Una nueva escalada en el conflicto israelí-palestino ha sacudido la región, con ataques aéreos israelíes retomándose sobre la Franja de Gaza tras la ruptura de un alto el fuego temporal. La situación se agrava en un momento de profunda inestabilidad política interna en Israel, donde las protestas por la gestión del gobierno y la polarización social son constantes.
Según la investigación publicada por The New York Times, la ofensiva israelí se produce tras semanas de infructuosas negociaciones para extender una tregua que había comenzado en enero, ofreciendo un respiro tras 15 meses de intensos combates. Este cese al fuego, aunque frágil, se había mantenido en gran medida hasta principios de marzo, mientras los mediadores intentaban asegurar una prórroga que liberara a los rehenes israelíes restantes y pusiera fin a la guerra.
La reanudación de las hostilidades ha tenido consecuencias devastadoras. El Ministerio de Salud de Gaza reporta que más de 400 personas, entre ellas niños, perdieron la vida en los ataques del martes. Las cifras, aunque no especifican la distinción entre civiles y combatientes, revelan una jornada de bombardeos israelíes con uno de los balances de víctimas más altos de este último ciclo de violencia. La comunidad internacional ha expresado su preocupación por el impacto humanitario de la operación.
La oficina del Primer Ministro Benjamin Netanyahu justificó la operación militar argumentando el “rechazo reiterado” por parte de Hamas a liberar a los cautivos israelíes restantes, tomados durante el asalto del 7 de octubre de 2023, así como los cuerpos de aquellos que ya han fallecido. Se estima que de los 59 individuos que permanecen en Gaza, menos de la mitad siguen con vida. Este argumento ha sido refutado por fuentes cercanas a Hamas, quienes afirman que las condiciones impuestas por Israel para la liberación son inaceptables.
En un comunicado oficial, Netanyahu declaró que “a partir de ahora, Israel actuará contra Hamas con creciente fuerza militar”. El anuncio, sumado a sus posteriores declaraciones, sugiere una posible intensificación de la ofensiva en Gaza, aunque Netanyahu también insinuó la posibilidad de que las negociaciones con Hamas continúen en paralelo a las acciones militares. Esta dualidad en la estrategia plantea interrogantes sobre la verdadera intención del gobierno israelí en este momento.
La situación actual se enmarca en un contexto regional tenso, con el reciente ataque aéreo contra la embajada iraní en Damasco generando fuertes condenas y amenazas de represalias. Además, la economía de Gaza, ya debilitada por años de bloqueo, se encuentra al borde del colapso, agravando aún más la crisis humanitaria. Las organizaciones internacionales alertan sobre la falta de acceso a bienes básicos, como alimentos y agua potable, para la población civil.



