Por Arlindo Luciano Guillermo
Libro temático, grandes obsesiones, homenaje apasionado de 773 páginas al arte, la literatura y la cultura. Ni novelista ni fabulador, sino amante empedernido de la literatura, de personajes emblemáticos que impactaron su sensibilidad, emoción y escritura, viajero a tierras lejanas donde estuvieron sus artistas favoritos (Boccaccio, Dante Alighieri, van Gogh, Gauguin, Picasso, Moliere, Flaubert), visitante asiduo de muestras pictóricas y de escultura, hallazgos y comentarios de libros, estreno de películas y obras de teatro. Es el periodista cultural Mario Vargas Llosa, ese que empezó a leer a los cinco años y el 2010 recibiera el Premio Nobel de Literatura; han transcurrido 13 años y Mario no es una estatua de sal ni un monumento de bronce en un museo, sigue en la arena política y cultural. La carrera literaria, intelectual y de lector voraz empieza cuando aprendió a leer a los cinco años, luego dio el salto al diario La Crónica con 15 años, al año siguiente terminaría la secundaria en el Colegio San Miguel de Piura, donde estrenó el drama La huida del inca, escrita y dirigida por él. En 1963 se consagró internacionalmente con La ciudad y los perros. Hoy sigue escribiendo artículos y ensayos literarios, políticos y culturales en diarios y revista. Acabo de leer El fuego de la imaginación, mi regalo idóneo por el Día de la Amistad. Quien vive a tu lado sabe lo que te hace feliz.
Tiene 87 años, no deja de escribir; la vejez no lo ha inmovilizado ni fosilizado la memoria, la inteligencia ni la lucidez. Usa bastón de apoyo, pero sigue de pie leyendo y escribiendo. Las discrepancias políticas e ideológicas con él es parte del ajedrez democrático. Que sea Premio Nobel de Literatura o haya escrito una veintena de novelas no lo hace dueño de la verdad ni una divinidad terrenal. La edad octogenaria no le impide opinar con argumento, fabular infatigablemente ni asombrarse, como auténtico liberal, sobre el arte moderno, la sociedad del espectáculo, la literatura, el Estado, la política y la coyuntura del Perú y del mundo. He leído dos recientes artículos de opinión en El Comercio: La crisis rusa (3-7-2023) y Azorín cumple 150 años (19-6-2023). Sigo leyéndolo con devoción, interés, con libertad, asombro, ilustrándome para pensar y redactar correctamente, pero sin acatar ciegamente sus ideas. Coincido, por ejemplo, con su alergia por los regímenes autoritarios y de censura, la estupidez intelectual y el secuestro del ciudadano por el poder vil de la política. Jamás le voy llegar a los talones; soy su lector obstinado, leal, admirador y aprendiz de su literatura y periodismo escrito. Lo leeré hasta cuando deje de publicar. Soy un lector inclaudicable de Vargas Llosa, no su monaguillo ni sirviente político ni caja de resonancia de su ideología liberal.
He leído disciplinadamente, del 15 de febrero hasta el 16 de julio, a razón de una hora diaria de lunes a viernes sin excepción, el libro El fuego de la imaginación I (Edit. Alfaguara, 2022. Págs. 786). La lectura con lápiz a discreción, subrayados endemoniados, diccionario, anotaciones, tazas de café en el velador de la sala. El libro contiene 144 artículos y ensayos literarios y culturales y el discurso “La literatura es fuego”, que leyera cuando se le otorgó el Premio Rómulo Gallego (11-8-1967) por la novela La casa verde. El centenar de textos, publicados en revistas y diarios (principalmente en El País de Madrid) de Perú, América Latina y Europa, abordan temas de carácter artístico: literatura, libros, teatro, cine y museos. No se trata de cualquier texto, escrito por súbita inspiración, con un centímetro de profundidad de análisis, epidérmica información ni irresponsable especulación, sino culto, dominio amplio del tema, investigación, comprobación in situ de hechos y circunstancias. El asunto central es el arte contemporáneo. El talentoso escritor es cronista, reportero, entrevistador, periodista y ciudadano cosmopolita, no distingue fronteras físicas, considera al arte, con códigos y valores estéticos supremos, un bien intangible civilizador, integrador que puede enaltecer o envilecer. Mario Vargas Llosa es un genial periodista cultural, no se le escapa detalles, revelación de datos ni sucesos que proceden de sus lecturas, reflexiones, investigaciones. Los artículos sobre Vincent van Gogh y Paul Gauguin (“Dos amigos” y “Las huellas del salvaje”) confluyen en la novela El paraíso en la otra esquina (2003).
“En torno a la literatura maldita: Tres ejemplos contemporáneos” es un minucioso ensayo sobre de Violette Leduc, William Burroughs y Céline a través de la literatura que produjeron. “Para los escritores malditos la literatura es un quehacer fundamentalmente autobiográfico (…), no se trata de creadores desde el punto de vista del material que aportan”. En “Literatura y exilio” dice: “Un escritor no tiene mejor manera de servir a su país que escribiendo con el mayor rigor, con la mayor honestidad, de que es capaz”. En “El regreso de Satán” le responde al crítico literario Ángel Rama, cuando publicó Historia de un deicidio: “… Rama está decrépito…”. En “La poesía de José Emilio Pacheco” hace un parangón entre la poesía y talento de Octavio Paz y José Emilio Pacheco. En “Las ficciones de Borges” dice: “… volví a maravillarme, como la primera vez, por la elegancia y la limpieza de su prosa, el refinamiento de sus historias y la perfección con que sabía construirlas”. A la literatura francesa le dedica 17 textos (243-322); ahí son infaltables Víctor Hugo, Balzac y Flaubert, sin este último nunca hubiera sido el novelista que es. En “Lecciones de Tolstoi” reitera su admiración por el autor de Guerra y Paz. En “La costa de la Utopía”, MVLl se muestra como un agudo crítico de teatro. “La casa de Boccaccio” y “La casa de Moliere” son reportajes periodísticos que rastrean la vida y la escritura de ambos escritores. En “La caca del elefante” advierte la decadencia y distorsión del arte contemporáneo y su acogida por la sociedad del espectáculo. Ha anunciado su última novela Le dedico mi silencio, no duermo en paz, espero con paciencia que llegue a Crisol para calmar mi ansiedad de lector compulsivo. Mientras tanto seguiré leyendo El camarada Jorge y el dragón de Rafael Dumett y Un bárbaro en París. Tuve contacto dos veces con Mario Vargas Llosa: en el SUM de la Universidad de Lima cuando presentó Cartas a un joven novelista (1997) y en la FIL 2019 donde le estreché eternos segundos la mano derecha. Me miró sonriente. Estuve cerca del escritor que leo como un devoto; un nuevo libro suyo me provoca crisis existencial. El compilador de los textos periodísticos y prologuista Carlos Granés dice: “Quien haya tenido el privilegio de ojear alguna de las bibliotecas que fue sembrando por el mundo sabe perfectamente que cada libro que pasa por sus manos recibe un comentario y una calificación, y que no le tiembla el pulso ni la retina a la hora de enfrentarse a los quince o treinta tomos de las obras completas de algún autor…” (Pág. 13). La prueba fehaciente es el libro de ensayos literarios La mirada quieta (de Pérez Galdós) publicado el 2022, 216 páginas.




