Lo que empezó como una operación policial “de rutina” se ha convertido en la mayor tragedia urbana de Brasil en décadas. Al menos 132 personas han muerto en el complejo de favelas de Penha, en el norte de Río de Janeiro, luego de un feroz enfrentamiento entre las fuerzas de seguridad y miembros del Comando Vermelho, una de las bandas criminales más poderosas del país.
La escena en el terreno es dantesca: vecinos hallaron 74 nuevos cuerpos apilados entre matorrales y callejones, que se suman al recuento oficial de víctimas. En la plaza São Lucas, familiares extendieron sábanas y bolsas plásticas para identificar a sus muertos. “¡Policía asesina! ¿Dónde está mi hijo?”, gritó una madre frente a los cadáveres alineados.
Desde el martes, las cifras han cambiado casi a diario. El Gobierno federal reportó primero 64 fallecidos, luego el gobernador Cláudio Castro redujo la cifra a 58, y finalmente la Secretaría de Seguridad la elevó a 121 antes del hallazgo de los 74 nuevos cuerpos.
Las contradicciones han desatado una ola de indignación en Brasil y en organismos internacionales de derechos humanos, que hablan de una “operación de exterminio” y uso desproporcionado de la fuerza.
El activista comunitario Raull Santiago, uno de los primeros en llegar al lugar, describió la escena como “la más violenta jamás vista en la favela”.
Lula exige respuestas: “El país está consternado”
El ministro de Justicia, Ricardo Lewandowski, informó que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva está “profundamente consternado” por la magnitud de la tragedia. Desde el Palacio de la Alvorada, Lula convocó una reunión de emergencia con su gabinete de seguridad.
El ministro calificó el operativo como “extremadamente violento” y cuestionó la falta de coordinación entre las autoridades estatales y federales.
“El presidente puede decretar una Garantía de Ley y Orden (GLO) solo si el gobernador la solicita formalmente, pero eso no ocurrió”, explicó Lewandowski, en referencia a la posibilidad de desplegar a las Fuerzas Armadas.
El gobernador defiende la operación
Pese a las críticas, el gobernador de Río, Cláudio Castro, defendió la acción policial y la calificó de “éxito”. Sostuvo que los enfrentamientos se desarrollaron en zonas boscosas “donde no había civiles” y advirtió que “quien no se una a la lucha contra el crimen, desaparece”.
Castro aseguró que Río “lidera la guerra contra el Estado paralelo” y pidió al Gobierno federal apoyo económico para “ampliar el combate contra el narcotráfico”. Sus declaraciones han provocado un estallido de repudio social y político.
Testimonios desde el horror
Entre el humo, el silencio y el olor a gas lacrimógeno, los vecinos relatan una escena propia de una película de terror.
Durante más de 12 horas, voluntarios rescataron cuerpos en medio del monte. “Había cadáveres en cada sendero, rastros de sangre y niños llorando”, contó un mensajero que ayudó en las tareas de recuperación.
Algunos cuerpos, según testigos, tenían las manos atadas y disparos en la cabeza. Otros, granadas sin detonar.“La angustia es enorme. Conocía a muchos desde niño. Esto fue una ejecución masiva”, dijo un vecino de Vila Cruzeiro.
La “Operación Contención” ya es considerada la intervención más letal en la historia de Río de Janeiro. Lo que el gobierno local presenta como una ofensiva contra el crimen organizado, miles lo ven como una masacre encubierta.
Entre tanto, en la plaza São Lucas, las familias siguen reuniéndose bajo el sol abrasador, buscando entre las sábanas algún signo de sus seres queridos.




