Los estudiantes aprenden a leer, a escribir; adquieren habilidades, destrezas y competencias para la vida y resolver problemas de toda índole. Los aprendizajes no terminan en los exámenes. La Evaluación Censal de Estudiantes mide, principalmente, compresión lectora y matemática. Así la ECE se convierte en el termómetro para medir cómo va la enseñanza, los aprendizajes, el desempeño de los docentes, la efectividad del currículo y la inversión del Estado en las regiones del Perú. Los aprendizajes no van a mejorar por inercia, por arte de birlibirloque, sino con compromiso, desprendimiento presupuestal y decisiones políticas. Si un estudiante entiende lo que lee aprendió, se logró el objetivo; cuando resuelve problemas aritméticos con cierta complejidad aprendió. Ambos logros son puramente intelectuales. Es un elogio al cerebro, a la racionalidad. Sin embargo, en la vida diaria no solo se utilizan conocimientos y teorías. El ciudadano no solo es cerebro, también tiene inteligencia emocional, talento artístico, ansias de superación personal y profesional, prosperidad económica y lucha por sueños y aspiraciones.
¿Qué lugar ocupa el arte en los aprendizajes? El opinólogo sobre temas de educación, León Trahtemberg, en PERÚ 21 (08-10-16), ha plateado un desafío para la educación peruana: “El arte posee valores más potentes que la matemática” Sobre las experiencias que quedan impresas en la memoria de los estudiantes, cuando egresan de la institución educativa, dice el pedagogo: “La escuela tradicional considera el chiste una herejía (…). Cuando uno recuerda su historia escolar, evoca 2 cosas principales: los amigos y el recreo.” Los docentes que solo llegaron al aula para transferir conocimientos con frialdad emocional y rostro adusto, exigir disciplina castrense y hacer engorrosos los exámenes desaparecen de los recuerdos estudiantiles. Los que motivaron, enseñaron con responsabilidad, tuvieron desempeño ejemplar y sazonaron la clase con humor, empatía, chistes idóneos y tolerancia quedarán eternamente en la gratitud, el recuerdo grato, la nostalgia y el respeto. En algunas instituciones educativas, como en el Colegio Fe y Alegría, el “profesor dictador de clases” ha sido desplazado por las TIC, la tecnología y la computadora; su rol se limita a motivar, orientar y facilitar el aprendizaje. Los estudiantes construyen su propio aprendizaje.
En las reuniones anuales de exalumnos, de bodas de plata o de oro, los recuerdos escolares más recurrentes son, precisamente, las vivencias que transcurrieron en el colegio entre amigos, la complicidad entre “mataperros”. Recuerdan las palomilladas, las picardías, los excesos, las transgresiones “inocentes”, la vida imposible que les hicieron a los docentes “lornas”, el “temor colectivo” que inspiraban algunos profesores rectos, cascarrabias, que no aguantaban pulgas pero con enseñanzas éticas y de disciplina ejemplares, técnicas para plagiar en los exámenes, las trampas para presentar los trabajos, las pintas obscenas e hiperbólicas en las paredes de los baños. Durante los años estudiantiles, los amigos se convierten en los personajes más importantes y preferidos. La confianza, lealtad y complicidad entre amigos es una norma inviolable de un “código ético” establecido por tradición. Los veintes o cerocincos en matemática, química o biología desaparecen con los años que trascurren como el agua que pasa por debajo del puente. ¿Quién no recuerda las bromas pícaras, de colores y cándidas en el aula o en el recreo? ¿Quién no recuerda las sanciones que se aplicaban a los estudiantes que hacían chistes hilarantes, “monses” o colorados? Se hacen concursos de conocimientos para comprobar aprendizajes esperados. El chancón del colegio no siempre es el pícaro, el contador de chistes ni el experto para estampar apodos a amigos, docentes y directivos. ¿Quién no recuerda el apodo de los amigos y de los docentes? Nunca se hizo un concurso de chistes ingeniosos, esos que, con habilidad, construyen una anécdota real o ficticia, cuyo desenlace es la risa colectiva y la celebración con aplausos.
¿Qué lugar ocupa el arte en el currículo? ¿Se enseña adecuadamente arte? En primer lugar, música no puede ser entregado a un docente para completar la jornada pedagógica de 24, 30 o 40 horas. Se enseña pintura para motivar la creatividad artística, hacer aflorar el talento y la genialidad aún ocultos en los estudiantes. Todos tienen talento artístico. Si pintura se va a reducir a saber la biografía de pintores clásicos de aquí y del mundo, el propósito se tergiversa. Los estudiantes no van a salir de la escuela convertidos en un Paul Gauguin, Vincent van Gogh, Fernando de Szyszlo, Pablo Picasso, Ricardo Flórez o Frida Khalo. El arte, correctamente conducido y en el sitial que le corresponde en la educación integral, es un agente que contribuye con la formación de la personalidad, la imaginación y la disciplina. Sinfonía por el Perú agrupa a niños de economía precaria y altamente vulnerables. El objetivo no es que sean unos Juan Diego Flores o concertistas internacionales. La música es un medio para moldear la personalidad, infundir valores y educar ciudadanos responsables y comprometidos con su comunidad donde debe ejercer liderazgo, aportar ideas y tomar decisiones.
La enseñanza de religión no es saber quién ha sido Jesús, sino cómo asimilamos sus enseñanzas y ejemplo de vida. Los verdaderos cristianos no repiten las palabras de Jesús; los verdaderos cristianos hacen realidad, en la acción y con las actitudes, las enseñanzas de Jesús. Con el curso de religión no va aumentar la legión de santos y beatos ya existente, sino educar ciudadanos éticos, honestos y coherentes entre lo que dicen y hacen, que sepan perdonar de verdad, sean solidarios y justos. Educación Física no es poner la pelota al centro o colocar la net de vóley para que los estudiantes jueguen una pichanguita. El curso tiene que hacer realidad el viejo adagio griego: “Mente sana en cuerpo sano”. El deporte es salud física y mental. Y si sale un gran futbolista, un atleta competitivo o una voleibolista talentosa en hora buena. Las horas de tutoría sirven para establecer comunicación directa con los estudiantes. Se abre el diálogo. Se escucha y se orienta. Tutoría es una oportunidad para hacer catarsis y conocer los problemas de los estudiantes, abordar sus conflictos personales y existenciales. El mejor favor que podemos hacer a los estudiantes es educarlos para la vida, entregarles herramientas para construir aprendizajes diarios y gestionar su inteligencia emocional.
La educación integral no deja cabo suelto. Apunta a fortalecer las capacidades de los estudiantes en todas las dimensiones de la personalidad. El aprendizaje tiene que ser un placer, un desafío y un compromiso de estudiantes, del docente y de los padres de familia. Los conocimientos en la escuela tienen que ser útiles para la vida, para ejercer ciudadanía, prevenir conflictos sociales, disminuir embarazos de adolescentes, tomar decisiones con coraje y responsabilidad. El arte representa la esfera emocional de la sociedad. Sin el arte predominaría solo la razón, no habría creatividad ni sensibilidad social.



