La inestabilidad persiste en Siria, evidenciada por enfrentamientos que han cobrado la vida de al menos 147 personas en las provincias costeras de Latakia y Tartus durante los últimos dos días. Estos hechos, marcados por una escalada de violencia entre las nuevas autoridades sirias y facciones leales al derrocado Bashar al-Assad, señalan el episodio más sangriento desde la caída del antiguo régimen a principios de diciembre. Este resurgimiento de la violencia tiene lugar en un contexto de tensiones latentes, exacerbadas por la fragmentación política y la lucha por el control territorial.
Según la investigación publicada por The New York Times, la confrontación se desató tras un ataque perpetrado por partidarios de Assad, quienes asesinaron a 16 miembros de las fuerzas de seguridad gubernamentales en la zona rural de Latakia. Este acto, considerado el más letal contra las nuevas fuerzas del orden sirias hasta la fecha, desató una respuesta contundente por parte del gobierno interino.
La respuesta del gobierno provisional fue inmediata y contundente. Desplegaron un gran número de efectivos de seguridad en las áreas rurales afectadas, además de movilizar miles de refuerzos desde otras ciudades hacia la costa. El objetivo primordial era restablecer el control sobre varias localidades y aldeas que habían sido tomadas por grupos armados durante la noche, demostrando la fragilidad del control gubernamental en ciertas áreas del país.
Sin embargo, hasta el viernes por la tarde, las autoridades sirias aún no habían logrado recuperar el control total de todas las áreas disputadas. Esta situación ha generado preocupación ante la posibilidad de que el nuevo gobierno pierda el control sobre la estratégica región costera, que históricamente ha sido un bastión de apoyo al régimen de Assad.
La situación se complica aún más por la toma de rehenes. Militantes leales a Assad mantienen cautivos a varios miembros de las fuerzas de seguridad en Jableh, una ciudad costera en la provincia de Latakia, donde han logrado establecer un control efectivo, según declaraciones de Nour al-Din Primo, portavoz del gobierno en Latakia.
Ahmed al-Shara, el presidente interino de Siria, ha culpado directamente a los partidarios del antiguo régimen por la violencia de los últimos días, acusándolos de intentar “poner a prueba” la nueva Siria y de fragmentar el país. En un llamado a la calma, instó a los leales a Assad a deponer las armas y rendirse, buscando una solución pacífica a la crisis.



