de Huánuco, Antonio Pulgar, ha anunciado la construcción de nuevos colegios que, según indicó, beneficiarán a más de 40 mil estudiantes. Asimismo, informó que en breve se iniciará en Puerto Inca la construcción de un matadero oficial, una obra que, de acuerdo con sus declaraciones, garantizaría el consumo de carne limpia y de calidad en la región. Estas promesas, si bien pueden parecer alentadoras, también despiertan una mezcla de expectativa y escepticismo en la población, que ya ha sido testigo de anuncios similares en el pasado sin resultados concretos.
El gobernador señaló que se han comenzado los trabajos para levantar varios centros educativos en Huamalíes y La Unión, buscando atender a la creciente demanda escolar y mejorar las condiciones de enseñanza, especialmente en zonas rurales donde la infraestructura es deficiente desde hace décadas. De igual manera, la propuesta del matadero oficial en Puerto Inca se presenta como una respuesta a la necesidad de garantizar alimentos inocuos y apoyar la cadena productiva local.
No obstante, la historia reciente de Huánuco está marcada por obras inconclusas y promesas incumplidas. La ciudadanía aún recuerda con frustración los proyectos paralizados y las constantes demoras justificadas por falta de presupuesto o por trámites administrativos interminables. Por ello, más que nuevas palabras, la región necesita hechos palpables, cronogramas claros y un seguimiento riguroso que permita recuperar la confianza perdida.
El gobernador ha sostenido que estas iniciativas se ejecutarán a través del mecanismo de obras por impuestos, señalando que el gobierno regional cuenta con fondos suficientes para llevarlas a cabo. Sin embargo, no se han detallado fechas precisas ni se han presentado públicamente los estudios técnicos que respalden la viabilidad de estos proyectos. Esto alimenta la preocupación de los ciudadanos, quienes exigen mayor transparencia y compromiso real por parte de sus autoridades.
A estas alturas, la población no pide promesas grandilocuentes ni discursos entusiastas; exige resultados. Las comunidades rurales necesitan colegios donde sus hijos puedan estudiar en condiciones dignas, carreteras seguras que les permitan conectarse con el resto de la región, y centros de salud equipados para atender emergencias. La construcción de un matadero puede ser un avance importante, pero solo si realmente se concreta y se gestiona adecuadamente.
Cumplir con lo prometido es una obligación moral y política. La región no puede seguir esperando ni tolerando más excusas. A un año del final de su mandato, el gobernador Pulgar tiene en sus manos la oportunidad de demostrar con hechos que las palabras pueden transformarse en obras y dejar un legado real para Huánuco. La población merece y exige ver resultados ahora, no después.




