Por: Thalía Ortiz Ruiz
Cuando la ciencia nos da respuestas y el amor nos da paciencia, encontramos la verdadera clave para acompañar el neurodesarrollo. Para mí que tengo estudios en terapias, comprender el autismo va más allá de un diagnóstico. Es entender una forma distinta de procesar el mundo, no inferior, pero sí particular.
Según mi experiencia en el acompañamiento a niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA), ha visto de cerca los desafíos, pero también los progresos notables. “He visto evidencias claras de mejor desarrollo”, incluso en casos donde los pequeños no hablaban o no fijaban la mirada.
Un enfoque integral: Del protocolo Nemechek a la nutrición
Mi trabajo se ha basado en la integración de enfoques. Una de mis mayores inspiraciones es el protocolo del Dr. Patrick Nemechek, que busca mejorar la conexión entre el intestino y el cerebro. Sin embargo, mi experiencia le ha demostrado que la constancia y la implicación de los padres son cruciales.
“Un niño que ya empezaba a fijar la mirada tuvo un retroceso notable cuando uno de sus padres no pudo continuar el protocolo de manera adecuada”. Esta experiencia me confirmó que la constancia es tan importante como la terapia misma, y al retomar el tratamiento, el niño mostró un “despertar”, tal como lo describe Nemechek.
Complementando este enfoque, existe una relación entre el microbioma y la salud cerebral. Este conocimiento es la base de una guía práctica que estoy elaborando para padres, diseñada para traducir la evidencia científica en orientaciones sencillas para el hogar.
Claves nutricionales para el desarrollo
La alimentación juega un rol fundamental. Su guía se centra en la importancia de una dieta que favorezca la salud intestinal y, por ende, el desarrollo cognitivo y emocional.
Alimentos a limitar:
* Azúcares refinados, ultra procesados y grasas trans.
* Gluten, lácteos con caseína y soya procesada.
* Aditivos, colorantes y enlatados.
Alimentos que apoyan el desarrollo:
* Fibra prebiótica y dietética: Presente en alimentos como el ajo, la cebolla, el plátano verde, las frutas y verduras, que mejoran la digestión y la salud intestinal.
* Probióticos: Aportados por el kéfir de agua o el chucrut, que ayudan a balancear la flora intestinal.
* Grasas saludables: Fundamentales para nutrir el cerebro. Se encuentran en el aceite de oliva, la palta y las nueces.
* Proteínas de calidad y nutrientes para el cerebro: Como el salmón, los huevos y las legumbres, que fortalecen los músculos y apoyan el aprendizaje.
Aclaro siempre que existen excepciones y productos que pueden consumirse con moderación o bajo ciertas marcas que prioricen procesos y componentes más saludables. La idea no es prohibir, sino enseñar a elegir lo que nutre tanto el cuerpo como la mente.
“Al cuidar el intestino, también estamos cuidando el cerebro. Cada comida puede ser una ayuda para el desarrollo y el bienestar del niño”, esta guía no busca reemplazar la orientación de un especialista, sino abrir un campo de posibilidades para padres desorientados.




